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Etiquetas:   Artículo taurino   -   Sección:   Toros

Apuntes de reglamento

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
miércoles, 3 de mayo de 2006, 23:25 h (CET)
Antes que nada quisiera felicitar a los redactores del Nuevo Reglamento de Andalucía para el Siglo XXI por que han hecho un gran esfuerzo y un buen trabajo, si bien estoy obligado como profesional a ser crítico para con la ayuda de todos hacer el mejor reglamento que es lo que queremos todos.

El borrador actual, desarrollado en 76 artículos, presenta reformas, con aciertos y errores, ciñéndome hoy a algunos de ellos en función de mis criterios y de mi sentido de la lidia que detallaré a continuación.

En la suerte de varas, suerte trascendental para el devenir de la lidia, se suelen cometer en la actualidad ciertos atropellos para con el toro en un supuesto equilibrado embite en el que el único fin es el de medir la bravura y el ahormamiento de la cabeza del toro.

Actualmente los pesos del peto, de los manguitos, el caballo y del propio picador que rondan aproximadamente en su conjunto en una corrida de toros, los 770 kilos, por lo que superan con creces los 550 de un toro medio. Por ello a esta palanca traccionadora, sin contar con el desgaste de la puya, le basta con el simple encontronazo actual para detener y desgastar las intenciones del toro. Así una pelea justa y bella de la suerte y del espectáculo desparecen.

En el nuevo artículo 47, el peto se reduce en 5 kg tan solo del actual Reglamento Nacional y se estipula un máximo de 8kg. uso de manguitos. La inmediata consecuencia es que las protecciones apenas sufren cambios del anterior reglamento.

Desgraciadamente en el mismo artículo no se indica quién controla, regula y pesa los petos antes de un festejo; y por otro lado el uso de la goma de pescado que hace resbalar los pitones del animal sobre un peto cargado de aceite así como los petos casi inflexibles, semi- rígidos no están contemplados y deberían estar regulados y sancionados de forma especial en el nuevo reglamento.

Es necesario una pronta doma de los caballos de picar y no lo digo por Sevilla y otras contadísimas cuadras de caballos del resto de Andalucía donde si se da, sino por la amplia mayoría de cosos andaluces en los que no. No se pretende que se instaure la prueba de caballos en los patios de cuadrillas, ni que los picadores sean los conocedores o que vengan del campo, curtidos en los apartados, encierros, tientas, conducciones y acosos, pero sí que aparezca la figura del profesor de equitación en las plazas. Aunque sea para enseñarles a los caballos de picar a andar hacia atrás, de costado, a girar sobre el cuarto posterior, a adquirir firmeza sobre las patas como base del encontronazo y a obedecer al bocao y la espuela como únicas armas del picador.

A todos se nos puede venir a la memoria el inolvidable capitán de caballería don Hermógenes, el de los grandes bigotes, que tanto y tan bien lo hizo en la Plaza de Sevilla hasta la década de los sesenta.

En definitiva en cuanto al peto y protecciones varias aconsejamos no debería pesar en su conjunto más de 25 kg. para resucitar la belleza, autenticidad e importancia de una suerte desprestigiada, burlada y señalada por los antitaurinos como argumento clave en su lucha feroz contra la fiesta.

Esta reforma necesaria no estaría del todo completa sin la reforma del artículo 42 referente a los caballos de picar. Antes de ayer se rebajaban 50 kg. el peso máximo de los caballos pero ayer recibí por correo electrónico una nota de la Consejería de Gobernación notificando que el caballo, si podría llegar a mas de 600 si los toros también tienen un peso superior. Es decir que esta nota final nos deja en la situación inicial frente al Reglamento Nacional.

Tengo el más firme convencimiento que más que del peso debemos controlar el pedigrí del caballo. Acercar posturas hacia el pura raza español de desecho con media carta de origen al menos y sin cruzas con especies traccionadoras extranjeras como el bretón o el percherón tan perjudiciales para el astado, mediante un reciclaje paulatino en un periodo de cuatro años de las cuadras andaluzas, con el fin de evitar la injusta y actual desigualdad entre el peso del caballo y peto frente al toro.

Un caballo con estas características podría pesar como máximo unos 550 Kg. , más los 25 Kg. del peto y demás protecciones sin contar con el peso del picador y su propia vestimenta a las que nadie se refiere. Es decir estaríamos hablando de una suerte más igualada y emocionante entre la vara y el toro.

En la cuestión de las puyas, artículo 46, se reduce en 3 cm el largo, es decir 10 mililímetros cada triángulo del reglamento nacional.

En nuestra interpretación vemos que también esta disminución del castigo es mínima aunque, y ya lo hemos comentado anteriormente, el verdadero caballo de batalla es el propio peto y caballo que hacen de verdadera palanca para luego ahondar en la puya. Un cambio relevante sería acondicionar también la puya a 15 cm., algo así como la mitad de la longitud que la nacional.

Las reformas positivas más destacadas, además del reconocimiento previo de las reses ya realizado en el campo en la presente temporada en la Maestranza como clave para abordar un reconocimiento justo y realista, hay que unirla a la coherente decisión de conceder al maestro la potestad de permitir el segundo puyazo, pues es precisamente el diestro quién sabrá calibrar la capacidad de su astado para continuar la lidia. Desgraciadamente el mono puyazo ya estaba instaurado desde que surge el peto y caballo actual en detrimento de una segunda vara disfrazada de un mero trámite administrativo.

Otra reforma necesaria por democrática e histórica en pro de la fiesta que tiene este reglamento es que el aficionado sin intereses directos en la fiesta y tras una formación, que esperamos se traduzcan en cursos calibradores de unos principios básicos para el desarrollo de la lidia, pueda presidir festejos sin la necesidad obligada de pertenecer al cuerpo nacional de policía. Por primera vez el aficionado además de sostener con su entrada el espectáculo podrá llegar al palco presidencial.

En la nota que se me comunicó ayer por parte de la Consejería de Gobernación, también y en honor a la verdad se contempla y mantienen las banderillas negras, como solución principal y razonable ante la incapacidad de picar a un toro manso de solemnidad.

Finalmente quisiera destacar algún vacío, además de los ya señalados, que se hayan presentes en el nuevo reglamento como el control de los festejos suspendidos.

En la actualidad la empresa queda libre para hacer lo que estime oportuno sin que el espectador tenga derecho más que al importe de su entrada frente a un posible aplazamiento de un similar cartel. La autoridad conoce de sobra que el público no busca el mercantilismo del festejo taurino simplemente busca el espectáculo.

En el apartado del afeitado se sigue responsabilizando al ganadero que normalmente suele ser algunas veces la víctima de unos análisis que se revelan al año siguiente sin la repercusión ni el eco exigibles, cuando los verdaderos inductores del fraude suelen ser los más beneficiados, el círculo del diestro por exigirlo como vía para mermar al toro antes de su lidia, sin olvidar o los propios empresarios que lo toleren y amparen.

Otro buen paso en la dirección correcta sería exigir en el nuevo reglamento que los toros aptos para la lidia debieran presentar sus pitones astifinos. No debiendo profundizar si son arreglados, sacados punta, etc., con el único fin de desechar ejemplares escobillados o despuntados sospechosamente.

De los avisos, articulo 58, apuntar que apenas sufren cambios relevantes con el nacional salvo una redacción diferente, léase el apartado segundo de dicho artículo.

Bien es cierto que deberíamos destacar sólo en los casos excepcionales de máxima bravura y calidad en la muleta mostrado por el toro en el ruedo, el no cronometrar dichos tiempos. Es decir si sale un toro excepcional de 50 muletazos pues que se los pegue el torero, por que querrá pegárselos; el ganadero ver a su toro ir hasta el final y el público también querrá disfrutar con ello.

En definitiva nosotros hemos venido a hacer sólo una crítica constructiva del Reglamento, ya que en líneas generales estamos ante un buen borrador, que puede servir de modelo a muchos otros en nuestro país. Lleno de buena voluntad, disposición e intenciones por parte de la autoridad competente, pero mejorable (como todo) para imponerse como un cambio trascendental y revolucionario en el sector taurino, ya que podrían incluirse algunos cambios relevantes en lo que es lo fundamental y trascendental como el peto, el caballo, las suspensiones y el afeitado, así garantizar una lidia justa, bella y espectacular.

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