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Opinión
Etiquetas:   Historia  

Metapsíquica inútil

El nihilismo es el resultado de buscar el sentido de la vida por caminos equivocados
Octavi Pereña
martes, 16 de enero de 2018, 07:03 h (CET)
En la Lleida de principios del siglo XX los prohombres de la ciudad eran aficionados a la metapsíquica, que trataba de manera científica los fenómenos paranormales popularmente conocidos como espiritismo que implicaba la posibilidad de comunicarse con los muertos mediante determinadas técnicas. Este tema lo trata Màrius Blàvia en la novela La llama de oro que está ambientada en la Lleida de aquella época. El protagonista del relato es Neftalí Miravall<7b>, hijo de médico y estudiante de medicina en la Universidad de Barcelona. Durante las vacaciones de verano el joven conoce a Laura de la que se enamora locamente. En otoño regresa a Barcelona para proseguir con sus estudios. Le extraña que de súbito deje de recibir cartas de su amada. Durante las vacaciones navideñas regresa a Lleida. Lo primero que hace es buscar a Laura. Ha muerto. Furtivamente entra en el pisito que la joven tenía alquilado en donde pasaba momentos de meditación. Sentado en el balancín Neftalí piensa en su Dulcinea. Ensimismado en sus pensamientos el tiempo pasa velozmente. De repente, a sus espaldas “oye un ruido extraño”. Al darse la vuelta “pudo ver la figura de una dama”. Gritó: “¡Laura, Laura!” No era Laura. “La voz era extraña, femenina, pero con unos suaves tonos metálicos”. La voz espectral le dice: “Laura ya hace tiempo que no está en este mundo”. “¿Dónde está ahora?” pregunta intrigado el estudiante de medicina. El espectro femenino le responde: “Hijo mío, no me corresponde a mí decírtelo. A mí solamente me corresponde llevarme a la gente al Otro Lado, si quieres decirlo así. Donde van no es cosa mía. Ni tuya, creo…” Neftalí le espeta al espectro la pregunta que se hace todo el mundo: “¿Ni tan sólo puedes decirme si hay vida después de la muerte, si se puede tener aun cuando solamente sea un poco de esperanza?” La voz espectral le responde: “Este es un misterio con el que hemos de convivir, yo, te lo aseguro, no puedo resolvértelo. No forma parte de mis atribuciones”.

Me imagino que el autor de la novela se habrá documentado a fondo antes de escribirla y que fruto de su investigación habrá llegado a la conclusión de que la metapsíquica científica o el ocultismo popular no son instrumentos válidos para saber con certeza lo que se esconde más allá de la muerte.

Referente a la muerte de < b>Sylvia Browne
, una de las videntes más prestigiosas del mundo, después de detallar una serie de fracasos, Quim Monzó, escribe: “Esto es una pequeña muestra de videncia. Mucha gente no puede entender como sus libros encabezan las listas de los más vendidos. Incluso ahora, estas dos semanas de su muerte, en Amazon se venden como rosquillas. ¿Por qué? Pues, porque, a parte de algunas excepciones, la gente es básicamente burra, sea dicho con todo respeto”.

Referente a los horóscopos que tantas personas leen, el periodista Jon Sintiaga, escribe: “Conseguí quedarme (en la redacción) haciendo horóscopos. Por eso no los leo. Sé cómo se hacen, ja, ja” La experiencia metapsíquica ha dejado inquieto a Neftalí. Se dirige a su padre que es médico para decirle: “Quiero hablar contigo, padre, tú que has sido y sigues siendo mi guía, dime, ¿qué hacemos aquí? “ El progenitor le dice: “¡Esto sí que es bueno! ¿Quieres decir que esta pregunta no te la han resuelto ya los catedráticos”. “No hablo de medicina ahora”, le dice el hijo, “quiero saber el sentido de la vida”. “Retroncho”, le dice el padre, “esto es de cajón”.

La conversación que no lleva a ninguna parte hace que Neftalí pregunte a su padre: “¿Así la vida no tiene sentido?” Ramón Miravall padre de Neftalí le dice a su hijo: “Ya lo ves, siento decepcionarte, buen chico, pero esta es la más pura verdad del mundo y no hemos venido a hacer nada, nada de profundidad, nada con cara y ojos, nada que nos quite el sueño y las ganas de vivir, ni tan solo para gritar a nadie. Es tal como suena; estúpido y primitivo. Es decir, nada. Por lo tanto dentro de unos límites naturales, de unos parachoques éticos, haz lo que quieras, lo que te parezca, seguro que estará bien. Al fin y al cabo, no hay ninguna cosa que sea importante, en que, sea por el artículo veintinueve, o ves a saber qué, tengamos que dar cuenta lo suficientemente severos a nada”.

Considerando el libro, su lectura nos deja en un nihilismo frustrante. Al filósofo Rüdriger Safrauski se le pregunta: ¿Nietzsche y el nihilismo espiritual siguen vigentes en este mundo de hoy? La respuesta que da: “Sí, sí, sigue siendo muy válido. Es el gran problema que lo está socavando todo. Una sociedad funciona si tiene un sólido cimiento de valores, y estos valores son normalmente de carácter religioso. El islam está en auge porque desde el punto de vista espiritual tiene un cimiento muy fuerte. En Europa, en cambio, el cristianismo está en retroceso”, El filósofo judío Viktor Frankl considera que el vacío existencial es la neurosis colectiva de nuestro tiempo y describe este vacío existencial como “un forma privada y personal de nihilismo, y el nihilismo se define como una radical afirmación de falta de sentido del hombre”.

Una declaración de Jesús que se anuncia en los entierros y que desgraciadamente entra por un oído y sale por el otro: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté murto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? (Juan 11: 25, 26), pregunta Jesús.
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