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Lo que va de ayer a hoy

Pascual Falces
Pascual Falces
jueves, 13 de octubre de 2005, 02:46 h (CET)
Las gentes nacidas y habitantes en la llamada África subsahariana, es decir, el África negra y profunda, durante siglos fueron objeto de caza a lazo para, posteriormente, ser trasladados contra su voluntad, a otros países donde hombres de raza blanca los necesitaban como mano de obra en condiciones de pura y dura esclavitud. Más, ésta es indefendible entre los hombres desde la aparición del Cristianismo. Por mucho que se debe, cultural y socialmente, a Grecia y a Roma, no ha de olvidarse que, ambas sociedades eran primitivas y coexistían con la esclavitud, y, sin ella, no se hubieran desarrollado hasta los límites de admiración que han merecido.

Así les fue a un numero incalculable de pobladores subsaharianos con la Historia en la mano, especialmente a partir del S. XVI, y del descubrimiento del Nuevo Mundo. Unos personajes despreciables, los llamados “negreros”, se encargaban del trabajo sucio, y como si se tratase de ganado, los capturaron y transportaron a través del mar de modo infrahumano. Luego, en su nuevo lugar de arraigo, se multiplicaron hasta que llegó, paulatinamente, la hora de abolición de la esclavitud. A pesar de todo, los descendientes, en su mayoría, todavía no han alcanzado condiciones de vida equivalentes a las de la población donde fueron incrustados.

Ahora, son “repatriados” tras haber abandonado sus tierras, voluntariamente; más, ¿de qué manera?... Las circunstancias infrahumanas que acompañan esa repatriación se viven en el momento actual. No es preciso informarse a través de la letra impresa como cuando eran esclavizados; los telediarios con sus dramáticas imágenes son suficientemente locuaces. Esposados de dos en dos, sin recursos ni alimentación, hacinados en camiones o destartalados autobuses, o caminando vigilados entre soldados y gendarmes. Ganado, otra vez. Marruecos no los devuelve a sus territorios de partida, sino que los abandona a su suerte en el aterrador desierto que les separa de todo lugar habitable. Aunque se intente disimular con algún avión habilitado para conducir a unos pocos hasta un par de países con los que mantiene convenios de extradición, no resulta difícil prever el final de ese vuelo.

La solución de la llamada “inmigración ilegal”, esconde en sí una nueva forma de maltrato a la población de raza negra. Ciertamente, son muchos los pensamientos que provoca esta repetición de la Historia. A estos hombres les dejaron pasar, mirando hacia otra parte, a través de Marruecos en búsqueda de la puerta de Europa, Melilla. Y al ponerse las cosas incómodas por reclamaciones de la UE, se les maltrata hasta arrojarlos al Sahara. Nadie puede sentirse satisfecho ante esta nueva tropelía en lo que va de ayer a hoy.

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