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Etiquetas:   Un día menos   -   Sección:   Opinión

Hay más Melillas de las conocidas

Juan Antonio Hurtado
Redacción
sábado, 22 de octubre de 2005, 00:45 h (CET)
Estamos acostumbrados a no saber prevenir las consecuencias acaecidas frente a la necesidad de solucionar los problemas sociales. Las soluciones que hasta ahora se han ido sucediendo no son las correctas. No es correcto implantar una vaya de seis metros de altura en Melilla para que no entren los denominados “indocumentados” en España. Los dirigentes políticos no son personas aptas para expandir el sentimiento de confraternidad que poseían las sociedades prehistóricas. La causa y el origen de la política es buscar el beneficio propio que pueda ayudar al Estado, y sin tener en cuenta las relaciones personales, sentimientos o necesidades de millones de personas que nadan en el fango, en el cual nosotros removemos para que todo sea aún más complicado.

La cuestión que me planteo no es la solución de los problemas de la inmigración, sino tener el deber de preguntarnos los motivos reales por los cuales el Estado no utiliza una forma alternativa y más provechosa para arreglar los diferentes problemas sociales, los cuales interfieren en la sociedad. Todo parece indicar que los motivos económicos son los únicos que influyen en las decisiones del Estado. El miedo a dejar entrar en un país cualquiera a millones de personas que pertenecen a otra civilización, cultura o folklore y de los cuales el Estado espera solamente consecuencias negativas, tales como: la subida del índice del paro, criminalidad, desorden e inseguridad pública y un esfuerzo individual enorme para tolerar las semejantes acciones que provienen de un grupo de personas totalmente diferente a los demás. Es pedir demasiado a los “wasichus”.

La verdad objetiva de esta situación me indica que las personas necesitadas que no pertenecen a los países de la UE, están en esta lamentable situación debido a que el hombre blanco occidental ha estado robando durante cientos de años los recursos naturales y utilizando a los antepasados de los ahora denominados “inmigrantes”, como esclavos.

Es por eso, por lo que ahora nos deberíamos de sentir en la obligación de ayudar a las personas que antaño fueron engañados, desahuciados, violados, degradados, humillados, asesinados y maltratados. Realmente si alguien después de recapacitar, no se da cuenta de la verdad y como consecuencia no se sintiese culpable, no se le podría considerar persona. No olvidemos que los españoles fueron emigrantes y que otros países con la respectiva regulación nos acogieron gracias en un mutuo acuerdo. Los motivos quizás de la emigración española no tienen nada que ver con los que ahora sufre Europa.

En cuanto a las soluciones a este problema originado, aún no hay solución. Empezamos a atrincherar los países, se desarrolla aún más la xenofobia y la intolerancia mientras que nadie tiene el valor necesario para afrontar el problema desde un punto de vista más objetivo. El verdadero problema es el concepto de libertad que tenemos actualmente, el poder ir a donde quieras sin la necesidad de un papel que te acredite para poder viajar. Las fronteras son barreras, y aun me pregunto porque existen. La tierra no tiene dueño pero existen una serie de personajes que intentan convencernos de que si, y por ahora lo han conseguido.

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