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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

De doctores e historia

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
sábado, 22 de octubre de 2005, 00:45 h (CET)
Maniobrando intelectualmente con raciovitalismo ortegiano, en la búsqueda explicativa de la realidad cercana que nos toca vivir en general, y el nombramiento de Carrillo como doctor honoris causa como representatividad particular de la misma, podemos impregnarnos de someros análisis. Conjugando la vida con la razón, de la revitalización de los procesos históricos para su transformación en el tiempo, devienen inescrutables resultados. Dependen de las respuestas ante los estímulos provocativos.

Comprensible y compartido es el dolor de los herederos de la represión de Paracuellos, que no comparten la exposición de falsedades históricas en sus propias narices. En el horizonte final de los premios se encuentra la vanidad. Nadie discute al maestro del suspense, Alfred Hitchcock, por no haber recibido el manido Oscar. Era un maestro de la exposición cinematográfica del crímen y la inteligencia.

Que el rector Angel Gabilondo, diga que la incorporación de Carrillo al claustro de doctores "supone asimismo la incorporación de los valores de la reconciliación y los del reconocimiento para cuantos vivieron y murieron por ellos", la historia lo dirá. Varios estudiosos ya analizan versiones contradictorias. La razón vital de este estímulo doctorando, incorpora la utilización contraria, deseada o no. El goce y disfrute de la acción, apartaría supuestos objetivos ante la inacción de respuesta. La realidad es póstuma. La verdad siempre llega en el devenir histórico, no en la memoria.

Investir a Carrillo como Honoris Causa por el reconocimiento a " su contribución a la política de reconciliación nacional, y su decisiva aportación al proceso de transición democrática en España", une destinos. El del investidor con el investido.

Pase la anecdota, como un adelanto póstumo de la historia reciente y el comportamiento humano. Más allá, la cosificación, escenografía y la estatua. Cuantas estatuas cayeron, y no por eso la historia dejó de explicar lo que realmente fue, existió y sucedió.

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