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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Inmigración  

¿Inmigración sin filtros? La criminalidad se instala en España

“La inmigración ilegal es la crisis de nuestro país. Es una puerta abierta para las drogas, criminales y terroristas potenciales para entrar en nuestro país. Se está agotando nuestra economía, añadiendo los costes de nuestra justicia, la salud y los sistemas educativos.” Timothy Murphy
Miguel Massanet
sábado, 16 de diciembre de 2017, 13:01 h (CET)

El tema de la migración no deja de estar de actualidad. Existe migración desde el norte de África hacia España; la hay que viene volando en avión otra la que se nos otorga desde Europa en forma de cupos que, según se ha descubierto, ninguna nación los cumple,; la que viene de la América latina y la que nos viene desde los Balcanes, en este caso parece que con un componente especial de peligrosidad debido a que, muchos de los que vienen desde aquellos países, son viejos militares expertos en el manejo de armas y con pocos escrúpulos a la hora de manejarlas o de utilizar la brutalidad y crueldad con las víctimas de su codicia.


La izquierda se ha convertido en la tradicional defensora de que se conceda asilo a cualquiera que nos venga desde el extranjero, aunque sea procedente de países gobernados por los de su misma condición política, donde se hace imposible que, los ciudadanos de sus naciones, sean capaces de permanecer en las mismas bajo el yugo de sus dictaduras y el peso de sus economías estatalizadas, incapaces de conseguir que el pueblo sobre el que ejercen su tiranía salga de su miseria, mientras sus dirigentes se convierten en sus explotadores. En España tenemos grandes ejemplos de estos presuntos buenos samaritanos, que se convierten en defensores de las grandes avalanchas de inmigrantes como si, una nación como la nuestra, estuviera en condiciones de soportar el peso de una invasión de personas en la cual, indiscriminadamente, se mezclan personas en condiciones de trabajar, familiares, menores y niños a los que, cuando llegan a España se les ha de conceder el mismo trato que a los ciudadanos españoles y otros que sólo vienen a vegetar y convertirse en una carga inútil para los españoles.


Un informe de los autores del Anuario Cidob de la Inmigración 2017 (La inmigración bajo el ojo del huracán) asegura que, el año pasado, llegaron a España la cifra de 420.000 inmigrantes, un 22% superior a la del 2015 lo que supone “la progresiva vuelta a los patrones precrisis”. Auguran que volveremos a recibir “grandes volúmenes de inmigración” según vaya mejorando la situación económica en España. Durante la crisis, estos que parecen dispuestos a volver, se marcharon por falta de trabajo después de haber estado enviando grandes cantidades del dinero que obtenían en nuestra nación hacia sus países de origen. Muchos no se adaptan a nuestro modo de vida, otros no encuentran trabajo o eligen métodos más rentables para ganarse la vida ( mafias de drogas, blanqueo de capitales, trata de blancas, explotación sexual de las mujeres, robos, hurtos, picaresca y, algunos que no se conforman con ello y carecen de escrúpulos, han decidido emplear métodos más drásticos para aligerar el patrimonio de quienes los han acogido, usando armas y métodos crueles, asesinatos inclusive, para llevar a cabo sus prácticas delictivas).


Es evidente que, el utilizar el cebo de la caridad, el reclamo de la compasión hacia nuestros semejantes hundidos en la miseria por las guerras, dictadores, explotadores, esclavizadores y terroristas, es un buen medio para ganarse la simpatía de los ciudadanos. La señora Colau, esta misma que para conseguir votos del sector gay y lesbiano del país´, no ha dudado en atribuirse un pasado lésbico, fue la primera que se levantó en contra de poner trabas a la inmigración (no tuvo, sin embargo, ningún tipo de duda cuando decidió meterse en contra del turismo en Barcelona, iniciando una cruzada en contra de los hoteles y los cruceros que arribaban a Barcelona cargados de turistas, que se dejaban sus buenos dineros en restaurantes, bares, hoteles, excursiones y tiendas de la ciudad; argumentando que causaban molestias a los ciudadanos, las mismas que ahora causan las constantes invasiones de las calles por manifestaciones apoyando a los que intentan convertir a Cataluña en una nación independiente; algo que, seguramente, para ella, una activista revolucionaria, le debe parecer muy bien). Esta señora dijo que Barcelona tendría la puerta abierta y se recibiría con los brazos abiertos a todos cuantos inmigrantes quisieran entrar en ella. Sólo hace unos días salió una noticia en la que se criticaba las condiciones en las que mal vivían una serie de jóvenes inmigrantes acogidos y hacinados en alguno de los lugares donde se guarecen, por supuesto a cargo del Ayuntamiento barcelonés).


Pero los efectos de esta inmigración, sin ninguna clase de control, de esta invasión que entra por todas nuestras fronteras, la mayoría sin tener papeles legales oficiales para hacerlo, parece ser que no se ha querido valorar, no interesa resaltarlo o, no sabemos por qué clase de razones, prefiere ser silenciado. Vean ustedes los casos de maltrato por razón de sexo y comprueben cuántos de ellos se producen entre ciudadanos de otros países de los que vinieron hacia nuestra nación. Investiguen y comprobarán los componentes de todas estas bandas juveniles, que roban, atacan, hieren y maltratan a ciudadanos españoles o se dedican a batallar a tiros entre ellas, con evidente peligro e inquietud para quienes tienen la mala suerte de cruzarse con ellas.


Muchos de los que han llegado desde los Balcanes han entrado en España perfectamente organizados para delinquir. Viejos soldados que dejaron de luchar en sus países y, al no conseguir salir adelante en ellos, se han juntado para convertirse en peligrosas bandas dedicadas al robo con fuerza en chalets, domicilios, casas de campo etc. utilizando sin ninguna clase de contención, los peores métodos y torturas, cuando no el asesinato, para esquilmar de sus bienes a quienes tienen la mala suerte de convertirse en sus víctimas. Pero, como sucede cuando los maleantes tienen buenos resultados, los éxitos y el dinero que consiguen con sus delitos se conocen fuera de España y sirven de imán para que nuevas bandas se vengan a instalar (por un tiempo, hasta que consiguen enriquecerse para volverse a su país). Desde presuntos aspirantes al terrorismo islámico, a sujetos dispuestos a cualquier cosa para conseguir enriquecerse se vienen a instalarse en nuestro país para traficar con drogas, armas, mujeres, joyas, o cualesquiera otros objetos de los que consigan apoderarse que les proporcionen ganancias suficientes para colmar sus ambiciones sin que, para ello, les importe raptar, extorsionar, torturar, amenazar, chantajear e, incluso, asesinar si llega un momento en el que, para salir de una situación comprometida, se vean forzados a hacerlo o para dirimir sus propios problemas con otras bandas con las que compiten.


En los últimos tiempos ya son varios los casos en los que la violencia nos ha visitado a los ciudadanos españolas. Hace unos días un chileno con nacionalidad italiana, uno de estos sujetos dedicados a vivir sin hacer nada atribuyéndose, como suele suceder con tipos de esta calaña de rufianes, una autoridad cultural de la que carece, al que se le permitió ( no se sabe de qué truco se valió para que se le permitiese dar una conferencia en una universidad); un sujeto matón, conocido como Gregorio Lanza, un “angelito” al que se le permitió quedarse en España después de que cumplió condena por haber dejado inválido a un policía de una pedrada cuando se enfrentaba a las fuerzas del orden; ha vuelto a reincidir, esta vez matando a un hombre al que le propinó un golpe en la cabeza con una barra de hierro, simplemente porque no le gustó que la víctima llevara tirantes con los colores de la bandera nacional. ¡Un vil asesinato más, cometido por un individuo que nunca debió de haber llegado a suelo español! si existiera una criba que no permitiera que personas de su calaña pudieran venir impunemente a amenazar a los españoles.


Pero es que, ayer mismo, otro sujeto, Igor el Ruso, se cargó a tiros a una pareja de guardias civiles que estaban intentando registrar una casa en la que, un informador, había dicho que se escondía alguien. El informador y los dos guardias civiles pagaron con la muerte su celo en el trabajo. El sujeto huyó y fue arrestado unas horas después por un grupo especializado de la policía que salió de Barcelona en su busca y captura. Seguramente, si este sujeto que mató a dos miembros de la Benemérita hubiera cometido el mismo crimen con dos policías estadounidense, este señor no hubiera sido “capturado vivo”, porque no opuso resistencia alguna cuando se dio cuenta de que el resistirse le iba a costarle la vida. El garantismo de nuestra ley, el excesivo celo que la ley española tiene con los derechos de los delincuentes y la cantidad de trámites que entorpecen, en muchas ocasiones, el encarcelar a presuntos delincuentes; convierte a nuestra Justicia en una de las más lentas del mundo. Vean el caso de los señores Chaves y Griñán que ahora se les juzga por algo que sucedió hace siete años y de lo que apenas nadie se acuerda. La posibilidad de que, como advierte la juez Alaya, la instructora de aquel sumario, todo acabe en agua de borrajas se hace cada vez más evidente, a medida que el tiempo, que todo lo calma, ya ha permitido a los imputados pergeñarse una historia y, con toda seguridad, conseguir manipular pruebas que, si en su día se hubiera activado el procedimiento, no hubiera ocurrido.


Es posible que sea necesario admitir inmigración, incluso necesario, pero no de cualquier manera, sin un orden y unas comprobaciones que impidan que España se convirtiera en un país abierto a toda la delincuencia que nos quieran enviar del resto del mundo. La izquierda tiene sus razones y, por ello es partidaria de ir aceptando a todos los que lleguen reclamando ser admitidos en nuestra nación, porque saben que son votos para ellos debido a que una gran parte de todos estos que nos invaden se queda sin trabajo y ello, señores, es la fuente de donde se nutren Podemos, IU y los separatistas para conseguir sus propósitos de incrementar su poder.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos quejamos de que nuestro Gobierno se deje arrastrar por sus miedos a indisponerse con las izquierdas españolas. Es un gobierno en minoría que no ha sabido ejercer la autoridad ni cuando gozaron de una amplia mayoría que les hubiera permitido evitar que, nada de lo que está sucediendo en la actualidad, pudiera ocurrir. Preparémonos, pues, a convertirnos de nuevo en refugio de inmigrantes y recemos para que, los que regresen de nuevo al país, no sean de los mismos que nos abandonaron con las faltriqueras llenas de lo que nos robaron.

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