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Más que palabras

Aaron ya descansa en paz

Esther Esteban Esther Esteban
sábado, 22 de septiembre de 2018, 08:01 h (CET)
MADRID, 21 (OTR/PRESS) Aarón fue Ingresado en la UCI pediátrica del hospital general de Alicante en estado crítico. Había recibido un fuerte golpe en la cabeza y se le tuvo que inducir un coma del que no se recuperó. Horas antes, la madre del niño, y su actual pareja habían acudido con el pequeño en estado inconsciente al hospital, aduciendo una caída pero su relato obsceno y mentiroso se desmentía solo con mirar el cuerpo golpeado, axfisiado y apaleado del pequeño. "Se me fue la mano", reconoció su asesino durante los interrogatorios policiales. Este cobarde miserable y malnacido tenía la mano larga y la conciencia corta porque en todo momento, consciente de que no tenía escapatoria, intentó construir un relato inverosímil y lo mismo que esa madre antinatura, consentidora y monstruosamente cómplice. Solo así se entiende el resultado de la autopsia, que reveló que el pequeño tenía lesiones por asfixia que le provocaron daños cerebrales, un fuerte hematoma en la cara y señales de estrangulamiento.

Al igual que para Aaron la corta vida de Aramis, de tan solo 18 meses, fue muy dura. Fue un bebé prematuro que arrastraba problemas cardíacos, auditivos y respiratorios. Su vida transcurría en un ir y venir de su casa al hospital. Aquel fatídico día que todos querrían borrar del calendario, le habían dado el alta. Sus padres Vladimir y Noemí discutieron y se oyó la terrible frase "Te voy a dar donde más te duele, te vas a acordar". Lo siguiente fue abrir la ventana y tirarse al vacío con la pequeña en brazos. Aramis murió en el acto y su padre/asesino poco después.

En el último año 8 menores de edad fueron asesinados por sus padres y, casi siempre, fueron utilizados como un arma para perpetuar la violencia de género y urdir la peor de las venganzas. En la mayoría de casos, la madre fue asesinada a la vez que sus hijos, pero cada vez es más común ejecutar un acto de venganza en toda regla. Casos terribles como el de David Oubel, que mató a sus hijas de cuatro y nueve años utilizando una sierra radial y un cuchillo de cocina para rematarlas, o el de José Bretón que asesino a sus hijos, de seis y dos años, y luego quemó sus cuerpos en una finca familiar para no dejar rastro son, por su gravedad, la punta del iceberg de un problema que no puede sernos ajeno. La violencia machista, a pesar de todas las medidas judidiciales y de concienciación que se han tomado en los últimos tiempos es un problema que nos sigue pareciendo de otros, salvo que tengas algún caso cercano.

Según el último barómetro publicado por el INE en octubre de 2017, se trata de un asunto que no preocupa a los españoles y esa es la cuestión. Si algo no preocupa a la sociedad, no se le da importancia y casi siempre se llega tarde a la solución cuando ya no tiene remedio. Si todos los casos de violencia machista son igualmente graves cuando se trata de niños el componente de crueldad es aún mayor porque son el eslabón más débil, el bien proteger, el mejor de los tesoros, los más vulnerables. Hay muchas formas de dañar a los niños: unas brutales sin paliativos y otras que se trasmutan como medidas protectoras, pero se vuelven terribles. Hace un tiempo escribí sobre una semana que había sido negra para la infancia en nuestro país porque habíamos visto horrorizados a una pequeña encaramada a un balcón, a punto de caer desde el séptimo piso de su casa, porque su madre la había dejado sola para ir a un gimnasio y también esos días habíamos asistido, como espectáculo televisivo, a la imagen de una la madre de rodillas ante un tribunal pidiendo perdón por haber tirado a su bebé a la basura.

Igualmente en esta semana que concluye todos debemos vestir de luto por el asesinato del pequeño Aaron y por tantos otros que como él sufren silentes el peor de los horrores: que quienes debieran protegerles se convierten en sus peores verdugos. Para ellos no hay ángeles de la guardia sino demonios terribles que, lejos de velar su sueño, son la peor pesadilla. Y está claro que una sociedad que no sabe cuidar y proteger a sus niños y a sus mayores camina hacia el abismo. ¡Descansa en Paz pequeño Aaron! esa que te han negado unos monstruos.

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