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Rusia-UE: Continuan las diveregencias pero ya no son una barrera

Alexey Makarkin
Redacción
viernes, 7 de octubre de 2005, 02:20 h (CET)
La reunión en la cumbre Rusia - UE celebrada en Londres no ha aportado resultados sensacionales. Entre las partes existen relaciones normales, bastante predecibles y hasta rutinarias en cierto sentido. Aunque a veces también en reuniones rutinarias se toman decisiones radicales, como ello sucedió, por ejemplo, el año pasado, cuando Europa aceptó el ingreso de Rusia en la OMC.

Esta vez en Londres se trató un tema de carácter "técnico": la actualización de la base jurídica de las relaciones mutuas, puesto que en 2007 expira el plazo inicial de diez años de la vigencia del convenio de cooperación entre Rusia y la UE.

Por supuesto, la redacción del nuevo convenio puede implicar dificultades. Pero no se debe ni exagerar ni minimizarlas, como en todo diálogo normal.

He aquí una: se dan largas a la firma del convenio sobre el régimen de visados más fácil para ciertas categorías de los ciudadanos de Rusia: los estudiantes, las personas que cursan el postgrado, los científicos, los integrantes de las delegaciones oficiales y las personalidades de la cultura. La parte rusa estaba preparada para firmarlo ya durante esta reunión en la cumbre. Pero los europeos, no. "Casi hemos llegado al acuerdo" en ciertos puntos, así lo comentan diplomáticos rusos.

Oficialmente, la posición de los europeos se explica por causas técnicas, pero en realidad se trata de una peculiaridad del funcionamiento de la UE. Para aprobar el proyecto de cualquier documento hace falta que los 25 Estados miembros de la UE ocupen una posición consolidada. Después de celebrar su reunión, los europeos le proponen a Rusia hacer concesiones ella. Pero ya nadie pone en tela de juicio la propia necesidad de hacer más fácil el régimen de visados. Se trata de firmar el respectivo convenio o hasta finales del año en curso o el año que viene.

Difieren también los enfoques ruso y europeo del problema del Cáucaso del Norte (el presidente del Gobierno de Gran Bretaña, país que preside la UE, Tony Blair, subrayó que en la reunión fue debatido el tema de Chechenia). Pero sería exagerado afirmar que las diferencias tienen un carácter polar, como ello era hace unos años. Los europeos acogen siempre más negativamente la actividad de los separatistas chechenos: después de los atentados cometidos por éstos en el centro teatral "Nord-Ost" y en Beslán, la mayoría de los políticos occidentales ya no ven en ellos a luchadores por la libertad. Occidente se muestra dispuesto a cooperar con aquellas fuerzas políticas y sociales que actúan legalmente en el Cáucaso del Norte. Pero el problema consiste en quién va a controlar la realización de los proyectos humanitarios: la parte rusa o la occidental. Conviene señalar que también en ello existe un acuerdo en cuanto a las acciones a desarrollar y que las divergencias - aunque existen - tienen de hecho un carácter secundario.

Durante la reunión se debatieron también problemas del diálogo energético. Rusia, en vísperas de su celebración, dio un paso importante en este sentido. Al estar en Bruselas, Vladimir Putin antes de partir a Londres manifestó que Rusia está interesada en que se amplíe el número de los participantes en el proyecto de construcción del Gasoducto de Europa del Norte (GEN), porque ello le comunicaría un carácter más estable y balanceado al proyecto. Actualmente, en su realización participan compañías de Rusia y Alemania. Según el presidente ruso, muestran interés también firmas francesas, británicas, holandesas y belgas.

El proyecto GEN resulta bastante atractivo para los países de la "Europa vieja" porque va a contribuir al aumento de la seguridad energética de Occidente. Una cosa son los envíos de gas de tránsito, vía varios Estados, y otra completamente distinta, por el fondo del mar Báltico. Es de señalar que el tránsito se realiza a través de Polonia, nueva miembra de la UE, y Ucrania, la que pretende formar parte de ésta. O sea que la nueva iniciativa rusa es capaz de provocar discordias entre los miembros viejos de la Unión Europea y los neófitos.

Pero los proyectos de gas concretos no se debaten en el marco del diálogo
Rusia - UE, pues forman parte de las relaciones bilaterales entre los países y de acuerdos entre compañías. Por ello existen fundamentos para suponer que la "Europa vieja", al respaldar a la "nueva" en lo político (por ejemplo, apoyó a la "revolución naranja" en Ucrania el año pasado), en materia económica va a defender sus propios intereses, sin infringir con ello los principios básicos de la UE.

Las relaciones entre Rusia y Europa tienen dos formatos. En el nivel bilateral, durante las negociaciones que Rusia sostiene con sus consocios tradicionales, tales como Francia y Alemania, los resultados positivos se obtienen más rápido que en el marco del complicado diálogo con la Unión Europea en su conjunto, en el cual hace falta considerar las posiciones de todos sus miembros. Pero todos reconocen la necesidad de sostener diálogo: Rusia no tiene planes de separarse de Occidente con un nuevo telón de acero, y Occidente a su vez quisiera ver en ella a una socia, pero no una contrincante impredecible.

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Alexey Makarkin es director general adjunto del Centro de Ingeniería Política, para RIA "Novosti".

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