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Etiquetas:   Color púrpura   -   Sección:   Opinión

Macarena López

lunes, 17 de octubre de 2005, 02:20 h (CET)
Tú, que tal vez no has visto nunca a menos de diez centímetros de ti a un niño llorar de hambre. Tú, que quizá no hayas sentido la desesperación que provoca el dolor en la piel humana. A lo mejor, y por ello das gracias, no has tenido que vivir una guerra en carne propia y, es posible que no tengas que pasar noches en velas a diario para saber cómo y dónde irás a buscar la comida para tus hijos.

Lo mismo no has sufrido el maltrato del racismo, ni lo vomitivo de la violación. Tú, tal vez no hayas trabajado más de doce horas en condiciones inhumanas, no recibiendo nada a cambio. ¿Alguna vez te prostituiste para poder comer?, ¿es tu vida diaria un rompecabezas donde la seguridad y el plácido sueño no se reúnen ni tan solo en Navidad?

Tú, que probablemente no pasas frío de noche tirado en un desierto perdido a la mano de Dios. Tú, ¿has viajado en autobús esposado y sin nada que llevarte a la boca? Quizá tú no has tenido que cruzar el mar en patera, ni has tenido que ver morir a tus hermanos o hermanas. Y a lo mejor tampoco has llegado a tierra extraña al borde de la hipotermia y la desesperación.

Tus ojos no se llenan de lágrimas a diario por ver a tus compatriotas morir abandonados, mientras el mundo entero les da la espalda. Tú, que no revisas los libros de Historia, es posible que no repares en que esto puede ser un genocidio.

Y si tienes suerte no saltarás nunca una valla para huir de la persecución y la muerte, para escapar de la pobreza y la humillación. Ojalá tú, que estás leyendo esto, no tengas que abandonar a tu familia para buscar un futuro mejor, ni tengas que rogar por tu vida, ni rezar a medianoche a un dios que no conoces y que jamás has visto, y quién sabe si algún día verás, para pedir por tu vida, para pedir por los tuyos. Ojalá no seas abandonado a la intemperie, ni asesinado por tu color de piel, ni por tu religión. Espero que no debas dejar tu país por ser, a los ojos de muchos poderosos, ‘diferente’.

Y mientras pido por ti, desde mi lugar privilegiado, bajo un techo que me da calor cada noche, en un lugar donde con mis seres queridos me reúno en vida, hay cientos, miles de personas que no tienen estos privilegios, y que a años luz de conseguirlos ven violados sus derechos. Tú, que los conservas, que por tu posición puedes llegar a leer esto en la pantalla de un ordenador, súmate a la minoría que quiere unir su voz, para que la diferencia de razas no sea importante, para que todos seamos iguales, para castigar a los que se sienten seguros de su posición. Únete, lucha y practica la empatía, porque quizá tú, algún día, tengas que vivir el horror de una guerra, que sin caracterizarse al 100% por los tiros ni los cañones, si se ve protagonizada por sentimientos como el egoísmo que está en condiciones de enfrentar entre sí a los hombres.

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