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Etiquetas:   Cine   -   Sección:   Cine

Sitges 2005: Vendettas en femenino

Redacción
sábado, 15 de octubre de 2005, 22:03 h (CET)
Que la venganza constituye uno de los temas favoritos de los directores de cine es algo que a nadie se le escapa. Y menos a nadie que este año se haya acercado al festival de Sitges para ver películas como Sympathy for Lady Vengeance, Election, The Devil´s Rejects o incluso Sky High, todas ellas con el tema de la venganza como eje de su discurso. Hoy, la querencia del festival por los ajustes de cuentas ha tocado techo con dos títulos clave para los aficionados a las historias truculentas: La Monja y Hard Candy.

Gonzalo G. Velasco / Enviado especial Festival de Sitges
La primera de estas películas surge de una idea original de Jaume Balagueró, director de Frágiles, Darkness y Los Sin Nombre, acerca de una monja asesina. El guionista Manu Diez esculpió la idea (y su personaje principal, al que convirtió en espectro), el montador Luís de la Madrid se puso a la cabeza del proyecto en calidad de realizador, y la Fantastic Factory de Julio Fernández, quien hace dos días recogía un premio en este mismo festival por toda su labor creativa, aportó todos los fondos necesarios para que la monja malévola encarnada por Cristina Piaget tomara el relevo de los especialistas en esquilmar adolescentes más famosos de los ochenta: Freddy Krueger, Michael Myers y Jasón Voorhes.

El resultado es uno de los films más simpáticos y entrañables que se han proyectado en Sitges a lo largo de esta semana (exceptuando cualquier producto mostrado en la sección Brigadoon, donde ha habido ciclos hasta de películas sucedáneos de tiburón). Con gran desparpajo, atrevimiento, y confianza en los eternos recursos de la serie B, la monja narra la historia de un grupo de chicas perseguidas literalmente por un fantasma de su pasado que las va matando una por una según las muertes de sus respectivas santas patronas en la tradición cristiana. Como vemos, la sombra de Seven es alargada. Aunque más allá del film de Fincher, Luís de la Madrid toma como referencias muchos otros títulos del body-count tradicional de los ochenta (además de las sagas de Viernes 13, Halloween y Freddy Krueger, el espíritu de La Profecía y sus muertes ingeniosas puede paladearse en el diseño de los asesinatos), ciertos elementos del terror japonés (el agua con vida propia, por ejemplo) y esa molesta tendencia del cine fantástico más reciente a supeditar la coherencia, fluidez, y calidad de la trama, a la consecución de un epatante twist final de carácter pseudo-imprevisible.

En suma, que la Fantastic Factory ha vuelto a ofrecer a sus seguidores más de ese celuloide entre hilarante y sobrecogedor que tanta falta hace en nuestro país. Cine sin complejos ni pretensiones, vibrante, ligero, de exquisita factura visual, pero consciente de sus propios límites retóricos. Un divertimento diseñado ex profeso para el público prototípico del festival Sitges, gente que, como yo, nunca logrará ver con otros ojos que no sean los de la benevolencia nostálgica, este tipo de películas.

Hard Candy ya es otro cantar. Recuerden el título del film. Porque más tarde o más temprano, oirán hablar por todas partes de él. La película del debutante David Slade ha nacido para la polémica. Lo saben muy bien en el Festival de Sundance, donde su proyección desató un revuelo de los que hacen historia entre la comunidad cinematográfica. ¿Por qué?, se preguntarán. Pues porque sitúa los sentimientos de identificación del espectador con respecto a los dos protagonistas casi exclusivos de la función, en una tesitura muy comprometida, y por supuesto, porque contiene la media hora de cine más angustiosa que recuerdo en mucho tiempo. No puedo decirles más a riesgo de estropearles la sesión. Lo único, que estamos ante una película de planteamiento rayano en lo teatral, con unos diálogos perversamente brillantes, narrada con la convulsa frialdad que la trama requiere, y que su protagonista femenina, la jovencísima Ellen Page, lleva a cabo una labor interpretativa extraordinaria al salir airosa del complicado atolladero de encarnar a un personaje con tantos matices (y contradictorios), como Hayley.

No se la pierdan. Ya sea en Sitges o en cualquier otro sitio. Les prometo que no les dejará indiferentes, sobre todo si... bueno, mejor dejarlo aquí. Mañana, más.

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