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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Violencia contra los escolares

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
domingo, 9 de octubre de 2005, 23:54 h (CET)
La escuela, lugar de reunión forzosa de la muchachada, se presenta como singular palestra para el combate en favor del respeto a la integridad física y mental del menor. Es por ello precisamente allí, en primer lugar, donde debiera intervenirse de forma tan completa como fulminante en este sentido.

El puteo escolar, al que últimamente llaman acoso y si se quiere ser pedante "bullying", parece ser objeto de un reciente y justo interés. Sin embargo, no por ello parece conveniente obviar otras graves forma de violencia que pueden detectarse y combatirse desde el medio escolar.

Tal como hemos podido saber por las reuniones del Seminario Internacional sobre Violencia y Escuela, celebradas en Valencia, puede argumentarse sesuda y tranquilamente, y buena falta hace, sobre la indigna crueldad de las colegialas que esperan a una compañera para arrancarle literalmente los pelos a la salida de las clases, sobre el matón psicópata que le arrea un bofetón a otro para exigir un penalty en el patio de la escuela, sobre la maestra que castiga persistentemente a sus pupilos sin recreo, o incluso sobre tiranía del niño mimado y caprichoso que se comporta desconsideradamente con todos los demás. De cualquier modo, lo que hace falta es intervenir eficazmente y sin dilación, algo impensable en estos tiempos tan dados a la reflexión.

Prueba, no obstante, de la vaciedad esencial de todo el discurso sobre la violencia que anega actualmente de forma recurrente todos los medios de comunicacion es la existencia de extensas parcelas prohibidas de las que parece que nunca se podrá hablar en absoluto, y menos todavía en los medios especializados en los que la correción política priva siempre por encima de la ética. En este mundo compartimentado en conspicuos cubículos cada vez más estrechos, nada han tenido nunca que decir psicólogos, ni maestras, junto al resto de especialistas habidos y por haber, sobre tiránicos comportamientos agresivos y objetivamente dañinos impuestos por la fuerza de las propias familias, como es la mutilación genital de menores. Por ello el debate sobre la violencia contra los menores no tiene otra categoria que la de un foro repugnante y consistentemente viciado. Una de las principales y peores agresiones infligidas de forma sistemática a los menores, queda así indirectamente consagrada inclusive por los paladines especialistas en la defensa del menor. ¿Puede pedirse mayor barbarie?

A cada uno, lo suyo. Hablemos pues, nosotros, por ejemplo, y hasta la saciedad sobre la abyecta circuncisión ritual de los niños practicada por mahometanos, hebreos y demás sangradores declarados de toda ralea. Sea.

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