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La difusión de Norberto Gil es bienvenida

Ya lo decía el famoso arquitecto La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de la felicidad
Nieves Fernández
miércoles, 13 de diciembre de 2017, 07:01 h (CET)
Un email equivocado, lo intentamos corregir, o enviar con decisión a la papelera virtual; un mail que enviamos y no sabemos adónde llegan si van equivocados, pero andan atrapados, como todos en el ángulo recto de Le Corbusier, en el poema del magnífico arquitecto, pintor, decorador, escultor y agitador cultural. En él se habla de fusiones y alquimias. Algo me dijo el escritor y pintor también de mezclas creativas, de Manzanares, José Fernández-Arroyo a la hora de escribir sobre arte y pintura. Y siempre que puedo le hago caso, como ahora con el creador llegado a mi pantalla, Norberto Gil, que ha expuesto recientemente en la sala Birimbao de Sevilla, aunque siga los pasos para zambullirse en los ángulos rectos de Le Corbusier, vive en Francia, como él lo hiciera, y se deja seducir por las líneas y las abstracciones o realidades geométricas. Y por el color.

Norberto Gil usa el color de forma explosiva, y a la línea le presta más color, es como si utilizara los ángulos de la obra del creador francosuizo para llevarnos a un mundo de acrílicos que no se perderán en el campo de la arquitectura, la pintura y el espacio entendido como solución, no precisamente de espacios gigantescos, sino de rincones coloristas y humanos motivadores para seguir creando. Cada cual en su rincón poético, en su cuarto de Virginia Wolf, en su Roquebrune-Cap Martin, como Le Corbusier, y con playa cercana, ya sea para morir un día nadando de forma prohibitiva. Un espacio necesario, austero y mínimo habitable. El creador no necesita más aunque la obra se haga local y universal a un tiempo. Una casa de campo, una cabaña, una casa en un árbol, un rincón luminoso u oscuro en un viejo sillón, una casa antigua de recuerdos, una casa nueva inexplicable. Todos los espacios pueden ser oro puro para el que crea o siente, para alejarse y alojarse de nuestro ángulo recto espiritual de creación. No se necesita más espacio, el mínimo habitable, y no se relaciona con el ego. Sólo un pequeño rincón que a todos asombra es lo que se añora para seguir creando. Norberto Gil lo busca, como todos, en los veintidós cuadros expuestos basados en un genio, a raíz de pedir explicación plástica y formal a Le Cabanon de Le Corbusier.

El colorido manda en esa arquitectura inspirada en la Costa Azul del creador del siglo XX y serán precisamente los azules, violetas, añiles, y fucsias, los tonos predominantes en el catálogo que Norberto Gil me envía y que disfruto.

Ya lo decía el famoso arquitecto La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de la felicidad. Cubos, cilindros y refugios para que Norberto Gil siga expresando la máquina de su vida. Me alegró recibir su email equivocado. Bienvenido.
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