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Etiquetas:   Política   -   Sección:   Opinión

El desconcierto de Maroto

Mi entrega a las causas que considero justas han sido a cuenta de mi tiempo y de mi hacienda, sin esperar canongías
Nicolás de Miguel
@NicodeMig
viernes, 19 de enero de 2018, 08:57 h (CET)


 En el caso del conservador alavés, parece ser que prima proyectar sobre otro las propias carencias y limitaciones. Un intento de desprestigio del adversario, donde el rigor no cuenta, en esta época que se viene denominando de la posverdad. Y eso es lo ha venido haciendo ora en el Congreso de los Diputados ora en entrevistas en medios de gran tirada en Euskadi. Bajo el formato de un turífero cruzado de la foralidad, he sido el elegido como diana de sus desafortunadas intervenciones. Tanto Albert Rivera, como su grupo paralamentario, no necesita que nadie le explique en que consiste el Concierto y su derivado Cupo. No esperaba por su parte un mínimo de politeness, pero que alguien como usted, vinculado al PP desde que tenía colmillos de leche y fuera alcalde de Vitoria-Gasteiz desconozca la pedagogía, la lectura reflexiva, a tenor de mis imágenes exhibidas en sede parlamentaria, durante el debate sobre el asunto, es preocupante. Usted siga por la senda de las negociaciones mistéricas, que yo sigo a Zubiri o Arregi. Encuentre una sola referencia mía en la que defienda como se calcula, o como prefieren ustedes llamarlo, y que se ajusta más a la realidad: como se negocia.


En una intervención tabernaria, muy alejada de la finezza que se les presupone, intentó desprestigiarme torticeramente aludiendo a mi pasado político. Algo muy propio de quien cree, como dice un refrán español muy conocido y traducido a román paladino, el dirigente del PP cree que todos somos producto del "funcionariado de partido" como él, y que es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada. Yo siempre estuve donde he creído se encuentran las banderas de la libertad, la igualdad y la solidaridad. Lema que he seguido a lo largo de mi vida. Y en el contexto de los aquéllos años de juveniles, cuando milité como independiente en las filas de IU, éstas banderas se encontraban allí. Desconozco en que burbuja o armario se encontraba usted, pero puedo asegurarle que los derechos civiles de los ciudadanos, más allá de los despachos, se conquistaban. Alguien como yo, un ciudadano de clase trabajadora, leída, activista por los derechos sociales, me econtraba donde debía y creía. Puedo asegurarle que entonces lo que preocupaba a la sociedad vasca , además de la banda criminal ETA, los estragos de la droga, las promesas incumplidas... eran las tasas altísimas de paro en Euskadi, que se cebaban sobre los más desfavorecidos, o una reconversión industrial cuyos efectos aún hoy pueden verse en zonas de la geografía vasca. En aquéllos años, la coalición de partidos y personas de las que se nutría Izquierda Unida abarcaban desde desencantados del centroizquierda, como yo mismo, hasta ecologistas. Ignoro donde se encontraba usted cuando IU fue de las primeras -sino la primera- fuerzas políticas que se manifestaba en San Sebastián como tal, el 28J por la defensa de los derechos de lo que hoy se denomina colectivo LGTBI. Mucho antes de que se instaurase el 17 de mayo como Día Internacional contra la homofobia, cuando las concentraciones del Orgullo eran más reivindicativas que lúdicas. Ni creo tampoco que participara de las masivas protestas contra cualquier intentona de retroceso en los logros del Estado del Bienestar. O en las reclamaciones sobre la situación en Timor Oriental... en ese tiempo, nuestra Constitución apenas contaba una década y desde luego el asunto del tinglado político-institucional vasco, aún en construcción, no ocupaba en exceso la mente de una ciudadanía que tenía sus angustias puestas en otras urgencias ya indicadas. Treinta años después, ya no es así. Y no solo sobre el tinglado político-institucional vasco, de España en su conjunto, confeccionado a mayor gloria de la alternacia y la asistencia, en momentos de apuros para los rodillos, del nacionalismo periférico.


Señor Maroto, siempre he intentado ser un ciudadano libre con lo que ello implica, y más para un hombre humilde, porque como ya indicasen las fuentes de las que bebí, "cualquier cosa resulta más fácil de llevar que la responsabilidad y la agonía de la libertad". Mi entrega a las causas que considero justas han sido a cuenta de mi tiempo y de mi hacienda, sin esperar canongías. Ni lo sé ni me importa los años que ha cotizado a las arcas de la Seguridad Social al margen de su actividad partidista, pero le puedo asegurar que ni desde aquellos años de juventud, ni en mi regreso, después de más de dos décadas retirado en los cuarteles de invierno, a la política de partidos, dependí para subsisitir en modo alguno del partido u organización en la que participase. Y por lo tanto jamás cuadré en el modelo cheerleaders del que usted es máximo exponente. Es lo que tiene la duda y el criterio propio . Y se asombraría de que la inmensa mayoría de personas y viejos conocidos con las que me topé bajo las siglas de UPyD, ya en 2011, venían de partidos, plataformas, movimientos u organizaciones de marcado carácter progresísta y con una batería de magníficas propuestas de reformas que necesitaba y necesita España. Y de nuevo, como ciudadano libre de mochilas, con vocación de servicio público e insisto, desde el voluntarismo. Fue un paso fugaz, pues en 2013, creo que fuí el primer ciudadano en Euskadi en afiliarme a Ciudadanos, heredero natural del reformismo sensato y no rupturista, antes de que el proyecto naranja se lanzara en serio a la política nacional, "por las buenas o por las urnas" trascendiendo el limes catalán. Para finalizar invito a la ciudadanía que tire de declaraciones no lejanas, lea y observe los desternillantes giros de opinión, sin parpadear, de usted y su conservador partido: ya fuera en Euskadi, ya fuera en la capital de España o en las Comunidades limítrofes con la CAV por ustedes gobernadas. Por no comentar la utilización del mayor oportunismo, bajo los efectos devastadores de la Gran Crísis, para con los presuntos fraudes en las ayudas sociales. Eso ya tiene nombre y se llama aporofobia. Es lo que tiene el populismo y la demagogia. Mientras tanto, la solidaridad que prima entre la ciudadanía de la calle que puede quedarse en la calle, hace que otros que venimos de la sociedad civil, acojamos refugiados en nuestra casa y esperamos que Visegrado no sea más que un cuento de terror en las excursiones campestres para niños y púberes educados en los valores que deben ser corazón, sustento y estandarte de esta Europa en la que emergen desafiantes fuerzas oscuras que amenazan dichos valores. Yo siempre señor Maroto, estaré donde estén las banderas de la libertad, la igualdad, la solidaridad y la unión. 

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