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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El Sur tambiém existe

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 14 de octubre de 2005, 01:44 h (CET)
Me he permitido tomar el título de un poema del uruguayo Mario Benedetti para encabezar esta columna de hoy. “Con su esperanza dura/ el Sur también existe”, estos versos los escribió Benedetti desde ese eterno Sur, no sólo geográfico, que está formado por los países latinoamericanos, donde el hambre, las catástrofes naturales, los políticos corruptos o las dictaduras militares son el pan nuestro de cada día. El Norte del que habla el poeta, ese Norte que “con sus llaves del reino” es el que ordena está representado por ese Primer Mundo que cierra sus puertas a las hordas invasoras que con hambre de siglos en el cuerpo tratan de recoger las migajas de la opulencia jugándose la vida si ello es necesario. Pero el Sur, ese Sur de fe veterana y esperanza dura, hoy existe mucho más allá de las fronteras latinoamericanas y, también, de las geográficas. Hoy el Sur cantado por Benedetti está también en los continentes africano y asiático. E incluso en los arrabales de las grandes ciudades europeas o norteamericanas. Recuerden Nueva Orleáns con su Sur anegado por las aguas mientras los ciudadanos de su Norte habían podido escapar de la tragedia.

Los españoles, un día ahora felizmente lejano, también fuimos parte de ese Sur con años de hambre disponible. Por estas fechas las estaciones de las principales ciudades se llenaban de familias de jornaleros que acudían a la vendimia francesa para ganar unos francos con los que poder pasar el invierno. Otros dejaban atrás mujer e hijos para acudir a cualquier cadena de montaje en Alemania o bien a hacer de cocineros o camareros en Suiza. Y muchas jóvenes dejaron su casa para ir a servir de “bonnes”, criadas, en Paris. Sus remesas de dinero fueron una gran inyección de aire fresco para la migrada economía española de aquellos años. Tal y como ahora pasa con los marroquíes, polacos, colombianos o ecuatorianos que desde aquí mantienen a sus familias en lejanos países. Pero nuestra memoria es corta y todos hemos hecho borrón y cuenta nueva de nuestro pasado de emigrantes. Ya no se escuchan aquellos viejos discos dedicados en las viejas radios donde Juanito Valderrama, Antonio Molina o Concha Piquer cantaban a una patria que quedaba lejana para algunos millones de españoles mientras las familias lloraban recordando al ausente. Nadie quiere recordar un pasado de hambre y sufrimientos.

Hoy somos el Norte, “con sus predicadores/ sus gases que envenenan/ su escuela de chicago/ sus dueños de la tierra/ con sus trapos de lujo/ y su pobre osamenta/ sus defensas gastadas/ sus gastos de defensa”. Somos el Norte y la primera frontera europea frente a ese Sur hambriento que no duda en jugarse la vida para recoger nuestras sobras. Estos días hemos visto en los telediarios, mientras en nuestra mesa humeaba un plato caliente, a centenares de gentes de otra raza intentado romper las puertas de alambrada que hemos puesto al campo para intentar vivir y hemos visto cómo eran rechazados en la primera puerta del Primer Mundo o tiroteados por agentes de un ejercito, el marroquí, que pertenece a su mismo Tercer Mundo. El problema es de difícil solución. Ningún país, y España tampoco, puede aceptar a todos los emigrantes que quieran llegar a sus tierras. Hay una legislación y hay que cumplirla y hacerla cumplir. Pero por encima de toda ley están los Derechos Humanos y en esta ocasión no parece que se hayan respetado. Las medidas necesarias debían haberse tomado mucho antes, presionando al Gobierno marroquí, que tan buenas relaciones tiene con el Rey español, para que evitara las concentraciones a pie de frontera de tantos y tantos subsaharianos. Pero tal vez a Marruecos le interesaba llegar a la actual situación para pedir más ayudas económicas o para hacer fuerza en las negociaciones pesqueras. Por esta falta de previsión hoy hay centenares de personas metidas a la fuerza en autobuses vagando por el desierto sin saber cual será su destino. Y si no se toman medidas acertadas volverán a recorrer miles de kilómetros para llegar de nuevo a las puertas de la opulencia y la libertad.

Y a río revuelto ganancia de pescadores. El PP ha sacado toda su flota pesquera y desde la calle de Génova se ha atacado al gobierno socialista con falsedades como la de insinuar, amplificado por sus voceros mediáticos, que se está pactando la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos. Por cierto algún día se tendrá que hablar seriamente de este tema. El Sr. Rajoy, olvidadizo él, acusa al actual gobierno de tratar sin compasión a los emigrantes olvidando aquel “tenemos un problema y se ha solucionado” cuando Aznar y su gobierno deportaron a decenas de emigrantes drogándoles en un avión. D. Mariano, antes de hablar mírese las hemerotecas y así no meterá la pata tantas veces, aunque estoy convencido que ustedes mienten a sabiendas y para atizar el fuego del odio y el rencor.

Pero el Sur también existe “pero aquí abajo abajo / cerca de las raíces/ es donde la memoria/ ningún recuerdo omite/ y hay quienes se desmueren/ y hay quienes se desviven/ y así entre todos logran/ lo que era un imposible/ que todo el mundo sepa/ que el sur también existe”.

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