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Columna de opinión

Razones para estar indignado

Francisco Muro de Iscar Francisco Muro de Iscar
jueves, 29 de octubre de 2020, 08:02 h (CET)
MADRID, 28 (OTR/PRESS) Todo por el pueblo, pero sin el pueblo. O a costa del pueblo. En esta crisis los políticos hacen permanentes apelaciones a la responsabilidad individual, con absoluta razón, pero se comportan como si ellos estuvieran excluidos de esa exigencia. Hay ministros y altos cargos que se han saltado el confinamiento con razones que no eximirían de una multa a cualquier ciudadano, pero lo más grave ha sido la asistencia a la fiesta de "El Español" de cuatro ministros, el líder de la oposición, presidentes de comunidades autónomas, alcaldes, empresarioS...

Está claro que las 80 personas asistentes cumplieron las normas de aforo y separación, pero la indignación de quienes no pueden acudir a visitar a sus padres, quienes no pueden reunirse con sus familiares, los que tienen que celebrar una boda o un entierro con un número limitado de personas, etc., han provocado una indignación en las redes que, por cierto, ha tenido escaso eco en los medios impresos.

Si están prohibidas las reuniones sociales de más de seis personas, lo están para todos y, muy especialmente, para la clase política. Slavo el ministro Illa, ninguno de los asistentes ha pedido disculpas o ha presentado su dimisión. La pretendida extensión del estado de alarma seis meses es otro motivo para la indignación. Su dudosa legalidad, el rechazo al control parlamentario, la falta de precisión de lo qué pueden y no pueden hacer los ciudadanos y de un régimen sancionador específico y uniforme, su aprobación por el Gobierno y la delegación de su cumplimiento a las comunidades autónomas, la falta de negociación con la oposición y con las propias autonomías, no solo provocan una grave inseguridad jurídica -cada decreto y cada decisión se modifican, además, como si nadie hubiera estudiado las consecuencias- sino que llevan a la ruina a la economía y a las empresas, especialmente al sector del comercio, turístico y hostelero, que ven con pavor que no solo la campaña de Navidad está arruinada sino también la de Semana Santa. Y alguien debería explicar para qué sirve el toque de queda, si no es para arruinar a los restaurantes.

Lo de los Presupuestos es un capítulo más para indignarse. La subida de impuestos va a recaer en su mayor parte sobre las clases medias y bajas y van a penalizar a todas las empresas y a los ahorradores. Lo otro, la subida del impuesto de sociedades o del IRPF "a los ricos", son fuegos de artificio. El aumento del gasto es una buena noticia, pero el cálculo de los ingresos es un brindis al sol, la recuperación económica no va a ser en V sino en una U muy prologada y las ayudas europeas, estancadas en la discusión, no llegarán hasta el segundo semestre de 2021. Se pide consenso y casi adhesión inquebrantable, y es necesario, pero todo se ha fraguado sin contar con la oposición, sin tan siquiera informarle de las líneas maestras del Presupuesto.

Mientras tanto, el paro crece, 350.000 desempleados más en septiembre, a pesar del verano y de la prohibición de despedir, y cuando los ERTE desaparezcan, o se tengan que renegociar, y las empresas tengan que empezar a devolver los créditos ICO, en marzo, y no puedan hacerlo porque no han tenido actividad, ya me contarán donde se va a ir ese 16,3 por ciento actual o ese más del 40 por ciento de paro juvenil. Hay previsiones de que podemos superar el 20 por ciento y eso no lo aguanta nadie. Pero menos que nadie los que se van a quedar sin trabajo. Tenemos ya más de un millón de familias sin ingreso alguno. Vamos camino de ser un país subsidiado. En ese crecimiento del número de indignados, si no hay pactos entre los grandes partidos, quienes van a ganar son los extremos, los populismos de izquierdas y de derechas.

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