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Etiquetas:   Las plumas y los tinteros   -   Sección:   Opinión

Homenaje a Juan Ramón Lodares

Daniel Tercero García
Daniel Tercero
miércoles, 5 de octubre de 2005, 01:18 h (CET)
La Asociación por la Tolerancia ha organizado el I Ciclo homenaje a Juan Ramón Lodares. Esta convocatoria se celebró el pasado fin de semana en tres aulas del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y reunió, alrededor de tres mesas redondas, a estudiosos de la lengua y diferentes profesores universitarios, así como a periodistas, como don Gregorio Salvador, José Polo, Aurelio Arteta, Albert Branchadell, Xavier Pericay, Ángel López García, Javier Orrico y Francisco Marcos Marín. Además, se pudo ver entre los asistentes al ciclo a personas de la relevancia de Arcadi Espada, Francesc de Carreras, Horacio Vázquez-Rial o Iván Tubau, casi todos ellos de radiante actualidad por ser los protagonistas del movimiento ciudadano Ciutadans de Catalunya.

Lodares, que falleció este año 2005, en abril, en un accidente de tráfico cuando volvía de El Escorial a Madrid tras apuntar sus últimas anotaciones para textos próximos, ya inacabados, fue el mejor discípulo de don Gregorio Salvador, actual vicedirector de la Real Academia Española. Este homenaje que se le dio en Barcelona, sin duda merecido al fallecido filólogo y profesor universitario, fue además, un foro de discusión y reflexión sobre las lenguas y las patrias, como bien hacía referencia el nombre del ciclo: “De Lenguas y Patrias”. Era, sin duda, la especialidad de Juan Ramón.

Autor de obras como El paraíso políglota, Lengua y Patria o Historia de las letras (esta última elaborada junto con don Gregorio), Lodares se convirtió en un auténtico hombre maduro de las letras. Sus escritos, publicó una infinidad de textos en los medios de masas y en revistas especializadas, son de lectura amena, periodística y con una armonía y ritmo perfectos. Supo atraer al lector todoterreno hacia la lingüística, rama siempre muy manipulable por el poder político. Echaremos de menos las discusiones, en ocasiones bizantinas, que con su prosa mantenía en los diarios de papel –o tradicionales- con lingüistas o periodistas que no mantenían las mismas tesis que él. Branchadell, profesor de una universidad catalana, fue uno de estos últimos y quiso estar presente en el acto, debatiendo como hacía con Juan Ramón en las páginas de El País, para defender sus posiciones contrarias radicalmente a las del homenajeado. Actitud, la de Branchadell, digna de respeto y elogio atreverse con un auditorio en su mayoría hostil.

Emotivas fueron las intervenciones de don Gregorio cuando narró cómo llegó a conocer a Juan Ramón, “allá, sentado en el aula, en los pupitres de la izquierda”. O cuando defendió y recordó, para concluir el acto, las tesis de Lodares plasmadas en sus libros y textos periodísticos sobre la confrontación de las lenguas y sus hablantes. Emotivas, también, fueron las palabras de Marcos Marín, exiliado voluntario de la “España calamitosa actual”, cuando narró con gran sentimiento cómo y por qué decidió marcharse como profesor de una universidad española para seguir estudiando y dando clases en San Antonio (Estados Unidos). Pero no menos atractivas fueron las intervenciones de Javier Orrico y Xavier Pericay, por ejemplo. Habituales ambos en la prensa escrita con columnas de opinión en La Opinión de Murcia y Abc, además de profesores conocedores de los problemas lingüísticos en las aulas de Cataluña.

Fue un acto como los que le gustaban a Juan Ramón Lodares, sobrio, sereno, intenso, reflexivo; en definitiva, un homenaje –el primero, espero, de muchos más- al que tan sólo faltó la complicidad de la prensa catalana. Será por las fechas, al coincidir con la aprobación del proyecto de nuevo estatuto para Cataluña –del que se ha desmarcado la asociación organizadora del homenaje-, o será por el buen tiempo que imperó en la ciudad condal, el hecho es que la prensa decidió no acudir al acto convocado por la Asociación por la Tolerancia demostrando una vez más que periodismo y poder político, en Cataluña, van de la mano.

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