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Noticias falsas

Mentimos tan a menudo que terminamos creyendo que lo que decimos es verdad
Octavi Pereña
miércoles, 3 de enero de 2018, 08:32 h (CET)
Victor Kubik, refiriéndose al escrito ¿Por qué mentimos publicado en National Geographic en junio de 2017, comenta: “El escrito en National Geographic intenta demostrar que mentir forma parte de la naturaleza humana. Algunos pueden erróneamente y peligrosamente derivar a disculpar o justificarla. El autor indica que investigadores en ciencias sociales y neurólogos creen que mentir sin restricciones se considera profundamente enraizado en la condición humana. El autor no intenta afirmar que la mentira sea algo bueno. Pero confirma una terrible verdad: mentir es algo en que muchos de nosotros somos maestros. Mentimos fácilmente, grandes o pequeñas mentiras, a extraños, a compañeros de trabajo, a amigos, a personas amadas”. La mentira es omnipresente. Nadie es inmune a ella. Da lo mismo que uno sea un científico, no vacila en presentar como propios trabajos de investigación ajenos. Se presentan denuncias por plagios musicales, literarios, estudios realizados…Allí en donde se encuentra una persona le acompaña la sombra de la mentira. Se pueden dictar leyes para extirparla que no sirven para erradicarla, porque las leyes no cambian la naturaleza humana.

El noveno mandamiento de la Ley de Dios, declara: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16). Esta declaración se acostumbra a resumirla en dos palabras: “No mentirás”. La Ley de Dios no tiene el propósito de denunciar un comportamiento con la finalidad de conseguir que el ser humano no haga lo que prohíbe. El objetivo de la Ley de Dios no es hacer buenas a las malas personas. Todo lo contrario, hacer ver a las personas que son malas y que no pueden dejar de serlo. El dirigente de Israel que se acerca a Jesús para preguntarle: ”¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” (Lucas 18:18). El Señor le dice que guarde los mandamientos. La respuesta que Jesús recibe es: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud” (v.21). Al oír esto Jesús le dice: “Aún te falta una cosa: Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo, y ven, sígueme” (v.22). La reacción del dirigente de Israel al oír esta respuesta fue: “Oyendo esto se puso muy triste, porque era muy rico” (v.23). El dirigente de Israel creía que cumplía los mandamientos de la Ley de Dios. En el momento en que Jesús rasca las profundidades de su corazón se descubre que la tal persona tenía el dios dinero que no era el Dios a quien tenía que amar por encima de todas las cosas.

La incapacidad del ser humano de guardar la Ley de Dios la pone de manifiesto Santiago cuando escribe: “Porque cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofende en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la Ley” (Santiago 2: 10,11). Jesús fue mucho más allá del pecado tangible cuando dijo: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5: 27,28). De la misma manera que el adulterio espiritual forma parte de la naturaleza humana, y hoy más que nunca cuando la difusión de la pornografía por Internet al alcance de todo el mundo, sin excluir a niños y adolescentes, la mentira es imposible que la humanidad controlada por Satanás, que es el padre de la mentira, pueda superar este pecado.

Según el artículo publicado por National Geographic el 22% de las personas mienten para tapar una trasgresión personal. Un 16% miente y defrauda para conseguir beneficios económicos. Otro 15% miente para obtener beneficios que van más allá e los económicos. Un 14% miente para evitar perder alguna cosa. Otro 8% miente para mejorar la imagen personal. El resto de las mentiras va entre explicar exageraciones para hacer reír a las personas, para hacer daño, para quedar bien, no molestar y por otros motivos. La expansión de la mentira es decepcionante. Produce muchos estropicios políticos, económicos y sociales.

“Martillo y cuchillo y saeta aguda es el hombre que habla contra su prójimo falso testimonio” (Proverbios 28:18), es el concepto que la Biblia tiene de la mentira. El hecho de que el texto utilice tres armas que los soldados utilizaban en las guerras de la antigüedad pone al descubierto el poder que tiene la mentira para hacer daño. He aquí la importancia que tiene el mandamiento: No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”

Durante la pasada campaña electoral algunos de los candidatos a la presidencia de la Generalitat de Catalunya esgrimieron declaraciones que caben perfectamente en la categoría legal de incitación al odio. La ley, si lo hace puede sancionar hechos, pero es incapaz de cambiar las inclinaciones del corazón del que brotan sentimientos que la lengua transforma en martillos, cuchillos y saetas agudas. Es por ello que las fake news, noticias falsas proliferan tan abundantemente durante las campañas electorales.

Unos textos de la carta de Santiago:

“Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos a Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a semejanza de Dios” (3: 8,9).

“Y la lengua es un fuego un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (3: 6). Este texto nos informa del origen de la mentira y por lo tanto nos proporciona la receta para curarla. Nos indica que nace en el infierno, manera de decir que las personas que tienen lenguas como martillos, cuchillos y saetas agudas se originan en Satanás que es el padre de la mentira. Por nacimiento natural todos nacemos siendo hijos espirituales del diablo. Esta es la razón por la que a mentira crece tan ufana como las malas hiervas. Por la conversión a Cristo el hijo del diablo se convierte en hijo de Dios y la verdad de Dios empieza a manar de su corazón como aceite que apacigua al otro. No son palabras que encienden pasiones sino palabras que hacen la convivencia más llevadera.
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