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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

La vida es cambio

Octavi Pereña i Cortina
Octavi Pereña
miércoles, 19 de octubre de 2005, 22:03 h (CET)
¿Reflexionan los políticos? Da la impresión de que algunos no. Hoy que tanto se habla del bloqueo de competencias estatutarias parece ser que cierto número de nuestros representantes públicos tienen bloqueado el órgano que nos hace humanos: el cerebro. Han perdido la capacidad de pensar y, por ello, de reflexionar sobre su propio comportamiento y, cambiar si procede.

Se acepta que a un proyecto de obra pública los expropiados puedan presentar alegaciones. Se reconoce la importancia que tiene que los ingenieros discutan los detalles del proyecto para mejorarlo y conseguir una obra que sea de público beneficio. Se acepta la conveniencia de revisar periódicamente el Código Penal, modificando las leyes que han quedado inservibles con el paso del tiempo, y legislar de nuevas que no se habían previsto en la última revisión. Es así como el Código Penal está actualizado y útil a la hora de administrar justicia.. Se reconoce que la vida es cambio, que el inmovilismo es perjudicial para la persona que se ha quedado anclada en el pasado y que es un estorbo para aquellas que han seguido andando y se han ido adaptando a los cambios de la vida. Es pues, de actualidad el dicho de un político de la Roma clásica: "Es un mal proyecto el que no admite ninguna modificación".

Desconozco si el proyecto de Estut debatido en el Parlament de Catalunya y que se ha presentado en las Cortes de Madrid es mejor, peor o igual que el vigente. Ahora no me preocupa la calidad del documento. Lo que me estremece es la actitud generalizada del PP, con sus amenazas de lanzar a la calle a sus 700.00 afiliados y, la de algunos del PSOE, ambos puntos de vista se caracterizan por el rechazo rotundo de admitir el documento y discutirlo sin el acaloramiento que enturbia el pensamiento lúcido. Nos guste o no, la realidad histórica en la que nos encontramos obliga a convivir maneras de pensar distintas, culturas diversas que marcan la idiosincrasia de colectividades nacionales, maneras de ser que particularizan a las diversas comunidades autónomas. Esta convivencia obligada por los avatares históricos, debe mantenerse con las mínimas fricciones posibles. Por ello, la actitud que se debe tener hacia el proyecto de nuevo Estatut que se ha presentado en las Cortes para ser debatido sea de la máxima serenidad de parte de los parlamentarios de las diversas ideologías políticas con el propósito de que el análisis a que se le someta tenga la finalidad de buscar el bien de toda la ciudadanía, sea catalana o no.

El problema más grave de convivencia que tenemos los españoles es de que todavía no hemos aprendido que una sociedad tiene un cierto parecido a un cuerpo humano. En ambos se dan la diversidad de miembros. A pesar de que el apóstol Pablo se refiere a la unidad que se da en la Iglesia de Cristo, su enseñanza se puede aplicar perfectamente a una sociedad civil: "El cuerpo no es un solo miembro, sino muchos…Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?…Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?…" (I Corintios,12:14-25).

A pesar de que España pretende ser un Estado cristiano, lo cierto es que no ha calado en su alma el principio bíblico de la diversidad en la unidad. El propósito de algunos de uniformar a todos los ciudadanos, clonarlos, para que todos sean iguales, es un deseo antinatural porque elimina de cuajo el concepto de la diversidad en la unidad del cuerpo. Cuando esta aberración se hace en nombre de un ideal nacional, exaltando hasta el absurdo el concepto de España, en nuestro caso, es decir que se interpone la gloria de la nación por encima del bienestar ciudadano, esta actitud, la Biblia la considera idolátrica porque entre Dios y el hombre se interpone un ídolo: la NACIÓN. Como España se autodefine católica, recordemos que las Sagradas Escrituras cristianas dicen que los idólatras: "no heredarán el reino de Dios" (I Corintios,6:9,10).

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