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En Kazajstán no habrá revolución

Tatiana Stanovaya
Redacción
sábado, 8 de octubre de 2005, 02:38 h (CET)
El 4 de diciembre en Kazajstán se celebrarán las elecciones presidenciales. Este hecho de por sí les sirve de pretexto a los medios noticiosos para comentar la posibilidad de surgimiento de una "revolución naranja" más en el espacio postsoviético. Pero tales comentarios es lo único que el país tiene en común con Ucrania, Georgia y Kirguizia: en Kazajstán no existe una fuerza política capaz de promover alternativa real al actual presidente.

Cuando se habla de una "revolución de colores" siempre se comienza por el estado en que se encuentra la oposición. Para que ésta pueda obrar con eficacia es necesaria la confluencia de tres factores: el debilitamiento de la élite gobernante en cuanto a su popularidad entre el electorado y sus recursos administrativos, el carácter consolidado de la oposición que se expresa en su disposición a promover a un líder único y la existencia en ella de una competitiva idea "nacional". A juzgar por todo, la oposición kazaja no reúne ni uno de esos requisitos. Pero lo más importante consiste en que ella no puede ofrecer a la sociedad su "Yuschenko" o "Saakashvili". Además, queda muy poco tiempo hasta la fecha de las elecciones.

Pero el comienzo prometía mucho. En octubre de 2004, en Kazajstán se produjo un acontecimiento significativo: del equipo presidencial al campo de la oposición pasó el presidente del Mazhilis (parlamento), Zharmajan Tuyakbay. Lo que resultó ser una gran sorpresa para los analistas: hasta el año 2000, él se desempeñó como Fiscal General de Kazajstán, más tarde participó en las elecciones parlamentarias y, respaldado por el presidente, llegó a ser presidente del Mazhilis. En verano de 2004, Tuyakbay encabezó la lista del partido propresidencial "Otan" elaborada para participar en las elecciones parlamentarias del 19 de septiembre. Pero al cabo de poco tiempo, tras el escrutinio de los votos, Tuyakbay declaró que abandonaba su puesto de presidente del parlamento, deponía las facultades de diputado y abandonaba el partido.

Este viraje tan brusco en la trayectoria del tercer dignatario en el sistema de poder kazajo se debió a una causa banal: puesto que no estaba claro el futuro destino de Nursultan Nazarbaev (en aquel momento todavía no se sabía si él tenía el derecho a participar en las elecciones), dentro de la élite gobernante se intensificó la lucha por el poder. Hacia aquel momento, en Tuyakbay empezaron a prevalecer las ambiciones políticas, ya dejaba de atraerle el papel de una "locomotora" del "partido de poder", sin la perspectiva de obtener palpables dividendos después de las elecciones. Se supo también que Nazarbaev ya no lo veía a Tuyakbay en el puesto de presidente del nuevo parlamento, por lo cual el futuro líder de la oposición resultó ser simplemente uno de los políticos "ofendidos" y no solicitados en las nuevas condiciones.

Tuyakbay empezó a criticar mordazmente a las autoridades, y ésta fue su campaña de presentación ante la oposición. Hubo un factor que también influyó sobre la decisión tomada por él. En aquel entonces, a finales de 2004, en Ucrania se desarrollaba vertiginosamente la "revolución naranja", en este contexto resaltaba la semejanza que existía entre el ex presidente del Mazhilis y el ex primer ministro ucranio Victor Yuschenko. Tuyakbay durante su campaña electoral también esgrimía las consignas de la honestidad, la necesidad de democratizar el sistema político, crear condiciones iguales para todas las fuerzas políticas, etc.

En aquel momento realmente parecía que existía afinidad entre los destinos políticos de Ucrania y Kazajstán. Hasta surgió la idea de plantar en el país castaños ucranios como símbolo de una revolución "castaña" a la kazaja.

Pero en poco tiempo se hizo claro que la oposición kazaja no reunía las cualidades necesarias para organizar una revolución análoga a la ucrania. El bloque de las fuerzas democráticas "Por un Kazajstán justo", del que fue promovida la candidatura de Tuyakbay a la presidencia del país, no llegó a constituirse en una oposición consolidada. El crítico principal de las autoridades, el partido "Ak Zhol", ingresó en el bloque, pero con ello se produjo escisión en el propio partido. Una parte de sus activistas, con el oposicionista número uno Alijan Baimenov a la cabeza, decidió participar en las elecciones presidenciales independientemente , mientras que en el bloque quedó un clon de ese partido, llamado "El Ak Zhol auténtico". Inicialmente los comunistas también formaron parte del bloque, pero luego decidieron promover su propio candidato.

Los demás políticos registrados promovieron ellos mismos sus candidaturas y no pueden competir realmente con Nazarbaev.

O sea que la oposición está escindida, su actividad se basa en las ambiciones de determinadas figuras, para las que no se ha encontrado lugar entre la élite gobernante. Ellas difícilmente podrán ponerse de acuerdo entre sí. Además a la oposición le falta una idea atractiva para ofrecer a la sociedad como un vector alternativo de desarrollo del país, por ejemplo, como la de integración en Europa, promovida por Victor Yuschenko en Ucrania.

En Kazajstán tampoco existe división geográfica en Oeste - Este, como en Ucrania, o en Norte - Sur, como en Kirguizia. Nursultan Nazarbaev, siendo representante del "zhus " (tribu, históricamente) mayor (parte Sur del país), ha integrado armoniosamente en el poder a representantes de los "zhuses" medio (Este) y menor (Occidente), logrando un equilibrio estable.

Pero el golpe más fuerte a las perspectivas de estallido de una "revolución de colores" en Kazajstán lo ha asestado la crisis del poder que se vive actualmente en Ucrania. El exitoso desarrollo de las "revoluciones" en Georgia y Ucrania provocaba un colosal efecto psicológico que hacía creer en la posibilidad de llegar al poder por medio de presionar sobre las autoridades existentes con la ayuda de la "calle". Pero los frutos de tal presión ya se puede ver tanto en Kirguzia, donde el grupo que ha subido al poder está a borde de la escisión, como en Ucrania, donde la escisión ya se produjo.

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Tatiana Stanovaya es experta del Centro de Ingeniería Política, para RIA "Novosti".

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