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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Carrillo, Doctor Honoris Causa

Pepe López
Redacción
lunes, 10 de octubre de 2005, 23:59 h (CET)
Hay noticias que crispan los nervios, el alma y el corazón. La que hoy he conocido es de las que ponen los latidos a doscientos por hora.

De un tiempo a esta parte se ha desbocado la costumbre de rememorar la historia reciente de España para poner de manifiesto “los crímenes del franquismo y el horror de aquellos años de dictadura”.

La televisión, llamada española, lleva un tiempo “contando” la historia de aquellos años con seriales que no tienen otra finalidad que avivar el enfrentamiento entre los españoles.

La última noticia que he conocido hoy, y que me ha hecho recordar aquellos negros años de la guerra (sobre todo para quienes los pasamos en la zona “leal a la República”) es la concesión a Carrillo (cuyo sólo nombre produce pasmo), nada menos que “Doctor honoris causa”.

Hubiera sido mucho más justo nombrarle “Doctor criminis causa”.

No encuentro que entre sus méritos se prescinda del principal, que no es otro que “haber liquidado a los fascistas” que se encontraban presos en Madrid ,al acercarse las tropas de Franco.

De tal “liquidación” se jactó en uno de los mítines que pronunció por aquellos días, cuya jactancia ha dado lugar a que se escriban numerosos libros en los que se le califica con el poco honorífico título de “genocida de Paracuellos”

Hubiera sido más lógico haber diferido el acto hasta el próximo siete de Noviembre que será el aniversario de sus primeras “hazañas”, que se prolongaron hasta mediados de Diciembre, entre cuyas fechas de 1936 era nada menos que Delegado de Orden Público de Madrid. Es decir, señor de vidas y haciendas.

Hubiera sido también más oportuno que, en lugar de celebrar el acto en la Universidad Autónoma, se celebrara en el mismo sitio de sus “hazañas”, a fin de que aprendiera, puesto que dice que lo ignora, donde se encuentran las colinas de Paracuellos y el cementerio de Torrejón de Ardoz.

Creo, sin la menor duda, que es insensata y estúpida esta concesión, a cuyo acto no creo que asista el Rey ni le envíe un telegrama recordando “sus méritos durante la transición”

Sería el colmo del disparate.
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