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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

Declive del desfile

Pascual Falces
Pascual Falces
viernes, 14 de octubre de 2005, 01:41 h (CET)
Si alguien se entretuviese en recoger opiniones acerca del desfile de las Fuerza Armadas que se ha celebrado a lo largo del paseo de la Castellana en Madrid, en el día de hoy, Festividad de la Virgen del Pilar, no hay duda de que serían numerosas y distintas, además de dispares. Está claro que el unánime entusiasmo que llegaron a provocar estas demostraciones de la fuerza de un país, va cayendo en desuso. Los tiempos cambian, aunque suene a tópico, y, con ellos, los hábitos de exhibición y alarde corporativos.

De algún modo, se puede atribuir este declive a la mutación de la misma esencia del ejército. Durante todo el año, desde la anterior celebración, se ha mostrado con preferencia, su función humanitaria o protectora de la legalidad. Si esto es así, la pregunta es inmediata: ¿Por qué no han desfilado, también, la Cruz Roja, o Médicos sin fronteras, o el resto de organizaciones que han contribuido al bienestar mundial? El ministro de Defensa tampoco ha contribuido mucho a enardecer la admiración hacia lo castrense; se ha limitado a señalar su papel en misiones de paz, y a que ha subido el sueldo de los empleados del Ministerio (sic). Ambas cosas están muy bien, para ellos y para todo el mundo. Los tiempos del “soldadito español”, de reemplazo, y que deseaba ser enterrado con la bandera española si caía en tierra extraña, en efecto, a excepción de dolorosos accidentes, quedan lejos; cosa que también está muy bien. Sucede, que, lo anterior, equivale a situar el ejército de este país en un lugar de la Historia parte del nuevo Museo del Ejército en la ciudad de Toledo. Las dificultades actuales de los españoles, no las resuelven los cañonazos; mucho mejor todavía.

Más, este análisis conduce a la utopía de pensar que ya no es preciso defenderse, y que la paz y armonía, salvo conflictos lejanos y muy señalados, se han impuesto en la Tierra. Desgraciadamente, esto no es así, por muy deseable que sea. El desarme mundial, y la conversión definitiva de las fuerzas armadas en ejemplares “Oenegés”, no se ha firmado, ni tan sólo propuesto. Las “hazañas bélicas” no pertenecen exclusivamente a los marines estadounidenses, ni a los guerrilleros que brotan tras descontentos políticos. La literatura de guerra carece de actualidad fuera de las escuelas de los estados mayores. Se vive un “impasse” bélico en el que un país se identifica más con la consistencia de las arcas de la Seguridad Social que con sus fuerzas armadas. Desde esta posición, a la de realizar una profunda revisión de cómo celebrar con fastos la Fiesta nacional, hay un trecho en el que es preciso convocar concurso de ideas. El desfile victorioso de las legiones romanas fue dando paso a las atracciones para el pueblo en el Coliseo.

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