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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Y

A pesar de los buenos oficios de la Y, ¡Qué pocas veces seleccionamos y sumamos lo más conveniente!
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 29 de diciembre de 2017, 06:46 h (CET)

Así viene el título de hoy, con cara de errata. Escueto, aislado, conocido, utilizado, pese al frecuente olvido de sus enseñanzas. Elegí su concisión, porque es un componente nuclear de los razonamientos, aplicado a diario con fortuna variable. ¿Atenderemos su carácter separador, disyuntivo, entre unas expresiones u otras? Por el contrario, quizá optemos por su papel de enlace, manteniendo la cercanía de posiciones diferenciadas. La gramática trata sin preferencias sobre personas, conceptos u objetos a ambos lados de la Y. Resultará ilustrativa la atención con que procedamos nosotros a la hora de calibrar los MATICES de tales relaciones, gramaticales primero, pero sociales después-


Como tantas otras locuciones, tampoco esta se libra de sus empleos RUTINARIOS, cuando se limita al añadido final de algún elemento en la expresión. Y comieron perdices, terminando una enumeración o dejando los puntos suspensivos al quedarse sin argumentos, y…Como ocurre también en las actuaciones humanas que prodigamos, la ausencia de mayores reflexiones apenas distingue el hacer por hacer de las actuaciones insensibles o de la mera indiferencia- No siempre resultan intrascendentes, porque no entrar en una discusión, añadir un nuevo elemento o aportar iniciativas, pueden resultar decisivos. La oportunidad de su práctica repercutirá en las consecuencias.


Comienza a ser interesante cuando nos adentramos en los deslindes, colocando la Y entre diferentes entidades o proposiciones. Entraña una primera función aclaratoria de situaciones dispares. Esa ubicación en los linderos es apasionante, por ser la fuente de los hallazgos, por detectar a tiempo los inconvenientes o para mantener la esperanza en logros estupendos. Mantiene la conexión activa con el resto de realidades desde su posicionamiento en esos HORIZONTES, que no debiéramos enturbiar en las experiencias existenciales. Allí germina la disyuntiva radical, de cerrar esas fronteras, quitar la Y, o establecer vías de comunicación para soslayar el peligro del ensimismamiento torpe y degradante.


De todos modos, nos acucian por cada sector las actitudes desdeñosas, para las cuales, ni las limitaciones les provocan la intención de frenada. Aquello situado fuera del círculo personal se considera desligado, sean personas, cosas o instituciones. No es necesario hablar de los límites, sólo cuenta el protagonista; mejor dicho, eso pretenden al menos. Al resto lo consideran al servicio de su EXTRACCIÓN de beneficios sin miramientos, A poco que revisemos los ambientes, apreciamos un afán voraz de ordeñamiento de las ubres particulares y generales; es decir, el engaño a ultranza de trazas repulsivas. Si aparecen acciones solidarias devienen en sospechas por ser increíbles.


En torno a lo anterior, el uso de la Y disyuntiva acapara los escenarios desalentadores de las separaciones egoistas. Esa postura independentista no consigue esconder las conexiones comunitarias de rango superior, porque estamos constituidos en esa paradoja, individuo, pero insertado en el conjunto de seres humanos. De ahí que nos adentremos en el requerimiento reivindicativo del valor CONJUNTIVO de la misma Y, para la recuperación de los matices relacionales. Sin ellos presenciamos movidas multitudinarias, desprovistas de personas cabales cuyas aportaciones agranden el acervo común en una progresiva mejora cualitativa. Su pérdida favorecerá el dominio de unos cuantos sobre los muchos perjudicados.


Nos movemos como gente prepotente, adherida al menor indicio de conocimiento, lo sé, lo conozco, lo poseo…,y punto; como si el miramiento debido al resto de personas no fuera de este mundo. Con esa tendencia ominosa, pero generalizada, de centrar la atención en exclusica hacia el propio ombligo y una supuesta sabiduría, Cuando es de una evidencia meridiana, que somos ENIGMÁTICOS desde el primer aliento celular, apenas detectamos la superficie resbaladiza del iceberg a la deriva. En asuntos de este cariz es muy necesaria la Y que mantenga en ejercicio la ardua y laboriosa existencia cotidiana, ligada a ese fondo misterioso, que va desde las galaxias al surgimiento de la vida. Los razonamientos variarían para bien.


Una vez asumido el factor enigmático que nos constituye, pese a sus implicaciones, la vida nos adsorbe para que desarrollemos las características individuales y colectivas puestas a nuestro alcance. La desigualdad es notoria. Las mentalidades captan los matices del ambiente sacando impresiones diferenciadas. Bajo esa lógica, las actuaciones posteriores variarán. Entre esas variables, hemos de compartir aciertos y errores que nunca serán completos, los defectos y la confianza en la progresión humana. Fallos Y logros coinciden para conseguir el EQUILIBRIO en la balanza vital, sin absolutos que desvirtúen la realidad, que bien sufridos los tenemos cuando desequilibran la balanza a base de polarizaciones dogmáticas.


Otro desequilibrio nocivo viene provocado no sólo por el diferente peso específico de los componentes, sino que la estupidez suele monopolizar alguna preferencia. Lo comprobamos en la dualidad individuo-sociedad, que con extremosa facilidad se pasa a los ismos radicales, individualismo-socialismo, con las secuelas derivadas de su polarización. De nuevo requerimos la reunión de ambos sentidos en esa Y representativa de la COMUNIDAD. En ella, conmigo, contigo, con todos, unos, otros y el conjunto como tal. Violenta los afectos la contemplación del desdén con el cual los ismos tratan a los individuos particulares., los sujetos endiosados se muestran desprendidos de cualquier sentido común.

La manía de cada individuo por la proclamación de la identidad personal que le convenga, nos aboca a las exageraciones lindantes con el ridículo o las auténticas pamemas. Bien es verdad que sabemos poco de lo que somos o no queremos saberlos. El ridículo es triste, `porque a sabiendas, pretendemos simular en contra de lo evidente. La ignorancia no ejerce con esa retranca, siempre que separemos aquello de no manifestar lo que se sabe. Preocupan aquellas identidades poseidas por la presunción o las utilizadas como instrumento, FALSIFICADAS al fin, que sucumben ante las utilidades. Incluso las identidades simuladas formarán parte de esa suma constitutiva de la que formamos parte.


En todo caso, el asunto identitario es complejo. Lo que se es, lo que quiere uno que se vea, la visión captada desde fuera. ¡Qué diremos de los que dicen ser de una pieza! ¡Serán piezas no descubiertas por el momento! Porque con la Y asociativa entre las partes, queda reflejado el carácter multifactorial de la identidad, con las numerosas influencias tendentes al infinito. Identidad, que además será proyectiva de cara a sus aplicaciones, en una constante evolución, con detalles patentes y un fondo subyacente como gran núcleo enigmático. Por eso, nada de estructuras inaccesibles. La SELECCIÓN de los puntos de apoyo para los razonamientos es uno de los principales retos existenciales, que si no lo asumimos las personas particulares, nos caerán encima toda clase de voluntarios aprovechateguis.

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