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Al margen

Puigdemont I 'el Telemático'

Rafael Torres Rafael Torres
jueves, 11 de enero de 2018, 08:00 h (CET)
MADRID, 10 (OTR/PRESS) Aunque Gregorio Serrano, el todavía director general de Tráfico, le pisa éstos días los talones en el "ranking" de lo escasamente presencial, Carles Puigdemont consolida su cetro de gran escaqueado, y más que lo quiere consolidar si el delirio político de los profesionales del independentismo catalán le entroniza finalmente, vía "skype", como Puigdemont I 'el Telemático'.

La siempre aconsejable prudencia política para abordar la cuestión catalana, de la que Rajoy, por cierto, abusa hasta la inanidad, no empece para que las mayoría de los particulares, menos constreñidos en los límites de la mesura y la corrección, consideren que hay que tener muy poca vergüenza para pretender ser investido presidente de una Comunidad sin poner los pies en ella, y luego, hacer y deshacer, usar los recursos públicos que determinan la vida de la gente, ostentar el título de "honorable" y usurpar con él la representación del pueblo catalán, por Internet.

Pero un rey, casi un emperador en el caso que nos ocupa, Puigdemont I 'el Telemático', necesita súbditos que le sustenten, que le jaleen, que le lleven en andas, que le voten si son súbditos modernos y "republicanos", y aquí, en la flipante circunstancia de que en Cataluña hay una porción de gente que le sustenta, que le jalea, que le lleva en andas y que le vota, es donde el delirio se espesa hasta hacerse impenetrable. ¿Qué pueden ver esas criaturas en un tipo que, sobre carecer de ideología y de proyecto político, exhibe en su imaginario escudo los cuarteles reales de la cobardía?

Al contrario que Mas, Puigdemont no necesita huir: ya está huido. Y desde su escondrijo, proporcionado por lo más abyecto de la xenofobia europea, pretende seguir jorobando la vida y la hacienda de sus paisanos, una parte sustancial de los cuales, encima, se deja. En tanto su otrora gran chambelán Junqueras se come el marrón de la prisión preventiva, y los Jordis y su antiguo ministro de gobernación también, éste chisgarabís disfruta llevando su broma, su comedia, más y más lejos. La siempre aconsejable prudencia política para abordar la cuestión catalana empieza a no ser tan aconsejable con éste hombre, pues pudiera tratarse de una cuestión frenopática sin más.

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