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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

Obsesionados con el franquismo 32 años después de su fallecimiento

“La vida de los muertos pervive en la memoria de los vivos” Cicerón
Miguel Massanet
lunes, 18 de diciembre de 2017, 06:43 h (CET)

Resulta poco menos que incomprensible que esta izquierda irredenta a los 78 años de la finalización de la Guerra Civil española y a los 32 años de la muerte del general Franco, sigan insistiendo en su empeño de sacar a relucir lo que sucedió por aquel entonces, tergiversándolo, reescribiéndolo y adaptándolo a sus conveniencias políticas; de forma que, si las cosas hubieran sucedido como ellos intentan presentarlas, hubiera sido imposible que el movimiento nacional, con Franco o sin él, hubiera conseguido acabar con la II República y con sus ejércitos. La nefasta ley de La Memoria Histórica, fruto de la iniciativa del señor Rodríguez Zapatero y elaborada por antiguos izquierdistas que contribuyeron con sus dislates al desastre final del ejército republicano, es el clavo ardiente al que se agarran aquellos que, olvidándose de lo que fue la Historia, evitando referirse a la serie de crímenes cometidos bajo la II República y obviando la situación desastrosa a la que llevaron al país los sucesivos gobiernos republicamos, si salvamos al de Lerroux, torpedeado por el presidente de la república, don Niceto Alcala Zamora, un presidente que tuvo que ser improvisado por la derecha ante la amenaza y oposición de las izquierdas en contra del señor Gil Robles, el presidente de la CEDA; pretenden descargar todas las culpas en los generales que, ante tanta barbarie y desorden, decidieron acabar con aquella situación de caos que, evidentemente, nos hubiera llevado a los españoles a caer en manos del comunismo ruso, representado en España por el llamado Frente Popular ganador, con pucherazo incluido, de las elecciones de Febrero de 1936.


La ignorancia generalizada y la mala uva congénita de aquellos que todavía no han sido capaces de digerir el haber sido derrotados por el general Franco; hace que se confundan términos como fascismo, franquismo, militarismo o, incluso, el carlismo de los requetés (los seguidores del infante don Carlos Hugo de Borbón y Parma), ignorando las distintas tendencias representadas por cada uno de dichos grupos. En primer lugar identificar a Franco con el fascismo es tanto como ignorar profundamente las relaciones existentes entre el general Franco y José Antonio Primo de Rivera. En realidad no se entendían, aunque supieron limar sus diferencias (el asesinato de José Antonio por los “rojos” en la cárcel de Alicante, seguramente evitó futuros enfrentamientos entre ambas personalidades) para enfrentarse a la decadencia republicana. Lo mismo ocurrió con los requetés, en ocasiones bastante díscolos y reacios a aceptar el caudillaje de Franco, algo que él supo solucionar al obligar a que, ambos grupos paramilitares, se fusionaran en lo que fue la Falange Española Tradicionalistas y de las JONS. Hablar de Franco y del franquismo y pretender identificarlo con la Falange y el fascismo, es una más de las muestras de la más pura ignorancia de la que hacen gala estos políticos de la izquierda española.


Estamos cansados de escuchar, en esta campaña que se lleva a cabo entre los bloques independentistas y los defensores de la Constitución, que los que se han alzado en contra del orden constitucional y aquellos que los apoyan, esperando sacar partido de ello, como atribuyen al Gobierno español “El golpe de Estado” y el ataque a la “democracia catalana”, cuando la aplicación del 155 es precisamente el acto más legítimo y democrático ya que emana de la Constitución española y fue aprobada su aplicación siguiendo los procedimientos establecidos en la misma Carta Magna para darle la legitimidad necesaria, después de ser aprobado por las dos cámaras de representación popular. ¿Dónde, señor Puigdemont y demás secuaces independentistas, está el autoritarismo, la opresión, la falta de libertades, y la falta de diálogo a los que están continuamente aludiendo, en el comportamiento de quienes se oponen al separatismo catalán? Toda Europa ha reconocido a España como un país demócrata, con un gobierno libremente elegido por los españoles, una Constitución mayoritariamente votada por el pueblo, incluso el catalán, un Parlamento y un Senado en los que los representantes de los partidos, de acuerdo con la representación que han recibido de los españoles, exponen sus opiniones, elaboran leyes y solucionan sus diferencias desde sus respectivos escaños, siendo las mayorías las que determinan las decisiones finales sobre lo tratado. Democracia pura, de acuerdo con los más elementales principios de la ética y la libertad.


Cuando escuchamos a personas como Puigdemont. Rull, Forcadell, Junqueras etc. hablar de la falta de democracia del Gobierno español, de su negativa a “dialogar” sobre el tema de la independencia catalana o de la “ocupación” de Cataluña y la destitución de su “legítimo” gobierno, no podemos dar crédito a tamaña bellaquería, descaro, desvergüenza y mala fe. A nadie que se le explique la situación de España o a cualquier ciudadano de cualquier país del resto de Europa que se le diga que una parte, una región, un provincia o un länder, pretendiera desafiar al resto del país, sus instituciones, sus representantes políticos y su sistema judicial, intentando imponer al resto la obligación de acatar los deseos de una minoría, ni siquiera de toda la autonomía, para emanciparse de la nación y emprender la aventura de gobernarse por sí sola, cuando saben que no existe la posibilidad de financiarse, de integrarse en Europa y de mantener la libertad de comercio de la que gozan ahora al pertenecer a la nación española; para verse obligados a pagar aranceles, a usar pasaporte para viajar por el resto de Europa y a hacerse cargo de una deuda de unos 80.000 millones de euros de los que 52.000 corresponden a lo que le deben al Estado español y el resto a la deuda externa que han conseguido gracias al aval de España.


Decir que en España no existe una Justicia fiable o que nuestras cárceles no están a la altura del resto de las europeas o que no tenemos las mismas libertades que en el resto de la UE o que nuestra nación es una dictadura, porque hace 80 años tuvimos un régimen totalitario ( por cierto que consiguió sacar a España de los resultados desastrosos de la Guerra Civil y crear una Seguridad Social y una asistencia médica pública perfectamente homologables con cualquiera de las existentes en los países más avanzados como Francia o Alemania) no es más que intentar negar la evidencia y resulta evidente que, aquellos que usan semejantes recursos para intentar desestabilizar a nuestra nación o poner en entredicho la acción de nuestros gobiernos, necesitan inventarse, deformar, engañar o mentir descaradamente, para que quienes los escuchen se traguen semejante bazofia política. No obstante, una parte del pueblo español, aquella que todavía sigue anclada en un pasado de lucha de clases y que no comprende que sin inversiones, empresas, investigaciones, inversores, promotores o bancos que faciliten la financiación es imposible un desarrollo económico y la creación de nuevos puestos de trabajo (cada vez con más exigencias en cuanto a preparación) que, en definitiva, es lo único que consigue elevar el bienestar de la población en una economía libre de mercado.


Todos aquellos que sigan anclados en las viejas teorías de lucha de clases, los que piensen que encargándole al Estado el desarrollo económico, convirtiendo a la masa obrera en funcionarios y sin el acicate de la ambición por prosperar o conseguir nuevas metas los ciudadanos, se convierten en meros robots que se conforman con sobrevivir pero sin el aliciente de prosperar. Si hay algo tan preocupante para los españoles, que nos haga dudar de lo que va a ser de nuestro país en el futuro, es la evidencia que se desprende de las encuestas que se les hacen a nuestros jóvenes, de las que se desprende que, una mayoría de ellos, a lo que aspira es a trabajar en las administraciones, entrando en la categoría de funcionario, que tienen sus puestos asegurados para toda su vida, sin necesidad de esforzarse en mejorar y limitándose a acudir cada día a su puesto de trabajo para realizar la misma labor durante toda su vida laboral. Se ha demostrado lo obsoleto de estas formas de pensar cuando en países donde se ha venido aplicando la estatalización de la economía, sus resultados han sido francamente deplorables. Si no hay alicientes que influyan en los más inteligentes, los más trabajadores, los de mayor inventiva o los más hábiles, es evidente que no habrá progreso, innovación ni avances técnicos o científicos como se ha constatado en los buenos resultados de aquellos países en los que la iniciativa privada forma la base de sus economías.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, deberemos advertir a aquellos que se sientan tentados de caer en las redes independentistas o de este comunismo importado de Venezuela por los embaucadores de Podemos; que mediten antes de concederles su voto porque, detrás de lo que se nos oculta, de aquellos placebos que intentan que nos traguemos y de aquellas mentiras con las que pretenden falsificar la verdad de lo que está sucediendo en nuestra nación, existe una realidad innegable: nuestra pertenencia a la UE, que no va a permitir una nación dividida y menos dominada por un comunismo bolivariano; la necesidad de seguir endeudándonos para poder seguir gozando de aquellos beneficios sociales a los que nos hemos acostumbrados; la evidencia de que sin empresarios no existe progreso ni incremento de puestos de trabajo, porque nunca el Estado y su máquina burocrática consigue suplir a la iniciativa privada en conseguir crear riqueza en un país. Vean Venezuela o la misma Grecia que se han quedado en el furgón de cola en cuanto al nivel de vida de sus ciudadanos. La experiencia que nos proporciona el estudio de la historia pasada muestra, con claridad meridiana, que los países en los que se ha aplicado la receta comunista han acabado en la banco rota y con el empobrecimiento de sus ciudadanos.

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