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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Homofonías y sinonimias

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 23 de octubre de 2005, 06:18 h (CET)
En un mundo en el que el lenguaje, sobre todo juvenil, se modifica o se reduce a la mínima expresión, se le maltrata por las ondas del móvil o de Internet, hay palabras de peso que cobran actualidad como por ejemplo “nación” o “matrimonio”. También hay quien se desgrana el seso pensando que los vocablos son inamovibles, o quien los cambia a su gusto, mejor dicho oído, por citar aquí uno de los sentidos sensoriales más relacionados con el lenguaje.

Se nos ocurre una llamada de socorro a la sensatez y a la inteligencia a la manera del Premio Nóbel de Literatura, Juan Ramón Jiménez cuando dijo: “Inteligencia, dadme el nombre exacto de las cosas”, para referirnos a varias de las polémicas del lenguaje por su relación o acercamiento entre palabras.

Igualmente, habría que decir que algunos lingüistas niegan que entre dos palabras exista tal sinonimia, pues nunca dos palabras por su significado podrían ser exactamente iguales.

Por que en términos civiles, ¿es igual unión que matrimonio? O en términos territoriales, ¿lo es nación o unidad nacional dentro de una nación más grande? ¿Es igual país que país seguido de un gentilicio nacionalista y más cercano?

Los teóricos, que no serían capaces de reprochar ni a sus propios hijos el lenguaje usado en los mensajes de los chats y de otros medios cibernéticos, andan en busca de comas, vocablos y vocales, no ya del lenguaje o idioma, e incluso tratan de poner los puntos sobre las ies a un lenguaje concreto que emana de unas ideologías o convicciones concretas.

Está claro que en la sociedad hay miedo a la palabra, no al susto que una voz mas alta o más baja pueda provocar con grito de sorpresa, sino al poder mediático, político, ideológico o religioso.

Hay palabras que por su origen, apariencia, escritura, pronunciación o significado se prestan a una sinonimia u homofonía extrema. Hay palabras molestas porque un determinado grupo urbano las utiliza. Si el lenguaje está vivo va a ser necesario que al utilizarlo sea modificado, nos pese a quien nos pese. Lean algo si no de de esa delicia y riqueza del castellano antiguo de Cervantes.

En un mundo cambiante, donde las migraciones se repiten hasta límites infrahumanos insospechados, donde los hombres se unen y se casan con los de su mismo seso porque así el corazón se lo demanda, donde las comunidades se preguntan por qué no pueden emanciparse y vivir solas, surgen palabras que aterrorizan las conciencias por su semejanza o analogía de significado.

Rizando el rizo, afirmaría que antes que muchos políticos, gobernantes y legisladores abrieran sus bocas deberían escuchar a gramáticos de alto nivel, a lexicólogos brillantes y a eruditos lingüistas.

El lenguaje es cosa de todos y cada cual lo utiliza respecto a sus ideas, intereses y convencionalismos pero es un bien común, colectivo y comunitario, por citar caprichosamente algunos sinónimos de mi diccionario personal no paginado.

A veces, estas discusiones del lenguaje son tan largas, nos duran tantos meses que las palabras de unos y de otros se nos vuelven de repente homófonas por su contenido.

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