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Los cazamasones


Sergio Cano


Créanme. Cada vez estoy más sorprendido por la pretenciosa manía que están teniendo ciertos personajes de recurrir a conceptos que en una España democrática se creían superados, tolerados o comprendidos. Y es que desde el 14-M algunos sectores afines al antiguo régimen (el mismo al que el pueblo español retiró su confianza mandándole a la oposición), están derivando hacia el uso diario de un lenguaje, cuando menos trasnochado y ciertamente surrealista. El objetivo: meter el miedo en el cuerpo al personal, esta vez volviendo a conjugar el batiburillo conceptual masonería = anticlericalismo = enemigos de España, al tiempo que intentar desautorizar la labor de un gobierno supuestamente lleno de masones, o sea, según los parámetros de pensamiento de estos señores, poco menos que unos criminales. Uno, perplejo, que aún cree en la validez del artículo 16 de la Constitución Española, considera esta deriva incriminatoria propia de la franquista Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, como demencial.

La masonería, ese espectro al que en otro tiempo se acudió para achacar los males de España se intenta volver a poner de moda. De eso se están encargando muchos, pero son el historiador preferido de la Fundación Francisco Franco Ricardo de la Cierva, César Vidal y el presunto historiador Pío Moa los abanderados de liderar el movimiento a favor de desenmascarar los masones del gobierno socialista. El punto de inflexión que ha impulsado a estas personas y a los medios desde los que catapultan sus acusaciones son al parecer las leyes anticlericales del gobierno de Zapatero, similares a las defendidas por la masonería de la II República. Para ello, no dudan en unir de la mano izquierda y masonería, obviando cualquier relación entre derecha y masonería, algo que no se corresponde con la realidad histórica ya que también ha habido muchos masones de derechas, los hay en el PP y los hay católicos practicantes. El primer paso fue vincular los ataques del 11-M a una confabulación masónica contra España (expresiones de otro tiempo y otros personajes trasladadas a hoy); después han venido los pasos de establecer árboles genealógicos de masones como los del presidente Zapatero, al que se acusa de que su abuelo fuese masón; después el de descubrir masones en el Gobierno, como según de la Cierva es el caso de Zapatero y el de los ministros Alonso y Bono, entre otros. Bajo el título de “Rodríguez Zapatero es masón” asevera Ricardo de la Cierva en el semanario ultracatólico Alba de mayo: «La política ferozmente anticristiana y anticatólica de Zapatero en temas como las relaciones con la Iglesia, el ‘matrimonio’ homosexual, la reforma educativa, etcétera, está dirigida a erradicar la influencia de la Iglesia en la sociedad. Eso es la masonería.». Este mismo personaje, inmerso aún hoy en día en la famosa Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo de 1940, en su papel de Cazamasones, tilda (acusa) ahora también de masón al Ministro de Defensa, José Bono.

La cuestión es que independientemente de que unos sean o no masones (vuelvo al artículo 16 de la Constitución Española), ciertos sectores extremistas a los que desde hace poco se les está dando cancha siguen empecinados en levantar el fantasma de la conspiración judeo-masónica que acecha a España.

La consecuencia: algunos están perdiendo el norte, el sentido del tiempo en el que están viviendo; otros, los políticos que arropan y patrocinan a estos personajes quedan automáticamente desautorizados para reivindicar eso que llaman centro o el verdadero liberalismo y eso que pretenden: hablar de futuro. ¿Qué ha quedado del centro-derecha, moderno, europeo que se pretendía construir en este país? Pues, si es que algo había, no ha quedado nada.

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Publicado el martes 4 de octubre de 2005 a las 02:09 horas.
 
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