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Etiquetas:   Cine   -   Sección:   Cine

Sitges 2005: Espadas, espejos, dobles y ladrones

Redacción
miércoles, 12 de octubre de 2005, 06:49 h (CET)
Entre madrugones, colas, y carreras de sala en sala, a este humilde pero veloz cronista le ha dado tiempo en poco más de una mañana a ver cuatro películas. Tres de ellas forman parte de la sección competitiva, en tanto que la otra, se inscribe en el apartado Orient Express, dedicado al cine fantástico procedente de Asia.

Gonzalo G. Velasco / Enviado especial al Festival de Sitges
Pero vayamos por partes. En primer lugar tenemos Seven Swords, la última obra del director vietnamita Tsui Hark, productor de golosas obras de terror made in Hong-Kong como Una Historia China de Fantasmas o The Killer. Suyo es el mérito de reactivar un género clásico de las cinematografías orientales, el Wu Xia, que, en cristiano, viene a ser algo así como historias épicas de espadas y artes marciales. Sus anteriores obras, Zu Warriors, Swordman o Dragon Inn, exudaban Wu Xia por todos los poros y, por supuesto, Seven Swords también. Lo malo es que lo hace durante más de dos horas y con un ritmo tedioso que, a eso de las ocho de la mañana, conduce inevitablemente a la somnolencia. Las escenas de acción se alejan de los pirotécnicos modelos puestos en boga por Tigre y Dragón y derivados, con un cierto afán de realismo en las coreografías no exento de espectacularidad. En cuanto a la trama, se encuentra a medio camino entre Los Siete Samuráis (o magníficos, como prefieran) y el Hero de Zhang Yimou, es decir, que no va muy allá, sobre todo porque el ritmo de la película está tan mal llevado que la única escena realmente destacable sucede pasadas las dos horas de metraje, con un duelo entre el bueno y el malo en un angosto callejón de los que dejan con la boca abierta.

La segunda película que he devorado en la sección oficial es Mirrormask, la incursión cinematográfica del ilustrador y artista multimedia Dave McKean, que como bien saben los aficionados al cómic, ha diseñado la mayor parte de las portadas de The Sandman. Y es precisamente el multipremiado guionista de esta serie, Neil Gaiman, quien firma el guión a medias con él. De la unión del desbordante talento visual del primero, y la habilidad casi sobrehumana del segundo para dotar de vida (y sentido) argumentos oníricos, surge el que tal vez sea el producto audiovisual más arriesgado e innovador de los últimos tiempos, un producto que, sólo una productora como The Jim Henson Company, se atrevería a llevar a cabo.

Y la apuesta no pudo haberles salido mejor, ya que Mirrormask es lo más cercano que el séptimo arte ha estado jamás de filmar literalmente un sueño, del mismo modo que Trouble, la película belga que se proyectó a continuación, plasma con una enorme elegancia narrativa, sustentada sobre primeros planos, austeridad formal, y un guión con tantos recovecos como emoción, un pesadillesco micromundo de horror existencial.

El film narra la historia de un hombre cuya vida experimenta un giro radical cuando descubre la existencia de un hermano gemelo que él creía muerto. Si bien para giro radical, el que sufre la trama, y por dos veces consecutivas, en el último acto de la historia. En mi opinión, el primero de estos twists resulta a todas luces innecesario por rebuscado e inverosímil, aunque el segundo, descrito con gran habilidad dramática, se encuentra a la altura del mismísimo Shyamalan, autor del que el director, Harry Cleven, toma prestado algún que otro rasgo de estilo más.

Por último, la sección Orient Express nos obsequió con una entretenida y a ratos estimulante producción china. Se trata de A World Without Thieves, del taquillero director (en su país) Feng Xiaogang, una película que, sin renunciar a las particularidades estilísticas y narrativas del cine asiático, consigue establecer una sintonía lo suficientemente fluida con el espectador medio occidental. Relato vibrante sobre lobos y ovejas, tontos y listos, ladrones y robados, el film transcurre casi por completo en un tren de largo recorrido para que, con la ayuda inestimable de los imponentes paisajes chinos, Xiaogang nos haga reflexionar, como quien no quiere la cosa, acerca de la bondad del ser humano y su capacidad (o incapacidad) de redimirse.

Sin duda alguna, un día completito...

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