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Columna de opinión

Tercera, maldito sea

Antonio Casado Antonio Casado
sábado, 18 de mayo de 2019, 08:01 h (CET)
MADRID, 17 (OTR/PRESS) Este individuo con las manos manchadas de sangre fue quien puso voz al comunicado con el que Eta anunció hace un año su disolución. Pero eso nos puede llevar a relacionarlo con un sobrevenido papel de hombre dialogante que apostaba por el fin de la banda terrorista.

No puede haber perdón para Josu Ternera ni para quienes tomaron tantas vidas humanas en prenda de sus sueños tribales. En este caso hablamos de quien se dedicó a ese macabro oficio durante los casi cincuenta años de su relación con la banda terrorista. Como simple pistolero, como responsable de comandos y como máximo dirigente. En los años del plomo y en los años de la claudicación más o menos negociada.

Lo de menos ahora es reparar en la calificación técnica de los delitos por los que ha de responder en Francia y en España. Todos se encierran a uno. El más grave de los castigados por las leyes de Dios y de los hombres, pues viola el primero y principal de los mandatos divinos y humanos: No matarás.

En eso José Antonio Urrutikoetxea, de 68 años, detenido el jueves pasado en la localidad francesa de Sallanches (Alta Saboya), nunca tuvo freno ni medida. Ejecutó, inspiró y ordenó diversos atentados, El más cruel, contra la casa-cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza en 1987 (11 personas muertas, cuatro de ellas menores de siete años). Que estuviera burlando el cerco policial y judicial era una ofensa para las victimas.

Ahora, diecisiete años después de su fuga, aunque no siempre en paradero desconocido (participó en las conversaciones con el Gobierno Zapatero), no podemos por menos que celebrar la noticia y felicitar a la Guardia Civil, cuyo operativo conectado con la DGSI (servicio de inteligencia francés), ha hecho posible la detención de quien fuera jefe político de Eta.

Tras su inmediato su traslado a París se le notificará la orden de detención francesa que pesaba sobre él. Ha de cumplir allí una condena de ocho años (pertenencia a banda armada, según sentencia dictada en rebeldía en 2017) y responder de los delitos por los que es reclamado en cuatro juzgados de la Audiencia Nacional española.

Se acabó el "paradero desconocido" de Josu Ternera. Es la ventajosa situación que disfrutaba desde que en 2002, cuando era diputado del Parlamento Vasco por Euskal Herritarrok. Al recibir una citación del Tribunal Supremo para declarar en relación con el atentado Zaragoza se dio a la fuga. Poco después, en marzo de 2003, el Tribunal Supremo declaró la ilegalidad de ese partido y las formas precedente que ideó la banda para actuar en política; Herri Batasuna y Batasuna.

Fue el principio de la operación de Estado para reforzar con nuevos instrumentos legales la esforzada lucha de jueces y policías. Se trataba de cortarle a Eta su brazo político. No por sus ideas sino por tener las manos manchadas de sangre.

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