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La pandemia

Pascual Falces
Pascual Falces
jueves, 20 de octubre de 2005, 23:38 h (CET)
Esta palabra, de escaso uso y viejo cuño, resulta sonora y con retumbo apocalíptico. Así, que, no es de extrañar que haya hecho fortuna en boca de políticos y botarates con un micrófono o un teclado delante. Es tan contundente, el término, que se ha propagado con velocidad de epidemia. No es de extrañar, porque el caldo de cultivo, en esta sociedad de la comunicación en que se vive, siempre está listo, y no exige esfuerzos previos de elaboración. Ya se sabe, “estultorum numerus, infinitus est”, o, lo que es lo mismo: el número de necios es infinito. Esta sentencia tan traída y llevada, proviene del bíblico Eclesiastés en sus primeros párrafos, y la repitió Cervantes poniéndola en la boca sabia del Quijote.

Se atemoriza al país proclamando que un ave migratoria, de las que aprovechan nuestros pocos humedales, puede extender la “gripe aviar” hasta nuestros atribulados lares. Políticamente hablando, porque por lo demás, se sigue, por fortuna, con las normales preocupaciones; que si la boda del hijo, la hipoteca, o el lumbago... Con desconcierto se dan cifras de las vacunas necesarias, que, a todas luces no casan con la vaticinada pandemia (epidemia total); basta recordar los millones de españoles en “edades de riesgo”. La inquietud está servida, aunque se haya rectificado, sin tranquilizar, porque la producción de algo realmente eficaz es incierto, y no se fabrica de la noche a la mañana. Y, como respuesta, la alerta, pero, nada más. La sensatez de los futuros afectados es muy superior a la de los que han llegado a dirigirles.

¿Cómo fiarse de la eficaz prevención de la futura catástrofe, si no se ha visto hacer lo necesario por los afectados por el Sida? La sociedad del bienestar, aterrorizable por la pandemia gripal, es susceptible de escalofríos ante los riesgos apocalípticos. Pero, este adjetivo, tiene su origen en un libro que describe el fin del mundo, lo que ocurrirá una sola vez. Si Dios quiere, este invierno que se avecina transcurrirá como siempre, y, en efecto, muchas personas desaparecerán de este mundo, como todos los años. La prudente alerta es la actitud defensiva más aconsejable para no dejarse llevar de los graznidos de pájaros de mal agüero.

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