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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Sentido y sensibilidad presidencial

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
sábado, 15 de octubre de 2005, 04:57 h (CET)
El imperio de la ley es la garantía de la convivencia, sus reglas tienen el límite marcado por la Constitución que el pueblo aprobó por mayoría. Los sentimientos colectivos e individuales no tienen tratamiento legal, que no sean los deducidos de la interpretación de las leyes. El cumplimiento de las mismas obliga a todos, no siendo eximente la negligencia, inobservancia o desconocimiento. Denominada prevaricación cuando el incumplimiento se hace desde los poderes públicos.

El oscurantismo del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, manifestado en múltiples reuniones a puerta cerrada, conecta con una especial visión interpretativa de la ley, oculta a la opinión pública. Un Estatuto cuya esencia impregna la anticonstitucionalidad, intenta venderlo transformándolo en "un Estatuto limpio como la patena". Combinando la magia y el iluminismo, tiene "como ocho fórmulas" para el término nación, no nos va " a decir quién la conoce", según sus palabras. La ley y los textos jurídicos pueden tener varias interpretaciones máximas, pero la única válida es la unificada por el Tribunal Supremo y la del Tribunal Constitucional en estas materias. Las formulas mágicas quedan para la alquimia, el secreto para la quiromancia.

Creyéndose poseedor de la piedra filosofal, él guarda la fórmula en el tarro de las esencias. Fórmula que compatibiliza el sentimiento de nación que él dice que tienen los catalanes, con el sentimiento del resto de los españoles ( se referirá a la inmensa mayoría que incluso viven en Cataluña y que apoyan la Constitución).

Cuando la esencia misma de España, la nación como concepto preconstitucional de raigambre jurídica por plasmación de hechos incontrovertibles, Rodríguez dice que "no es un problema jurídico, sino de sensibilidades y sentimientos", los derechos se acabaron. Interpretada la ley, de más alto rango, desde el sentido y la sensibilidad que pregona tener el presidente, estos serán iguales al de cualquier ciudadano garantizados por la propia Carta Magna.

Una mayoría del pueblo según reflejan las encuestas, no coinciden con las sensibilidades y sentimientos del presidente del gobierno en la aplicación de la ley. No tienen pués el sentimiento de tener un presidente de todos los españoles. Dada la controversia en un Estado democrático de derecho, la interpretación sólo cabe en las urnas. La fórmula mágica ni entra, ni forma parte del mundo de los mortales a los que juró gobernar acorde a la Constitución. El mal está hecho, convoquénse elecciones anticipadas, para evitar agrandarlo.

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