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Etiquetas:   Las plumas y los tinteros   -   Sección:   Opinión

Este proyecto de Estatuto (I)

Daniel Tercero
Daniel Tercero
miércoles, 12 de octubre de 2005, 07:07 h (CET)
Henry Kamen escribió ayer, en El Mundo, un artículo (“La diosa Clío y los enigmas del Estatut”) en el que de manera muy sugestiva ponía de relieve las contradicciones históricas que el proyecto de Estatuto había puesto en negro sobre blanco. Mediante las preguntas de Clío, diosa de la Historia que visita nuestro país después de doscientos años, y las respuestas que nosotros, los ciudadanos de a pie, le damos sobre la actual situación estatutario-constitucionalista (permítanme esta composición); Clío, decía, se sorprendía de la nula evolución que desde la Constitución de 1812 habíamos avanzado en materia de quiénes somos y cuál es nuestro destino. Y todo esto viene a cuento debido a la propuesta estatutaria que desde el Parlamento autonómico catalán se ha tramitado a las Cortes Generales.

Algunos datos para situarnos. El proyecto estatutario catalán se aprobó el último día del mes de septiembre en el Parlamento regional con el apoyo de 120 de los 135 escaños de los que dispone el hemiciclo. Es decir casi el 89% de los representantes políticos de los ciudadanos en el Parlamento del Parque de la Ciudadela. Pero, sin embargo, según una encuesta reciente (La Vanguardia, domingo 9 de octubre de 2005) entre los catalanes, tan sólo el 55% de los ciudadanos apoyaría el actual redactado estatutario. ¿Qué dice exactamente el proyecto de Estatuto presentado en el Congreso de los Diputados a bombo y platillo?

El redactado del nuevo Estatuto es una declaración de intenciones en sí mismo. Con 227 artículos, 11 disposiciones adicionales, 3 disposiciones transitorias, 1 disposición derogatoria (la Ley orgánica 4/1979 del 18 de diciembre, de Estatuto de autonomía de Cataluña) y 5 disposiciones finales, es más una constitución que un tratado regulador de una región (Comunidad Autónoma en este caso) de un país. Pretende modificar leyes orgánicas, desde una Comunidad Autónoma, que afectan a toda la Nación, es decir unilateralmente, y propone, el nuevo Estatuto, regular de manera excesivamente intervencionista aspectos casi íntimos de los ciudadanos. A esto debemos añadir, a la lista de contras, los choques continuos con la Constitución de 1978 (CE), que de momento es la ley máxima española y no se puede ignorar.

El artículo 1 del nuevo Estatuto define a Cataluña como “nación”, y es incompatible con el artículo 2 de la CE que dice que sólo hay una nación, la española, que integra nacionalidades y regiones. A esto, el Estatuto, suma una serie de competencias exclusivas para Cataluña en las que el Parlamento y Gobierno central no pueden inmiscuirse, a saber: agricultura, agua, justicia, derecho civil, educación, inmigración… Saltándose, de nuevo, lo que la CE deja dicho sobre las competencias que se ceden a las autonomías, y que únicamente el Congreso es soberano para determinar dichas competencias, nunca exclusivas.

En materia económica el Estatuto crea una agencia tributaria propia que gestionará y recaudará todos los impuestos de Cataluña, algo parecido al cupo vasco y navarro, y pagará una cuota al Estado por los servicios que prestase en la región, y otra cuota de solidaridad que se iría reduciendo progresivamente hasta equilibrar la balanza de pago por servicio prestado. De esta manera se legalizaría la siempre falsa idea de que Cataluña paga más que, pongamos por caso, Murcia, cuando en realidad son los ciudadanos los que pagan y no las comunidades autónomas.

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