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Rusia y la UE necesitan un convenio de cooperación

Nikolay Kaveshnikov
Redacción
domingo, 9 de octubre de 2005, 23:54 h (CET)
El logro más importante alcanzado en la reciente reunión en la cumbre Rusia - UE, aparte de los acuerdos concretos, es la aceptación por los europeos de la idea rusa de que es necesario elaborar un nuevo documento integral, que sustituya el Convenio de Partenariado y Cooperación que rige desde 1994.

Según manifestó al término de la reunión Vladimir Putin, "nuestras relaciones deben descansar sobre una actualizada base jurídica que corresponda a la nueva realidad".

¿En qué grado el Convenio firmado en 1994 responde a los nuevos requisitos, en primer lugar al actual estado de relaciones Rusia - Unión Europea? Lo hace en un grado mínimo.

En 1994, Rusia sólo daba los primeros pasos hacia la formación de un sistema político democrático, el país atravesaba una profunda crisis económica y sólo empezaba a crear la economía de mercado. Hoy día en Rusia ya existe una estable economía de mercado, en la que, pese a la existencia de ciertas deformaciones estructurales, últimamente se registra un bastante alto crecimiento. Se ha formado y funciona establemente el sistema político de tipo democrático. Por supuesto, la democracia rusa es bastante joven, y sus defectos han empezado a resaltar precisamente en el contexto de un colosal progreso alcanzado últimamente.

Pero también la Unión Europea ha cambiado. En 1994 la integraban 12 países, los que acababan de trazar su programa de unión económica y monetaria y hacían los primeros intentos de aplicar una política exterior única. Actualmente de la UE forman parte 25 países, en los que circula una moneda única, están elaborados una concepción general de la política exterior y de seguridad e instrumentos de su aplicación, se ha acumulado mucha experiencia en muchos campos. Al propio tiempo, debido al ingreso de países de Europa Central y del Este, la UE ha entrado en una etapa de profunda y complicada transformación, se han intensificado los procesos de diferenciación dentro de la Unión, los problemas que surgieron en torno a la ratificación de la Constitución han puesto de releve las contradicciones que existen en torno a los derroteros del futuro desarrollo de la UE.

Para su época, el Convenio de Partenariado y Cooperación tenía mucha importancia, pues contorneaba nuevos marcos políticos de relaciones entre Rusia y la UE. En el documento se formulaba el principio de partenariado estratégico, que en mucho grado era declarativo y poco maduro, pero creaba un fondo general favorable para el desarrollo de relaciones. Basándose en ese Convenio, funciona con eficacia el sistema de instituciones conjuntas, los contactos que se mantienen en el marco de éstas contribuyen a aumentar la confianza mutua, aunque ese proceso se desarrolla con lentitud. En desarrollo del documento en cuestión fueron firmados varios acuerdos importantes: de la cooperación entre los organismos policiales, la cooperación en materia de ciencia y técnica, el programa multilateral de seguridad nuclear, etc. Desde hace unos años se desarrolla un intenso diálogo energético. En mayo de 2005 fueron firmadas las hojas de ruta respecto a "cuatro espacios", las cuales - aunque no son más que cartas de intenciones y contienen demasiadas palabras de carácter general - trazan la orientación fundamental de nuestra cooperación.

Pero los años transcurridos han puesto de manifiesto los numerosos defectos que tiene el Convenio. Al abarcar oficialmente tres dominios: el de la economía, el de la política y el de la cultura, el Convenio dedica mucho menos atención a estos dos últimos. En el marco del diálogo político que se sostiene realmente se abordan numerosos temas que no se mencionan en el Convenio. Además, con la institución del Consejo Permanente de Partenariado ha cambiado el formato del Convenio. En materia de regulación del comercio, el Convenio copia muchos postulados del GATT (Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio) / OMC. A comienzos de los años 1990 ello era un progreso notable, pero dentro de un par de años, luego que Rusia ingrese en la Organización Mundial de Comercio, esta parte del Convenio perderá sentido.

Pero lo principal es que se ha vuelto obsoleto el objetivo fundamental proclamado: el de ayudarle a Rusia a realizar reformas económicas y políticas. Actualmente, las relaciones Rusia - UE descansan sobre el principio de cooperación entre dos consocios iguales en derechos y sobre la idea de una parcial integración en ciertos sectores en el marco de los "espacios comunes".

Debido al carácter obsoleto de la base jurídica, las relaciones Rusia - UE han adquirido el carácter de unos "ruidosos proyectos" declarativos y suscitan a menudo un duro regateo en torno a muchos problemas concretos. En esencia, el mecanismo de relaciones existente lleva a la reproducción de siempre nuevas crisis, tanto grandes como pequeñas.

Tal situación les conviene a aquellas fuerzas políticas de Europa que están interesadas en "demonizar" a Rusia, para ellas el único modo de fortalecer sus propias posiciones en la Unión Europa consiste en conservar la imagen de Rusia como un país impredecible y un potencial adversario.

La realización de la idea de elaborar un nuevo convenio, llamado a completar o sustituir el vigente, permitiría librarnos de ilusiones y trazar derroteros de una cooperación pragmática basada en valores si no comunes, por lo menos afines. Alegra el que la iniciativa de redactar el nuevo documento parta de Rusia. Ello es una señal de que para Moscú toca a su fin la época de "reaccionar ante los problemas que surgen" en el derrotero europeo.

Este es un momento ideal para iniciar un nuevo y enérgico debate sobre las perspectivas de nuestras relaciones con la UE. Los problemas que afronta actualmente la Unión Europea absorben la parte leonina de sus recursos. Por vez primera en la Historia contemporánea, Rusia ha obtenido la posibilidad de promover su iniciativa a los consocios europeos, elaborar su propia concepción del nuevo convenio y con ello hacer que en la agenda de las negociaciones queden reflejados los intereses de Rusia.

Rusia está interesada en mantener una pletórica cooperación estratégica con Europa, porque los europeos empujan a Rusia a proseguir la modernización económica y política. Tal posición de Europa a veces irrita, pero por otra parte ayuda a vencer la resistencia que todavía sigue oponiendo cierta parte de la sociedad rusa, incluidos los burócratas.

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