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Columna de opinión

Prisión preven... ¿qué?

Luis del Val Luis del Val
martes, 10 de enero de 2017, 08:00 h (CET)
MADRID, 9 (OTR/PRESS) Hay choricillos del caso ERE, caza menor, que se encuentran o han estado en prisión preventiva por temor a que destruyeran pruebas. Es el criterio que se sigue con la caza mayor -Correa, Mario Conde- pero de la que parecen librarse ejemplares de la caza mayor del fraude, como Rodrigo Rato y el clan Pujol. El caso de los Pujol es incluso algo más irritante, porque parece que el investigado Jordi Pujol Ferrusola, el famoso junior, evadió cuatro millones y medio de euros, mientras estaba bajo teórica vigilancia, cantidad importante de dinero que ya es de imposible localización, con lo que lo que los contribuyentes, gracias a la inestimable colaboración necesaria de los jueces, hemos hecho de putas que, además de no cobrar, hemos tenido que pagar la cama.

Que los Pujol son cínicos era sabido. El patriarca, cuando el enorme pufo de Banca Catalana, ya dijo que iban contra Cataluña, no contra el estafador que nos costó un montó de dinero a los españoles. Ahora, el hijo, buen alumno, es capaz de seguir estafando, incluso estando sometido a una instrucción. No lo pueden resistir. La lujuria del dinero les impide detenerse. Debe ser un caso de dineropatía, cleptómanos del presupuesto público, de la comisión, la gula del fraude. Claro que para seguir ejerciendo su avilantez hay que contar con la colaboración, casual o involuntaria, de unos jueces tibios, distraídos, clementes, o que piensan que la prisión preventiva sólo es para unos pocos.

Y estoy convencido de que los jueces han seguido las líneas marcadas por el Derecho, pero la impresión que nos produce a la ciudadanía es que los Pujol son unos presuntos delincuentes tratados con una delicadeza, con una escrupulosidad a su favor de la que no han gozado otros presuntos delincuentes, por ejemplo, el ciudadano Correa, o el ciudadano Miguel Blesa, que han conocido la cárcel preventiva. Y no es nada bueno que las decisiones judiciales no las entienda la sociedad, y tengan que explicarse. Cuando esas decisiones requieren explicación, es porque el sentido común parece ajeno a las mismas. Y eso produce algo tan perverso como la desconfianza y la sospecha. Y también debe prevenirse.

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