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Columna de opinión

Paso atrás

Carlos Carnicero Carlos Carnicero
viernes, 17 de febrero de 2017, 08:00 h (CET)
MADRID, 16 (OTR/PRESS) Lo que queda de la visita de Benjamín Netanyahu a Estados Unidos son malas noticias. Y es que Donald Trump ha decidido lavarse las manos dejando que israelitas y palestinos arreglen solos sus asuntos.

En la rueda de prensa conjunta de Trump y Benjamín Natanyahu hemos visto a dos líderes que se entienden y que no se van a llevar la contraria haga lo que haga el uno u el otro.

Trump ha dejado claro que por lo que a él respecta son los israelitas y los palestinos los que tienen que buscar una solución a sus problemas, pero eso sí dejando claro sus simpatías por lo primeros y por tanto dejando a la intemperie a los segundos.

Es verdad que Estados Unidos, como el resto de la comunidad internacional venían fracasando en el empeño de lograr un acuerdo definitivo en Oriente Medio, pero también es verdad que hasta ahora Israel no ha ido aún más lejos en algunas de sus políticas precisamente porque sabía del rechazo que provocaban en el ámbito internacional aunque aparentemente no le importara.

Pero ahora Trump ha dado carta blanca a Netanyahu para que haga y deshaga a su antojo diciendo que el no se va a meter en el conflicto que enfrenta a Israel con los palestinos, de manera que nos podemos poner en lo peor.

Si la política de asentamientos en territorio palestino viene siendo una constante ahora con la carta blanca de Trump las cosas pueden ir a peor provocando nuevos enfrentamientos entre las dos comunidades.

El problema es que si Estados Unidos se ausenta de Oriente Medio nadie podrá ocupar ese vacío teniendo en cuenta que la Unión Europea viene siendo incapaz de tener una política exterior común. Es en situaciones como esta donde afloran y es más visible la falta de peso específico de la UE.

Se impone pues apelar a israelitas y palestinos, a los ciudadanos más templados y responsables de ambas comunidades para que influyan en sus dirigentes obligándoles a buscar un camino realista para la paz.

Desgraciadamente en los últimos años el entendimiento ha sido imposible habida cuenta del predominio de Hamas, es decir de los islamistas radicales en el campo palestino y del Likud, es decir de los israelitas radicales extremistas en el campo de Israel.

Los extremos se tocan y se retroalimentan y es lo que han hecho Hamas y el Likud meter en un espiral endiablada a sus conciudadanos con el objetivo de hacer imposible cualquier acercamiento.

Por eso solo queda que sean los ciudadanos de a pie de ambas comunidades los que alcen su voz y digan basta, sabiendo eso sí, que el camino de la paz está lleno de renuncias y que pocas veces los términos de la paz son realmente justos.

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