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La semana política

Quieren querellarse contra Llarena

Fernando Jáuregui Fernando Jáuregui
sábado, 14 de abril de 2018, 08:00 h (CET)
(Este artículo sustituye a otro anterior del mismo autor por cambios en el titular y en el texto)

MADRID, 13 (OTR/PRESS) Quien suscribe, pese a haber estudiado algo de Derecho en tiempos remotos, no es jurista. Pero he tenido que convivir, como informador, con no pocas controversias jurídicas, que me han mostrado que el camino de la ley es plural, adaptable y casi nunca inequívoco. Supongo que los jueces están para interpretar cosas y casos, y adaptar la aplicación de la ley a muy distintas circunstancias. De uno de mis más queridos profesores en la Universidad, el gran Iñigo Cavero, aprendí pronto las bondades de recordar permanentemente que 'summa lex, summa iniuria'. Una aplicación excesivamente rigorista de le ley acaba derivando en males mayores que los que la aplicación de la norma trataba de evitar.

Me pregunto si no estamos ahora ante una encrucijada que no puede resolverse, sin más, con la advertencia de que 'son los jueces los encargados de aplicar la ley, y los demás tenemos que acatar sus decisiones' sin rechistar. De acuerdo en la primera parte. Pero también podemos, faltaría más, criticar autos, resoluciones y hasta fallos judiciales, aplicando una luz distinta a la que supone la mera lectura de la letra de los códigos. No me escandaliza nada, por ello, que el presidente del Parlament catalán, Roger Torrent, que ahora es la cabeza 'oficial' del independentismo fuera de las prisiones o del estatus de fugado, pretenda querellarse contra el juez Llarena por presunta prevaricación al mantener en prisión a Jordi Sánchez para que éste no pueda ser investido como president de la Generalitat. No me inquieta, ya digo, demasiado: tiene derecho Torrent a hacerlo, por mucho que su pretensión esté abocada al fracaso: servirá, de cualquier modo, ay para alimentar la hoguera que el 'procés' catalán y sus derivaciones jurídicas han levantado en los medios europeos.

Lo que de verdad me preocupa es que haya gente que te suelte a la cara -y me ha ocurrido- que eres un 'filoindependentista' por mantener que acaso el mantenimiento de la prisión preventiva para Sánchez, Junqueras, Forn -un perfil personal más complicado, y a quien el magistrado dedicó un auto especialmente desafortunado, a mi juicio- y los demás es excesivo.

Poca gente habrá en España más contraria a la independencia de Cataluña que quien suscribe. Pero mi concepto acerca de cómo ha de tratarse este problema, que ya es casi secular, difiere bastante de la aplicación de la 'summa lex': creo que aún es posible negociar, hablar, aunque cada vez van siendo menos los personajes con quienes desde este lado de la orilla se puede dialogar: no es fácil hacerlo con un recluso. Y, por cierto, pienso que el presidente del Gobierno central debería haber mantenido algún contacto personal con quien ahora representa la máxima cabeza en el Legislativo catalán: lo cierto es que Torrent ya solicitó en su día un encuentro con Rajoy, recibiendo el silencio absoluto por respuesta.

Ya digo: no soy jurista, sino un mero periodista que ha visto y vivido ya muchos episodios, demasiados sin duda como para creer que la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad cae al cien por cien de un lado: en todo divorcio la otra parte tiene algo de culpa, aunque sea poca. Y, desde luego, lo menos que se puede decir es que este divorcio -que desde luego no puede acabar en tal- lo estamos llevando ambas partes francamente mal. Y no saben ustedes cuánto siento decirlo porque insisto: este divorcio de ninguna manera va a consumarse, aunque la relación entre las partes está quedando tremendamente deteriorada. Y eso es lo que debe asumir una futura conllevanza entre las dos orillas del Ebro.

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