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Cortedad de visión globalizada

Pascual Falces
Pascual Falces
lunes, 17 de octubre de 2005, 23:33 h (CET)
Bastantes de los acontecimientos que suceden y no se entienden, tienen su explicación en las extraordinarias dimensiones alcanzadas por el entorno global del hombre durante el final del pasado siglo, y los cinco años escasos transcurridos de este. Sobra añadir el decisivo papel jugado por el desarrollo tecnológico. Cuando lo que envolvía al hombre era su calle, su barrio, o su pueblo, sólo los más audaces rompían con esos límites y dieron lugar a la alcurnia de los grandes viajeros, descubridores y conquistadores de lo desconocido. Entre todos ellos, ayudados por los intérpretes intelectuales de lo descubierto, la Tierra se hizo asequible. Llegó a confirmarse lo asimilado, de modo fehaciente, con las fotos del “planeta azul” que trajeron consigo los primeros cosmonautas, y, haciendo un enorme esfuerzo de humildad, se identificaron minúsculos puntos en la corteza terrestre que se correspondían con grandes ciudades, y sinuosas y finas líneas con los grandes ríos.

Esta consideración, a juzgar por el desconcierto que se distingue, no se ha generalizado, o, al menos, interiorizado en la mente humana en cuanto a su expresión de opinión pública. En consecuencia, el desbarajuste se ha extendido. Si el hombre no sabe dónde está, mal puede saber hacia donde ir. Los conductores de masas que señalaban el camino a seguir, son parte de la Historia, y, hasta es posible, que, afortunadamente. Así se ven, ahora, las colectividades humanas desorientadas, sean de la condición que fueren; da lo mismo los intereses que les mueva. Un problema que se ha hecho presente, es el de que “algunos” si saben donde están; son los retenidos por la miseria, indigencia y pobreza. Estos son sus horizontes para el desarrollo personal, o la obligación de sacar adelante una familia. Quien así permanece, trabado en su mínimo entorno, ve pasar desorientadas a esas otras masas, que, a través de transistores y aparatos de televisión, reciben una información de privilegio que han de asimilar para resolver su propia incógnita.

El “carajal” de las Autonomías y sus aspiraciones estatutarias es un buen ejemplo de una sociedad, como la española, que vaga aturdida en búsqueda, al menos, de su futuro y de sí misma. Las “cumbres”, como la última celebrada, son picachos que carecen de base piramidal; algo que flota pretenciosamente, sin base que le sostenga. ¿Quién se ha sentido allí representado, o ha vibrado ante una conclusión que le pueda afectar? Es la masa de gobernantes despistada ante la nueva dimensión del globo. La frontera de muerte y humillantes deportaciones, no sólo se encuentra en los desiertos de Nuevo Méjico o Arizona, o en la llamada “puerta de Europa”, en Melilla. Se puede hallar ante cualquier intento de salvar la distancia entre los que permanecen sujetos en su mísera cabaña, y las corrientes desarrolladas que pasen ante su vista.

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