La defensa del presunto asesino de Nagore dice que el asesinato no fue premeditado y no hubo alevosía
 
- José Diego Yllanes pide perdón a la víctima, a la familia de la chica y a su propia familia
PAMPLONA, 10 (OTR/PRESS) La muerte de Nagore Laffage no fue premeditada, y todo ocurrió en muy poco tiempo. Así lo ha manifestado Eduardo Ruiz de Erenchun, el abogado defensor del acusado, José Diego Yllanes, que ha pedido al jurado que olvide todo lo que haya podido ver y oír fuera de la sala de vistas. El letrado defensor ha asegurado que el tiempo que víctima y presunto asesino estuvieron juntos en el piso de él fue "mucho menor" de lo que ha manifestado la acusación, ha afirmado que por no hubo alevosía en el asesinato y ha pedido que se le apliquen los atenuantes de reparación del daño, confesión, intoxicación y obcecación. Por su parte, el joven ha vuelto a pedir perdón, tanto a la familia de la chica, como a su propia familia y a toda la sociedad, con la que se siente "profundamente en deuda". Según ha dicho, su vida era ayudar a los demás.
El abogado defensor de José Diego Yllanes ha afirmado que la muerte de Nagore Laffage es un homicidio en el que no hubo alevosía. Según ha manifestado, "no fue una muerte premeditada", y ha defendido que los hechos ocurrieron en un "lapso de tiempo muy corto". La defensa de Yllanes, que pide para el procesado una pena de siete años de prisión por un delito de homicidio, ha centrado la séptima y última jornada de la vista oral del juicio por la muerte de Nagore Laffage el 7 de julio de 2008. El juez entregará el miércoles a las a las 17 horas a los miembros de jurado el objeto del veredicto y a partir de esa hora quedarán incomunicados hasta que adopten una decisión.
En su exposición, el letrado ha señalado que en sus años de experiencia laboral "nunca había presenciado un juicio de tamaña presión mediática", y ha pedido a los miembros del jurado que se "olviden" de todo lo que hayan podido oir y ver fuera de la sala de vistas. Según ha dicho, la muerte de la joven irunesa es un "homicidio" y ha señalado que hasta la acusación particular da la opción de que alternativamente pudiera tratarse de un homicidio. "Tenemos dudas muy serias y fundadas de que hubiera alevosía", ha dicho.
Ruiz de Erenchun ha asegurado que el encuentro de José Diego Yllanes con Nagore Laffage fue "absolutamente casual" y que el procesado "no tenía ni la más mínima intención de ligar esa noche, ni buscaba un encuentro violento con una chica". Ha afirmado que todo ocurrió en poco tiempo y ha apuntado que las cámaras de vídeo reflejaban una hora antes de lo que en realidad era porque, según ha dicho, no contemplan el cambio de hora de invierno y verano.
Por tanto, el defensor ha asegurado que no hay constancia de la hora a la que subieron al piso y que podrían haberlo hecho en torno a las 9.30 horas. "Parece más lógico que no fueran directos, por muy liberales que fueran, me cuesta entender que tras decir una palabra al oído se fueran a acostar", ha expuesto, y ha barajado la hipótesis de que pudieran dar un paseo por el parque de Yamaguchi o entraran a algún bar o cafetería.
A su juicio, en el piso pudieron estar 20 ó 30 minutos. Esa hipótesis la avala el hecho de que no hay ninguna prueba de que la víctima estuviera inconsciente, "luego ¿qué estuvieron haciendo dos horas?". "No me atrevo a situar la hora pero el momento del piso fue mucho más breve de lo que se nos quiere hacer ver", ha insistido.
Sobre la llamada al 112 a las 10 horas realizada desde el teléfono del acusado, el abogado ha dicho que no hay pruebas de que la hiciera la víctima y ha manifestado que pudo ser Yllanes quien llamara. Según ha dicho, el procesado pudo recibir la llamada de su madre, descolgarlo en "una situación de angustia porque sabe que acaba de quitar la vida a una chica inocente y no se atreve a decirle nada a su madre" para acto seguido, "traicionado por el subconsciente, llamar al 112" y "fruto de la angustia y la ansiedad" decir que la pudo "matar".
Acerca de que la madre de Nagore Laffage reconociera en esa llamada la voz de su hija, el letrado ha afirmado que es "la testigo menos imparcial que ha pasado" por la vista oral. Según ha señalado, durante el juicio en ningún momento se ha hecho una prueba para descartar la voz de Yllanes. Ruiz de Erenchun ha indicado, y ha recordado que si los golpes a Laffage y el estrangulamiento fueron seguidos "no hay alevosía". "No hay pruebas de que la joven estuviera inconsciente o semiinconsciente", ha dicho, y ha expuesto que, cuando existe alevosía "los medios que se utilizan han de ser buscados a propósito".
HUBO DEFENSA Ruiz de Erenchun ha reconocido que es cierto que la víctima pudo defenderse poco, pero ha añadido que el acusado presentaba, tras los hechos, rasguños que eran compatibles con que la joven se hubiera defendido y marcas en los hombros que pudieran ser de golpes. "Nagore tenía fuerte carácter y en buena lógica era lícito pensar que pegó puñetazos", ha expuesto, para señalar que el estrangulamiento se produjo con una única mano porque con la otra podría estar sujetando a la víctima. "Es una prueba de que hay una defensa débil, defensa al fin y al cabo", ha afirmado.
En su exposición, que se prolongó durante hora y media, la defensa ha defendido las cuatro atenuantes que ha presentado: reparación del daño, analógica de confesión, intoxicación y arrebato u obcecación. Sobre la primera, ha explicado que está recogida en el Código Penal. "No hay dinero en el mundo que pueda compensar la muerte de Nagore, la vida no tiene precio", ha dicho, pero ha señalado que en el actual sistema legal "hay que poner precio a la vida". La familia del acusado ha abonado en favor de la de la víctima 126.000 euros.
El letrado ha manifestado asimismo que "hay que valorar el perdón" que ha pedido el acusado. "Ha sido de lo más respetuoso con Nagore y en todo momento ha pedido perdón", ha dicho. Ruiz de Erenchun ha explicado que solicita la atenuante analógica de confesión porque aunque es una "confesión tardía, es relevante", y ha indicado que si bien es verdad que los padres convencieron a su hijo, "que pensaba en suicidarse", para que se entregara, él no huyó.
El abogado ha destacado la importancia de que el acusado reconociera lo que hizo porque, "la única prueba de que estranguló" a la joven de Irún es su propia confesión. "No hay ninguna prueba de José Diego en el cuerpo de Nagore", ha señalado.
En cuanto a la atenuante de arrebato u obcecación, ha dicho que ambos iniciaron una relación pasional y él "interpreta erróneamente los deseos de Nagore" lo que desencadena finalmente que él se volviera "loco". "Nos encontramos con que Nagore le dice que ni por asomo", momento en el que ella pudo pensar que el acusado iba a agredirla sexualmente. "La intención de José Diego no era violarla, ahí se produce el malentendido", ha dicho el letrado. "Ambos pierden el control y no lo pueden reconducir, ella pudo amenazarle con decir que quería violarla, lo que él considera injusto y ahí entra en que el miedo tan intenso hace perder la razón", ha sostenido.
Según añadió, "José Diego se volvió loco, pero no loco de enfermedad, sino al ver que estaba siendo injustamente acusado de algo que no tenía la más mínima intención". "¿Qué gana José Diego matando a Nagore? Nada, lo pierde todo. Pierde el trabajo, los amigos, todo. No obtiene ningún beneficio", ha dicho, para exponer que lo "llevará en su conciencia toda la vida". Sobre la la atenuante de intoxicación, Ruiz de Erenchun ha afirmado que procesado estaba influencia por el alcohol.
Para finalizar la vista oral, José Diego Yllanes ha tomado la palabra y ha vuelto a "pedir perdón" a Nagore, a la familia, a su propia familia y a toda la sociedad, con quien dijo sentirse "profundamente en deuda". Señaló que nadie puede quitar una vida, ni debe, ni tiene derecho a hacerlo y manifestó que él se siente ofendido porque su vida era ayudar a los demás. "Mis disculpas a todo el mundo", ha expuesto.
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Publicado el martes 10 de noviembre de 2009 a las 15:40 horas.
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