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Al margen
La camisa de Mortadelo.


Rafael Torres


Rafael Torres Rafael Torres
miércoles, 20 de mayo de 2009, 15:47
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Imputados por el delito de cohecho al aceptar presuntos regalos, trajes caros concretamente, de empresas agradecidas, Camps y Costa, presidente de la Generalitat valenciana y portavoz del PP en ella respectivamente, depusieron finalmente ante la Justicia, quedando tras deponer tan imputados como antes. Tan imputados y tan maqueados, pues esos rutilantes trajes que pudieran costarles sus carreras políticas, por llamarlas de algún modo, constituyen para ellos, como si dijéramos, una segunda piel. Sin embargo, el ciudadano que atiende al nombre de Ricardo Costa, bien que de menor rango que Camps, exhibe incluso una tercera piel, aunque ésta última no alcanza a cubrirle la totalidad del rostro ni de las piernas: esas camisas de Mortadelo cuyos altísimos cuellos le llegan, por delante, hasta la barbilla, y por detrás, rebasando con mucho el cuello de la americana, hasta casi, casi, la coronilla.

No podría negar la fascinación visual, ya que no estética, que me producen esas dos criaturas que mi amigo Millás identifica con los maniquís. Lo parecen, ciertamente, y acaso lo sean. Que les gustan los trajes de maniquí, esto es, aquellos que otorgan tipo de maniquí, de sonriente e impávido maniquí, al que se los embute, parece fuera de toda duda, por lo que no parecería descabellada la sospecha de que esa su debilidad por los ternos de maniquí les hubiera conducido a un mal paso, el de aceptarlos como regalitos sin ir más lejos. Pero, ¿qué se puede decir de las camisas de Costa, esas camisas de cuellos absolutamente de Mortadelo? ¿Cómo será el sastre camisero que se las hace? ¿Es el mismo que ha de deponer también, como testigo, ante los jueces? ¿Esconde más pieles, más disfraces, esa tercera piel? Lástima que las prendas de vestir, aunque hablen, no lo hagan con palabras.

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