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Más que palabras

Adoctrinamiento y abuso

Esther Esteban Esther Esteban
sábado, 7 de octubre de 2017, 08:00 h (CET)
MADRID, 6 (OTR/PRESS) Unos 200 alumnos del Instituto de Educación Secundaria (IES) El Palau de Sant Andreu de la Barca se concentraron días atrás a las puertas del centro para pedir respeto hacia sus compañeros hijos de guardias civiles, que en los últimos días han expresado su malestar por el trato recibido por parte de algunos profesores y alumnos. En las paredes del centro educativo se vieron pintadas en defensa de la Guardia Civil y proclamas como 'Stop adoctrinamiento'. Los alumnos decidieron alzar su voz contra la actitud que ha mostrado el instituto "discriminando" a alumnos hijos de guardias civiles y en demanda de "respeto".

Este es un gesto más de los muchos que estos días se están viendo en los, que esa mayoría, hasta ahora silenciosa de catalanes -que asisten perplejos a la locura independentista de sus dirigentes políticos- han dicho ¡Bata ya!. Hoy y mañana se celebrarán manifestaciones que se prevén multitudinarias en Cataluña y en el resto de España intentando parar lo que ya parece un hecho: la famosa DUI con la que Puigdemont y sus secuaces pretenden culminar su felonía y poner a todo el país en el disparadero con la inevitable aplicación del 155.

De todo lo malo que ha pasado estos días lo peor, tal vez, haya sido comprobar de manera fehaciente no sólo el adoctrinamiento de los niños en las escuelas incluso en las guarderías catalanas -que se viene produciendo ante la inacción de todos desde hace muchos años- sino también su utilización como escudos humanos por parte de sus padres. Solo ver esa imagen de un padre con su hijo encima de los bombos enfrentándose a un guardia civil el pasado 1-O da una idea del grado de fanatismo que se le está inoculando a los niños. El independentismo lleva décadas sirviéndose con poco escrúpulo del arma decisiva de la Educación para extender su pensamiento único en los colegios e institutos de Cataluña. El resultado de ese adoctrinamiento lo hemos visto estos días en las calles catalanas, llenas de jóvenes que defienden el delirio de Puigdemont y sus socios, pese a que éstos han vulnerado sus propios derechos de manera flagrante.

"La manipulación de los libros de texto denunciada por editores y sindicatos de profesores, o la exclusión del castellano en las aulas han sido posibles porque los sucesivos gobiernos de la Nación miraron hacia otro lado cuando no mercadearon con las competencias. Ahora que los separatistas se han quitado la máscara, el Estado debe aprovechar para que la libertad de pensamiento y el rigor histórico vuelvan a las aulas catalanas", leíamos estos días en algunos editoriales cosa que yo comparto plenamente.

El adoctrinamiento a los niños tan utilizando por los regímenes totalitarios para crear generaciones de fanáticos ideológicamente sometidos es no sólo repugnante sino una forma de abuso. El drama de los niños perdidos, abusados, abandonados sigue siendo uno de los muchos temas tabú que esta sociedad avanzada y adinerada se niega a afrontar abiertamente, al igual que se esconde cuando se plantean casos que le son más cercanos. ¿Qué ocurre con los menores que se ven involucrados en un procedimiento judicial, que tiene tirón mediático, donde no hay reglas y todo vale?. ¿Quien les protege cuando toda su vida queda al descubierto porque así contribuyen al enriquecimiento familia ?. Los casos son tantos y tan vergonzosos que se suelen esconder muchas veces agazapados entre estadísticas y cifras como si así desapareciera un problema, o simplemente se espera a que el asunto ya no interese como fenómeno televisivo y mediático y entonces a nadie le importa ya su suerte.

Hay muchas formas de utilizar a los menores en distinto grado ¡claro está!, pero todas condenables y el adoctrinamiento ideológico es una de ellas se produzca donde se produzca. Si de muestra vale un botón UNICEF calcula que hasta 300.000 niños y niñas en todo el mundo participan en grupos y fuerzas armadas con distintas funciones, como combatientes, cocineros, porteadores, mensajeros, espías o por motivos sexuales. No hay datos fiables sobre el grado de adoctrinamiento en los colegios catalanes porque la inspección ha estado ausente, pero sus efectos ya sabemos que son devastadores. Puestos a escoger frases desafortunadas de estos días me quedo con esa tan lamentable del diputado Rufián adaptándola a esta realidad ¡saquen sus sucias manos de la educación de nuestros niños!.

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