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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

La locura de pensar

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 17 de octubre de 2005, 02:20 h (CET)
No andamos sobrados de pensadores con la formación y dedicación como la ejercida por José Ortega y Gasset; mucho menos, cuando en su caso se dan las circunstancias añadidas de haberle tocado vivir en esa turbulenta primera mitad del siglo XX, con todo lo que supuso para España ese periodo; nada menos que Primo de Rivera y II República en lo político, incultura nacional, y esa horrorosa culminación en la Guerra Incivil y la parte principal de la postguerra.

Sus muchas aportaciones han supuesto un importante impulso vital para varias generaciones de españoles, sobretodo tratando de acercarnos a Europa, repensando a la vez el sentido de un auténtico ciudadano, participativo y cabal. Dado que estos días se cumplen 50 años de su fallecimiento, como recuerdo, aún resulta refrescante la relectura de alguno de sus escritos célebres. Y eso, sin grandes pretensiones, como un juego, con ese sentido deportivo que trataba de inculcar a las labores sociales.

Escojo unas líneas de la carta que escribió con motivo del nacimiento de su hijo, en las que dice así: "Yo deseo que el hijo sea tan descontentadizo como yo, pero más alegre, más fuerte y más serio; que sea un combatiente, que tenga menos sentido común que su padre, que padezca por la justicia; que rompa con las supersticiones de su familia y de su patria, que cumpla sobre todo con las más dolorosas obligaciones, que sea un temperamento religioso, siempre que por religión se entienda algo digno de ser llamado así y no la barbarie que suele denominarse religión".

Fácilmente detectamos la renovada actualidad de las recomendaciones referidas en ese párrafo. No cabe duda, ante un ambiente poco dado a la reflexión, intenta plasmar un proyecto-deseo para su hijo, constitutivo de todo un ideario personal. Como ocurría entonces, me pregunto si en alguna otra época se han practicado las reflexiones con la suficiente profundidad. Por las trazas observadas en la historia, eso de pensar poco resulta contemporáneo de casi todos los tiempos. No será poca cosa comenzar con ese talante ALEGRE que menciona, seriedad y alegría no deben estar reñidas.

El adocenamiento y la pereza surgen al menor descuido, con pasmosa facilidad se adapta uno al tono general, se dice, se hace, no merece la pena discutir. De ahí el interés que recalco, para desearle al hijo menos sentido común, más INDEPENDENCIA de CRITERIO. La ramplonería del entorno debió parecerle poco aconsejable. Y desde luego la mediocridad es lo más común, demasiado común. Una cosa es buscar el bien para todos, el bien común; muy diferente es el sentido común, demasiado común y acomodaticio, en demasiadas ocasiones.

No pide que sea justo su hijo, sino que padezca por la justicia, dejando entrever la imposibilidad de una Justicia establecida fijamente; abriendo las perspectivas, deseando que se preocupe por esa batalla de cada día por ir mejorando. Primero sentirse afectado, para reaccionar hacia una búsqueda concreta y adecuada. Que no permaneciera indolente ante los desmanes diarios en ese terreno. SENTIR su circunstancia humana y ciudadana.

Hoy en día resulta muy chocante eso de cumplir con sus obligaciones. ¿Será verdad que alguien pretenda hacernos pensar en obligaciones? ¿Qué será eso? No se trata sólo de un relativismo liberador, ya alcanzamos una tabla rasa que no permite ni comparar actitudes. No es el libre albedrío, es que tenemos un albedrío con poca brújula. Así que eso de las OBLIGACIONES suena a rancio, como mínimo. Qué ocurriría ahora si nos replanteamos hacia qué cosas o personas debemos sentirnos obligados, en muchos casos ni se entenderá el razonamiento.

Si lo anterior choca, el órdago viene con eso de romper las supersticiones de su familia o su patria. ¿Será posible una actitud así? Más bien detecto la tergiversación actual de los conceptos, menor claridad para entender eso de familia o patria, frente a una elevación de las SUPERSTICIONES a mitos y a realidades intangibles. ¡Menudo el deseo del padre! De no ser un héroe su hijo, lo debió de tener difícil, y en aquella época, todavía...

No se anda con medias palabras, fíjense en ese anhelo por un temperamento RELIGIOSO. Otra esquina puntiaguda al confrontarla con estos primeros años del 2000. Menos mal que lo perfila para que no nos confundamos, ha de ser una religión digna de ser llamada así. Tanta historias y barbarismos se han desarrollado en nombre de la religión que ya no sabe uno a que atenerse. Como queramos tener claro todo esto, labor habrá, y trifulcas.

Es evidente una primera apreciación, ni a su hijo, ni a nosotros, ha de resultarnos fácil el acercamiento a los asuntos cotidianos con esa apertura, alegría y seriedad mental. Sí, alegría y seriedad. Es menos trabajoso amoldarse a lo establecido, aunque la dignidad requiera presencias personales. El esfuerzo no está entre las modas dominantes.

A la vista de todo ello, Vds. y yo ¿Qué actitudes tomamos? De izquierda, de derechas, mediopensionistas... Cierro aquí el comentario con aquellas palabras de Ortega: "Ser de izquierdas es, como ser de derechas, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil, cuando, en efecto, son formas de hemiplejía moral".

¡Caray! ... y encima uno no puede ser hemipléjico, con lo que se usan las etiquetas en todos los ámbitos.

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