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¿Dónde está el rigor?

Macarena López

domingo, 23 de octubre de 2005, 06:18 h (CET)
‘Yo quise dar voz a aquellos que no pueden darla’. Aquella frase quedó grabada en mi mente casi como a fuego, y si las circunstancias hubiesen sido distintas hasta me hubiese parecido emotiva, pero no se dio en el contexto adecuado, fue una farsa, la mentira soberana por la que a algunos les encanta ser protagonistas de algo que no han visto, no han protagonizado y no han sufrido.

Parece quedar lejos aquel día en el que los españoles y Europa –aunque menos- fuimos engañados con excelente maestría por un personaje que aseguró haber vivido el horror nazi en los campos de concentración alemanes y austriacos. Narró, como si de una novela de terror se tratase, los supuestos tratos que sufrió en carne propia, describió ambientes, olores, sabores y sinsabores, y todos le creímos.

Así, a propósito del engaño, de la credibilidad y del rigor, versaron unas conferencias en el Ateneo de Málaga este pasado lunes. Benito Bermejo, especialista en el Holocausto, Sandra Checa, historiadora del nazismo, y el más importante, Ramiro Santiestebán Castillo, superviviente de Mauthausen y presidente de la Federación Española de Deportados (FEDIP) fueron los encargados de tratar el tema del rigor en las investigaciones, por parte de los dos primeros, y de contar cómo se vivía en aquellos barracones austriacos durante la Segunda Guerra Mundial.

Algo falla, o falla todo. Falla el investigador a veces, y falla la sociedad muchas más que este. Nos conformamos con lo que nos dan, y luego llegan las decepciones y la indignación porque ‘nos han tomado el pelo’, pero no buscamos otras líneas para averiguar si lo que recibimos es verdad o es mentira.
Y ellos, investigadores especializados, se quejan a la par con la sociedad de que no se puede mentir en algo tan serio como es la tortura nazi, ni en eso ni en nada de este calibre, pero no se preocupan por saber si lo que vamos a recibir al final todos es cierto o no. Afirman que no pueden cuestionar a alguien que ‘ha sufrido tanto’ que cómo va a mentir. Como si hubiesen personas preparadas para no falsear. Y es que parece que se olvidan principios más que importantes para la investigación, parece que eso del rigor, la credibilidad, el contraste de la información, la indagación, la veracidad de las fuentes, lo enseñan para nada y ni siquiera habría que decir que se olvida para algo, para conseguir fines no muy éticos.

Una cosa es que el rigor 100% no exista, y otra que nos lo creamos todo y no comprobemos nada, que nos dejemos llevar por los sentimientos de lástima y que escuchemos a farsantes, y le demos la espalda a aquellos que sí sufrieron el horror del Holocausto, que han vuelto a salir a la luz a partir de esos que un día nos engañaron como a tontos. Si queremos provocar el debate y tratar causas pendientes, mejor hacerlo por la línea de la investigación, que por la línea de la mentira, pues ningún acto que suponga la muerte de personas debe quedar atrás. Aprender a luchar en el día a día debe ser el futuro al que aspiremos.

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