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La semana política

No, yo no voy, gracias

Fernando Jáuregui Fernando Jáuregui
sábado, 9 de febrero de 2019, 08:01 h (CET)
MADRID, 8 (OTR/PRESS) La izquierda, cada vez más dividida y en una peor situación estratégica, se sea o no resistente, o resiliente o reticente. La derecha, cada vez más unida, incluso con la adhesión antes evitada de un partido como Vox que, guste o no guste --a mí, nada--, va a ser clave para una futura, quién sabe si inevitable, victoria electoral en estos tiempos de cólera y de involución. Las últimas ocurrencias de Pedro Sánchez y la muy defectuosa comunicación de estas ocurrencias a la ciudadanía en general y al propio PSOE en particular han creado grietas muy serias en el partido fundado por Pablo Iglesias (Posse); en el que fundó, ciento treinta y tantos años después, Pablo Iglesias (Turrión), esas grietas son abismos. Y así está la izquierda. Este es el panorama desde el puente de un observador ante una manifestación en la calle, este domingo, que va a ser más que una manifestación y mucho más que la moción de censura que ni PP ni Ciudadanos se han atrevido a presentar en el cada vez más inoperante Parlamento de España: quiere ser el comienzo del relevo de la izquierda por la 'nueva derecha', la post-Rajoy, la de Casado, que ha logrado aglutinar, en la búsqueda del poder, a los centristas de Ciudadanos y a los extremistas comandados por Santiago Abascal.

Siento mucho tener que decirlo, porque aprecio sinceramente muchos de los esfuerzos tanto de Pablo Casado como de Albert Rivera por tratar de regenerar este país nuestro llamado España: no, yo no voy a ir a esa manifestación. No solo porque en ella vayan a participar 'voxeros' y organizaciones cuya significación 'ultra' es patente; es que tampoco veo la utilidad de trasladar a la calle la sal gorda de un mitin que, sin duda, va a hacer daño al Gobierno, un Gobierno cuyo funcionamiento es muy mejorable, en el peor momento para el Estado: cuando empieza un juicio delicadísimo contra el secesionismo catalán. En lugar de unir a las fuerzas constitucionalistas para mejorar la 'marca España' ante los retos que va a plantear a la nación ese largo proceso judicial, asistimos a una división y a una crispación, con proliferación de insultos y gruesas descalificaciones por ambas partes, como yo no había contemplado en muchos años.

Así que no me esperen (ya sé que tampoco me esperaban, claro). Y no precisamente porque comparta las últimas patadas propinadas por el Ejecutivo de Pedro Sánchez al sentido común y a lo que debería ser una lógica estrategia política, sino, ya digo, porque creo que estas salidas masivas a la calle, las cosas que inevitablemente allí se van a decir y gritar, favorecen a las 'dos españas' y debilitan, en cambio, lo que debe ser el vértice de una democracia sana, el Parlamento, que habría de ser donde los socialistas llevasen sus iniciativas y la oposición sus réplicas. La 'toma' de las funciones del Parlamento por la calle, que es un grito de alarma clásico, no es ya, pues, algo privativo de los independentistas catalanes, que han hecho de 'su' Parlament un elemento inoperante; ahora, los que habrían de ser los 'partidos de orden' se lanzan a una demasía de enfrentamientos de los que difícilmente saldrá nada bueno.

Les veré a ustedes, señores de la pancarta, por la televisión y, de paso, me ahorraré algún berrinche ante posibles comportamientos poco civilizados. Y no se preocupen por las reprimendas ante mi 'pasotismo manifestante' reflejado en este comentario: ahí están las redes sociales para recoger los improperios que, hagas lo que hagas, te dirigen unos, otros o los de más allá. Las 'dos twittespañas', que han de helarte el corazón como ya nos han atrofiado el cerebro...

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