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Aves de destrucción masiva

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 20 de octubre de 2005, 23:38 h (CET)
Hasta ahora esos seres de alas y recubiertos de plumas que sobrevuelan el azul de los cielos eran un buen tema para los poetas. Las avecillas del cielo que siempre tienen su sustento según Dios, las golondrinas de Gustavo Adolfo, el negro y sombrío cuervo de Edgar Allan Poe, la errada paloma de Rafael Alberti, las gaviotas que además de aparecer en el logo del PP son tema demasiado manido en muchos poemas, o esos avestruces, hoy transplantados del África a granjas europeas, pueden llevarnos a la tumba, o cuando menos a la cama de cualquier hospital. No son buenos tiempos para la lírica y menos para meter, entre verso y verso, a cualquier animal de pluma.

Aquellos pájaros de todas las especies de Alfred Hitchock que metían un tremendo pavor en el entonces apetecible cuerpo de la actual suegra de Antonio Banderas, están a punto de invadir el planeta y cual nuevas aves de exterminación masiva tocar con sus picos las trompetas del Apocalipsis avisándonos que a partir de ahora ya no seguiremos siendo los reyes de la creación. Al parecer la Naturaleza harta del mal trato que cada día le venimos dando ha decidido destapar el frío plato de la venganza y a poco que nos descuidemos lanzará sobre nosotros una pandemia disfrazada de virus H5N1.

De momento el virus tan sólo se transmite entre aves, aunque también algunos centenares de personas que con ellas convivían han resultado afectadas. Mientras la enfermedad despuntaba por las lejanas tierras de Asia nos seguía pareciendo una más de las catástrofes que siempre afectan a los más pobres y no le dábamos importancia. Pero ahora las aves maléficas ya están llamando a nuestra puerta. Turquía, Rumania y ahora Grecia ya han notado los síntomas de este virus y aunque de momento no ha afectado a humanos hay que estar alerta ya que todo puede suceder. No sabemos cuando puede ser, ¿un mes, dos años, un cuarto de siglo?. Si el virus muta y pasa de humano a humano la pandemia está asegurada. Y los muertos pueden ser muchos.

Las aves no conocen de fronteras. Ellas no tienen papeles aunque unas anillas las identifican. Y estas anillas identitarias viene demostrando que en su emigración anual recorren miles de kilómetros en busca de mejores temperaturas. Así que cualquier ave que llegue desde el Este en este otoño a nuestras lagunas puede ser transmisora del virus. Hay que estar preparados y alerta pero no se debe ser alarmista. Como ya pasó con las “vacas locas” este tipo de noticias hace bajar el precio del producto debido a su merma de consumo. Hoy el precio del pollo ya está por debajo del umbral de rentabilidad con el consiguiente apuro de los productores de pollo que ven como baja peligrosamente su cuenta de resultados.

Hace unos meses en una reunión de los responsables de Sanidad de las diversas autonomías para hablar de este tema los dirigentes sanitarios del PP no consideraron necesario hacer acopio de vacunas contra el virus aviar. Ahora ya están preparando las escopetas para andar no a la caza de aves acuáticas si no al tiro libre al gobierno socialista al que pronto comenzaran a hacer responsable hasta de la muerte de Manolete.

Y los grandes accionistas de los laboratorios Roche van frotándose las manos al calor de los beneficios que van a obtener con esta nueva enfermedad. Son, por ahora, los únicos que fabrican y comercializan el Tamiflu. No se ha demostrado que este antiviral sea efectivo contra la pandemia que nos acecha, como ha denunciado en un artículo la prestigiosa revista Nature. Pero es el único que hoy existe en el mercado. Las autoridades sanitarias de la UE ya han recomendado a sus asociados la compra de millones de este producto. En España no es posible todavía encontrarlo en las farmacias aunque por Internet ya se está subastando multiplando su precio por tres. Por ello nuestras autoridades han solicitado vacunas para una cuarta parte de la población. Y aunque, al parecer, no llegarán hasta el año 2007 es mejor prevenir que curar.

Yo, mientras tanto, seguiré comiendo pollo, pavo y si tengo la suerte de que algún amigo cace en la Albufera algún buen ánade me haré un buen caldero de arroz con él, eso sí, después de analizarlo y confirmar su buen estado sanitario. Estas armas de destrucción masiva que ahora nos acechan son más reales que las que Aznar nos aseguró existían en Irak y, de momento, podemos aprovecharlas para satisfacer nuestros gustos gastronómicos y cometer el pecado de la gula para asegurarnos un puesto en el infierno. Más adelante ya veremos y, como dice el refrán, “de aquí a cien años todos calvos”. A mí de esos cien ya me quedan menos de la mitad. Así que a vivir. Que la vida son dos días.

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