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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Razón de Estado

Octavi Pereña
Octavi Pereña
viernes, 14 de octubre de 2005, 01:44 h (CET)
¿Qué es lo que mueve a la acción política, sea en el gobierno central, autonómico, provincial, municipal, o en cualquier otro lugar en donde se toman decisiones de gobierno? Me preocupa en gran manera la frase: es una razón de estado" o parecidas. Tomar decisiones por razón de estado sin tener en cuenta ninguna otra razón puede llevar a que se cometa cualquier tipo de abuso que atente contra los más elementales principios de justicia. Si en cualquier nivel de la Administración se llega a pensar como el rey francés que decía "el estado soy yo", se podrá hacer y, de hecho se cometen, todo tipo de extorsiones que no beneficiarán en lo más mínimo a la ciudadanía. El caso del joven electricista brasileño abatido con ocho balas en la cabeza por el mero hecho de ser un posible terrorista, es una pequeña muestra de lo que puede pasar si la razón de estado prevalece sobre la justicia. Las disculpas posteriores ni las indemnizaciones sirven de nada si la orden de preguntar después de disparar no se anula.

Tomar decisiones injustas por razón de estado es como un bumerang que golpea, si no vigila, a quien lo ha lanzado. Un día, los dirigentes de Israel tomaron una decisión impulsado por una razón de estado: "Vale más que muera un solo hombre (Jesús) que no se pierda todo el pueblo". La decisión tomada por el Sanedrín fue de las más injustas. Las consecuencias de esta razón de estado equivocada, además de la destrucción de Jerusalén por los ejércitos romanos y las desdichas que padecieron los judíos de aquella época, se han ido extendiendo a lo largo de los siglos hasta nuestros días.

La prosperidad de los pueblos se construye sobre el fundamento de la justicia: "La justicia enaltece un país" (Proverbios,14:34). La justicia a la que se refiere el escritor sagrado no es el concepto humano de justicia que se cambia según las circunstancias o las conveniencias egoístas de quienes se toman la libertad de determinar que es justo y que no lo es. No debe olvidarse que el corazón humano es muy engañoso. Por lo tanto es muy peligroso tomar decisiones, en nuestro caso por razón de estado, basadas en este guía tan poco fiable. La justicia que enaltece a los pueblos se fundamenta sobre los principios éticos y morales que Dios pone a disposición de todos en la Biblia. Estas normas son inamovibles y válidas para construir una sólida estructura social que no tambaleará, en cualquier época y país. Por este motivo los dirigentes políticos deben ser muy cuidadosos a la hora de hacer promesas que atenten contra dichos principios éticos y morales que Dios en su misericordia ha puesto a nuestra disposición para nuestro bien individual y colectivo.

Nuestra democracia en concreto le queda todavía mucho que hacer para consolidar la justicia social. Determinados males colectivos que atentan contra la felicidad del ciudadano son la consecuencia de que se toman decisiones motivadas por una razón de estado equivocada. La experiencia que debería ser un buen maestro enseñe a nuestros dirigentes políticos que las decisiones que se tomen por razón de estado estén basadas en la justicia que enaltece a los pueblos.

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