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La tubería del Báltico

Serguei Kolchin
Redacción
miércoles, 12 de octubre de 2005, 07:10 h (CET)
Rusia y Alemania firmaron hace poco un documento que contempla la construcción del Gasoducto Noreuropeo (North European Gas Pipeline, NEGP), acuerdo que fue etiquetado enseguida como "pacto Putin-Schroeder" por los Estados descontentos de la zona del Báltico, Polonia y Ucrania.

El recelo de estos países, cuyo territorio se usaba tradicionalmente para el tránsito del gas ruso, resulta comprensible aunque el proyecto, a nuestro modo de ver, tiene un contenido mucho más económico que político.
La empresa rusa Gazprom y las alemanas BASF AG y E.ON AG suscribieron un convenio de principios sobre el tendido del Gasoducto Noreuropeo (NEGP) a través del Mar Báltico. Las partes pretenden formar una entidad conjunta cuyo capital estará controlado al 51% por Gazprom, mientras que las dos compañías alemanas tendrán cada cual una participación del 24,5%. Se calcula que la inversión total en el proyecto NEGP va a superar la cifra de 4.000 millones de euros.

La nueva tubería, de más de 1.200 Km y que deberá ponerse en servicio para el año 2010, conectará la costa rusa del Báltico, cerca de la ciudad de Vyborg, con la costa alemana, según las previsiones preliminares, en la zona de Greifswald. En una primera etapa se va a construir una tubería única, con capacidad anual de casi 27.500 millones de metros cúbicos, pero a futuro se contempla tender una segunda línea que permitirá duplicar este volumen hasta 55.000 millones de metros cúbicos.

La esencia del proyecto es la creación de un corredor directo para el suministro del gas desde Rusia, que es la proveedora número uno, a Europa Occidental, el mayor mercado de venta para este producto. Alemania no será la única destinataria del gas ruso porque los recursos de proveedores alternativos en esta zona - Noruega, Holanda y Gran Bretaña - ya se están agotando.

Tanto Rusia como Alemania salen ganando con este proyecto. Para Gazprom, Alemania representa el mercado de exportación más importante, así que el consorcio del gas ruso podrá establecer gracias al NEGP una ruta adicional de suministros a un mercado en proceso de constante expansión, así como reforzar sus posiciones y su reputación de proveedor estable en Alemania y en las demás naciones de Europa Occidental. A través del NEGP, Alemania estará conectada directamente a las colosales reservas del gas natural disponibles en Rusia. Ello contribuirá a cubrir la creciente demanda del gas importado tanto en Alemania como en otros Estados europeos, asegurando la estabilidad de los suministros. Los cargos oficiales, expertos y medios de comunicación europeos reconocen que el suministro estable de recursos energéticos para Europa dependerá en las próximas décadas de las relaciones con Rusia. Puesto que el nuevo gasoducto estará integrado en la red de tuberías perteneciente a WINGAS y E.ON Ruhrgas, las empresas alemanas podrán recibir una cantidad extra del gas ruso.

Ya en el primer año de explotación del NEGP, Rusia podrá ingresar casi US$4.000 millones, auguran los expertos. Paralelamente, conseguirá reducir los costes del transporte que ascienden a un 20% de los ingresos en el tramo ucraniano, por ejemplo: un 13% del volumen, en concepto de pago por el tránsito, más un 7% para el mantenimiento de la presión necesaria en las tuberías. La eventual incorporación de Gran Bretaña, Holanda y Dinamarca a la red de Gazprom permite a Rusia expandir su presencia energética en Europa.

El proyecto NEGP ha sido posible únicamente gracias a la coyuntura actual del mercado global de hidrocarburos, bastante favorable para Rusia. En el pasado, se discutieron con igual entusiasmo otras variantes del transporte del gas ruso, en particular, el tendido de una tubería complementaria entre Siberia del Oeste y Europa Occidental, vía Bielorrusia, o la construcción del gasoducto Blue Stream (Corriente Azul) hacia Turquía. Ambos proyectos defraudaron las expectativas que se habían depositado en ellos. En cuanto al primero, resultó que Rusia simplemente sería incapaz de llenar la nueva tubería a menos que invirtiera grandes recursos en la estructura de producción. Los socios occidentales no tenían ningún problema para concederle créditos a Gazprom pero al mismo tiempo se resistían a hacer inversiones directas. También se hizo claro que la dependencia con respecto a Minsk en el tema del tránsito era igual de problemática para Moscú que en relación con Kíev. En lo que concierne al segundo proyecto, Turquía se negó de repente a seguir comprando el gas a precios mundiales, y a pesar de que la situación quedó arreglada más tarde, los problemas ya estaban a la vista.

La situación de hoy es radicalmente distinta. Ya es obvio que los precios del combustible se mantendrán en alto durante mucho tiempo. Las mayores corporaciones mundiales del gas y el petróleo parecen dispuestas a realizar inversiones directas en la producción del gas ruso, así como en el desarrollo de las instalaciones transformadoras del gas y obras de infraestructura. Incluso se están disputando el derecho de participar en los proyectos de Gazprom. Es más: aceptan cederle una parte de los beneficios y activos en lo que se refiere al suministro del gas a los consumidores europeos.

Por consiguiente, podríamos afirmar que los proyectos del desarrollo de Zapoliarnoye, Prirazlomnoye, Stockmanovskoye, Yuzhno-Russkoye y otros yacimientos colosales del gas en el norte de Rusia - ideas barajadas desde hace tiempo - pasan a ser ahora absolutamente rentables. Stockmanovskoye, que es un depósito del condensado de gas, será probablemente la base primaria para el NEGP. Hace poco, Gazprom dio a conocer una lista preliminar de cinco empresas que podrían establecer un consorcio para el desarrollo de dicho yacimiento. Se trata de las noruegas Hydro y Statoil, la francesa Total, y las norteamericanas Chevron y ConocoPhillips.

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Serguei Kolchin es Doctor en Economía, colaborador del Instituto de Estudios Económicos y Políticos Internacionales (Academia de Ciencias de Rusia), para RIA "Novosti".

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