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Desde el parqué

El nuevo copago que no fue

Carmen Tomás Carmen Tomás
miércoles, 11 de enero de 2017, 08:00 h (CET)
MADRID, 10 (OTR/PRESS) La ministra de Sanidad afirmó con bastante rotundidad el pasado lunes que el gobierno valoraba introducir un nuevo copago en los gastos farmacéuticos. Concretamente, Montserrat se refirió a las cantidades que deben abonar los pensionistas a la hora de comprar medicinas. En su opinión, deberían pagar más los que más ingresos tengan y puso ya encima de la mesa para el debate que la medida afectaría a los jubilados con rentas entre 18.000 y 100.000 euros. Por la noche del mismo lunes en un tweet, la ministra se desdijo y aseguraba en la red social que "no es cierto que se vaya a subir el copago farmacéutico a los pensionistas con ingresos de más de 18.000 euros. Ya ayer, los mensajes eran aún más contundentes. "No alarmemos a los pensionistas, no se va a subir el copago", "con los pensionistas no se juega, es injusto alarmarles". La verdad es que si alguien ha alarmado a los pensionistas ha sido la ministra.

Seguramente ha sido la falta de experiencia o fue un globo sonda típico para valorar cómo caería entre los pensionistas y partidos políticos una medida así. Y qué ocurrió, pues que se produjo la alarma y hubo que rectificar. No está bien echar balones fuera. Estaría bien que la ministra se repasase sus declaraciones matinales en una radio.

En todo caso, al margen de que fuera inexperiencia o globo sonda, el debate está ahí. El estado del bienestar que nos hemos ganado queremos seguir disfrutándolo, pero los ingresos son los que son. Cierto que se ha hecho bastante en el terreno del ahorro en medicinas y sin embargo el coste no baja en la misma proporción. Cada vez, gracias a dios y a la medicina, vivimos más años y cada vez somos más jubilados tirando de gastos médicos y farmacéuticos. La vaca de los impuestos y quizás también del copago ya no da más. La asfixia a los contribuyentes es excesiva. Por qué entonces no empezamos a pensar en serio en la eficacia en el gasto. Una medida muy útil en este sentido sería empezar a pensar en elaborar unos presupuestos base cero. Es decir, partiendo de cero y mirando partida por partida, ir recortando o suprimiendo, en su caso, todo lo que se pueda. Se ha hecho estos años con algunos gastos, como empresas, organismos, subvenciones y no ha pasado absolutamente nada. Pues así, pero con muchas más partidas que miradas una a una serían perfectamente suprimibles. El ahorro sería de miles de millones de euros y no estaríamos siempre pensando en subir los impuestos, tasas o copagos. Y, sobre todo, eficacia. Por ejemplo, podrían revisarse si todas las pruebas médicas que se hacen son necesarias. En definitiva, un análisis profundo del gasto público nos daría, no tengo la menor duda, agradables sorpresas.

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