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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Cataluña   independentismo  

Tabarnia ¿la horma del zapato del independentismo catalán?

“El que no se atreve a ser inteligente se hace político” Enrique Jardiel Poncela
Miguel Massanet
jueves, 28 de diciembre de 2017, 07:02 h (CET)

Podríamos decir que, hasta hace unos pocos meses, el tema del independentismo catalán era esencialmente dramático. Oscuro, rastrero, fanático, sectario, excluyente y odioso, se ha mantenido en alza desde que, el señor Artur Mas en una muestra de la decepción que le produjo su fracaso electoral de la consulta del 2015 y de su falta de visión de la realidad, decidió quemar las naves y lanzar, en voz en grito, su amenaza de convertir a Cataluña en un estado independiente del Estado español. Han pasado unos años en los que no se puede decir otra cosa de los políticos más que, todos sin excepción, se han dedicado a jugar su propio partido como si alguno de ellos, por su cuenta y razón, hubiera tenido la solución a un problema, el catalán, que ya llevaba años incubándose ante la estúpida, despreciativa, indulgente y apática mirada de todos aquellos constitucionalistas que no fueron capaces de valorar lo que se estaba cociendo bajo la apariencia de lo que, para algunos, no eran más que unos fuegos artificiales sin mayor trascendencia.


No, señores, gracias a la inteligencia de nuestros gobernantes ni por la clarividencia de la oposición, como si se hubiera producido un milagro, ante la innegable amenaza que se ha venido cerniendo, de una manera trágica sobre una parte importante porción de la ciudadanía catalana, la sociedad civil impulsada por la necesidad de expresar sus ideas respecto al soberanismo que amenazaba con conducir a los catalanes al desastre, se levantó como un solo hombre siguiendo la consigna de unos pocos valientes que decidieron ponerse al frente de quienes no estaban dispuestos a dejar de ser españoles, aunque siguieran sintiéndose catalanes. La convocatoria de la Sociedad Civil Catalana que, en forma de manifiesto, levanto a cientos de miles de catalanes dispuestos a no dejar pasar ni un minuto más sin dar a conocer su repulsa al intento separatista de los seguidores de Companys, fue un grito unánime de libertad. El texto no podía ser más enardecedor y representativo del sentimiento popular de miles de personas, españoles que viven en Cataluña, que tuvieron el coraje de salir a la calle blandiendo millares de banderas nacionales, sin que, por una vez en la historia de aquellos a los que justamente se los calificó de “mayoría silenciosa”, estuvieran amedrentados por los habituales rompe manifestaciones, los cancerberos del comunismo o los intransigentes miembros de la CUP, que no tuvieran arrestos para intentar reventar aquel festival patriótico.


Sin embargo, hay que decir que nadie, hasta este momento, había logrado enfurecer a los separatistas catalanes usando el ingenio, blandiendo el humor del que tanto andan sobrados los españoles y encontrando aquellos puntos flacos donde hacer daño en las filas del separatismo catalán y que han sido capaces de indignar, poner en guardia y dejar descolocados a los directivos de esta farsa separatista que, hasta ahora, no había quienes les hicieran probar la horma de sus zapatos, aplicándoles una porción de su propia medicina y dejando en mal lugar su argumento principal, que ha sido el que han intentado esgrimir ante la acusación de sediciosos, separatistas, rebeldes y maleantes: el argumento de la llamada democracia del pueblo catalán. Las pasadas elecciones autonómicas dejaron clara la importancia del voto no nacionalista aunque, en virtud de la actual Ley electoral, la circunstancia de que el voto, en los pequeños y medianos municipios, tuviera más valor en cuanto a conseguir escaños que el de las grandes ciudades; lo que favoreció a los independentistas en toda la parte rural de Cataluña. No obstante, los candidatos de Ciudadanos consiguieron romper la tónica general de otras ocasiones, consiguiendo la mayoría en circunscripciones como las de Barcelona y Tarragona, las comarcas costeras y más ricas de Cataluña.


Pero ahí es donde surge el ingenio de algunos españoles, que han sabido atacar al independentismo con gracia, agudeza, humor y con una más que hábil argumentación que, se mire por donde se mire, es difícilmente repudiable por aquellos que han puesto en la boca de sus líderes la palabra democracia, para intentar jugar con la legislación española, negándose a aceptarla por considerar que el sentimiento, supuesto sentimiento, de los independentistas catalanes ( se ha visto que no son la mayoría) tenía más valor que una Constitución votada mayoritariamente por todos los españoles, incluyendo los catalanes. ¿Por qué, si en Barcelona y Tarragona los que obtuvieron la mayoría fueron los de C´s, en unas elecciones democráticas, ahora se han de ver obligadas a seguir a aquellos que no les representan mayoritariamente? ¿No sería mucho más razonables que, si se habla de independencia de Lérida y Gerona, las comunidades más recalcitrantes en la cuestión del catalanismo excluyente no ha de poder formarse una nueva entente, a la que se podría bautizar como Tabarnia, que se separase del resto de Cataluña para seguir siendo una comunidad autónoma dentro de España, dejando que las dos regiones más díscolas y defensoras de convertirse en un país independiente, se las arreglaran como pudieran en su lucha con el resto de España y de la CE, en su loca aventura, sin final feliz, de sostener su enfrentamiento con la nación española a pesar de los numerosos lazos que les unen a ella durante más de 500 años?. La lógica, señores, es aplastante debido a que, si se sostiene la facultad de que, dentro de una democracia como la española, reconocida como tal por todas las naciones democráticas del mundo, puedan existir un grupo de ciudadanos que se consideren con más derechos que el resto a imponer su voluntad minoritaria y que decidan que estarían mejor fuera de la nación española, con la que, por cierto, mantienen el 60% de sus ventas, ¿ por qué, dentro de esta autonomía no pudieran existir dos regiones que no se sintiesen representadas por aquellos que piensan que Cataluña debe ser una nación completamente independiente?


No sabemos el recorrido de esta idea que, sin duda, comenzó como una mera broma para, valga la redundancia, embromar al separatismo intransigente del señor Puigdemont y de su compadre, y sin embargo rival, el señor Junqueras, felizmente alojado en una cárcel con las máximas comodidades, desde la cual puede seguir repartiendo lecciones de democracia, aunque ésta requiera incumplir una Constitución, completamente vigente, que ha sido la que ha convertido al sistema de gobierno que sucedió a la dictadura franquista, en una democracia que ha permitido que, esta nación, se haya transformado en un país respetado por toda Europa y con las posibilidades, si las izquierdas y los mismo separatistas no consiguen acabar con el orden y la economía españoles; de iniciar una etapa de recuperación y expansión económica que promete grandes logros, por lo que respeta al nivel de vida de los españoles.


Una propuesta a la que calificaríamos de inteligente que, al parecer, ha conseguido por el momento dejar desconcertados a todos aquellos que han venido utilizando los mismos argumentos para luchar en contra del Estado de Derecho patrio y que, estupefactos, se ven reflejados en su propio espejo cuando dos de las regiones catalanas en las que ha sido derrotadas por los constitucionalistas de C´s, pudieran darles una sorpresa si, los dos gobiernos locales, decidieran formar un grupo que reclamase independizarse del resto de Cataluña. Aunque no prosperase y se limitase a quedarse en una broma inteligente, de lo que no cabe duda es que ha causado su efecto y, con toda seguridad, habrá llamado la atención de muchos separatistas que se van a encontrar con la particularidad de que “dentro de su propia nación” y antes de haber conseguido su propósito de independizarse de España, ya tienen sus propios problemas ante el posible separatismo de dos de las regiones más ricas, las dos costeras, que podrían dejar aisladas, encerradas en sus propias fronteras a esta “gran nación catalana” que nos vienen vendiendo todos estos fanáticos que todavía siguen creyendo que serán los Reyes Magos de Oriente los que les van a traer, en las alforjas de sus camellos, esta soñada independencia en la que nadie cree de verdad.


¿Será Tabarnia como el cante del cisne para todos aquellos catalanes que siguen creyendo que tienen posibilidades de hacer claudicar al Estado español? Yo aconsejaría al señor Puigdemont o al señor Junqueras, incluso a este dúo cómico formado por Turull y Rull o a la propia Pasionaria de la izquierda republicana, la señora Marta Rovira, que reflexionaran sobre lo que tienen delante de ellos, respecto al futuro que les aguarda si se mantienen en su obcecación independentistas, si es que fuera lo suficientemente importante para hacerlo, que dejen de quejarse por el normal funcionamiento de la Justicia española ante unos hechos que han dejado de ser políticos para entrar en la categoría de meros delitos penales, contemplados por el CP y que nada tienen que ver con la política. Son presuntos delincuentes y si, como parece, algunos de los investigados son abogados, sería conveniente que no perdieran el tiempo y se aprestasen a preparar su defensa debido a que, los delitos de los que están acusados, son de aquellos que anuncian largas condenas a cargo de los alojamientos penales del Estado. Y es que, señores, es cierto que en España la justicia es lenta y farragosa pero, y así lo pueden comprobar ustedes, efectiva e implacable; como han podido comprobar dos ediles de la CUP en el ayuntamiento de la ciudad catalana de Reus, Marta Llorens y Oriol Ciurana, que organizaron manifestaciones en contra de unos policías nacionales alojados en un hotel de la localidad, hasta que consiguieron expulsados de allí. El juez ha ordenado su detención acusados de un delito de “odio” y puede que de algunos otros. Tomen nota todos aquellos que se creen que, por haber sido elegidos en las pasadas elecciones, se van a librar de las causas penales que pesan sobre ellos.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la ligera esperanza de que, ya que desde el Gobierno o la oposición parece que poco podemos esperar para que nos saquen, a los españoles que residimos en Cataluña, de esta trampa saducea en la que nos tienen atrapados a los españoles y catalanes; nos sentimos confortados por el hecho de que, muchos de nuestros compañeros de fatigas, hayan decidido abandonar el anonimato y empezado a dar muestras de no estar dispuestos a tolerar que se nos trate como ciudadanos de segunda, cuando residimos en una parte del Estado español, por muy politizada y dejado de la mano de Dios que en la actualidad esté.

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