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Etiquetas:   Sálvese quien pueda   -   Sección:   Opinión

No es un juego

Joan Torres

sábado, 22 de octubre de 2005, 00:45 h (CET)
El día después de la muerte de Haro Tecglen pienso en la potencia descomunal de los vientos del Wilma y me pregunto ¿por qué siempre los huracanes azotarán las zonas donde las casas son de madera? Después concluyo que ya podría pasar por aquí y llevarse por delante todas las mierdas de perro de mi calle. La pena es que también se llevaría personas que no tienen ninguna culpa de las susodichas cacas, como Rajoy, que ha vuelto a pronunciar al Innombrable Aznar y le ha vuelto a untar con su lengua seseante y su mito de fumador homosexual. Mito, dicen. Y también dicen que la gripe aviar será peor que el cólera de hace un par de siglos, pero? ¡si yo no soy un pájaro!. Es igual, pero mutará.

Pues que mute, como el Estatuto, que lo van a obligar a disfrazarse o a cambiar de sexo, ya veremos si se pone maquillaje o pasa a lo bestia por la Corporación Dermoestética. Un sitio por el que podrían desfilar los asistentes a la Universidad Autónoma de Madrid durante la investidura a Santiago Carrillo como doctor honoris causa. Pero sólo los que tiraban piedras y le gritaban asesino. Se les cose la boca y se les ata las manos con sutura o grapas. Como diría un supuesto anuncio de la compañía de cirugía plástica (que me acabo de inventar), "cuando te veas, te quedarás sin palabras".

Así se habrá quedado más de uno después de recordar la muerte de José Couso. El cámara de Tele 5 al que el ejército estadounidense asesinó. ¿Para qué utilizar un eufemismo? Le mató un tal Philip de Camp, o así lo afirmó el propio militar. Un colectivo que, históricamente, sólo ha servido para porcular al personal y gastar dinero en balde. En eso del dispendio Julián Muñoz tendría mucho que decir. Tanto, que le han mandado un añito a la sombra. Ojito con la pastilla de jabón, Julián. Que el trullo no es Marbella, aunque muchos residentes de ambos lugares se asemejen.

Como se parecen todos los inmigrantes subsaharianos que llegan a diario a nuestras costas sureñas. Sus caras son como los atentados de Irak, impresionan pero son imposibles de distinguir. Se han convertido en un fenómeno homogéneo, todo igual. También se parecen Pinochet y Al Capone. El primero ha vuelto a ser desaforado por el Tribunal Supremo de Chile y parece que será juzgado por delitos económicos. Como Al. Dos asesinos que harían compañía a Julián por robar. ¡Pero si robaron vidas! ¿o acaso nadie lo ve? ¿están ciegos? Será que los jueces también son árbitros. Españoles, por supuesto. Y es que el deporte siempre asoma, como ahora. Una pena que todo lo anterior no sea también sólo un juego. Pues eso.

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