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Etiquetas:   Crítica literaria  

Pedazos de realidad, trozos de vida

Herme Cerezo
Herme Cerezo
jueves, 17 de noviembre de 2005, 00:56 h (CET)
Los escritores son el bagaje de lo que leen. Y en los cuentos de “El peso en gramos de los colibríes” hay ecos cercanos de autores lejanos. Por ahí viene Carver, por allá asoma Roth (no Philip, sino Joseph) y algún otro que no detecto. Tal vez Tobías Wolff, tal vez Sam Shepard o el mismo John Cheever, al que Gonzalo Calcedo (Palencia, 1961) cita al principio del libro.En este sentido, el proceso creativo del palentino se perfila claro: recibe, asimila y transforma lo leído, lo escuchado y, luego, proyecta su propia voz en una hoja, en un papel, en una pantalla de ordenador.

Los nueve relatos transcurren en pocas horas, en momentos breves, con el detenimiento requerido, minuciosamente, con delicadeza, con el tempo justo. Son trozos de la vida corriente, protagonizados por personas corrientes, inmersos en el mundo corriente de los vendedores de pisos o de paquetes informáticos, de los abogados, de las amas de casa que, de modo altruista, ejercen la caridad, de los okupas, de mujeres separadas, de jardineros sospechosos. En cualquier momento, el propio autor o uno de los lectores, si se atreve, podría retomar el cuento y continuarlo, añadiendo cosas de su propia cosecha, sin modificar un ápice lo ya escrito. El paisaje discurre, indefinido, por la ciudad, por el campo, por urbanizaciones y pisos, por carreteras y abandonados galpones, a medio camino entre Europa y América.

Y hay algo que distingue estas historias de otras parecidas en las que el narrador actúa de un modo lineal, imperturbable, como el simple objetivo de una cámara de vídeo: Calcedo agradece al lector su atención con recompensas. Y no espera al final, lo hace con el relato ya mediado. Excepto en el último, “Polsky y Sara”, en los demás cuentos hay un momento álgido que desencadena la acción, que remueve el texto, que parece anunciar hechos futuros que, contra pronóstico, luego no ocurren. Y cuando eso sucede, cuando todo pasa, el autor prolonga un poco más la escritura y apaga la narración de un modo sosegado y suave. Es como el estallido de los fuegos artificiales, cuyas luces se sumergen, tácitamente, en el cielo.

Eso es lo que diferencia a Gonzalo Calcedo de otros cuentistas contemporáneos. Eso y su peculiar forma de adjetivar, que se mueve dentro de un barroquismo difícil de encasillar, sin olvidar la maestría en la elección de los nombres de los protagonistas, un monumento a la sonoridad y al buen gusto, ni la presencia de personajes secundarios admirables, como el jefe de estación jubilado que aparece en “El mago”.

Uno, en su limitada capacidad humana y económica, no puede leer todo lo que sale - ya le gustaría, ya -, pero tiene la impresión de que en el panorama literario castellano hay pocos ejemplares como Calcedo, cuya carrera viene trufada de galardones sin duda merecidos. “El peso en gramos ...” fue elegido como vencedor del XV Premio Tiflos de Cuento, concurso que la ONCE organiza cada año. Y algo tendrá Castilla para que de sus tierras, de sus gentes, hayan brotado y, según parece, brotan escritores de gama alta, de fama atesorada, de tecleo firme y constante. Delibes, Mateo Díez, Llamazares entre otros, son buena muestra de lo que digo.

Será interesante seguir la trayectoria de Gonzalo Calcedo Juanes, jalonada desde 1996 por obras como “Esperando al enemigo”, “Otras geografías”, “Liturgia de los ahogados”, “La madurez de las nubes”, “Apuntes del natural”, “La carga de la brigada ligera” y “La pesca con mosca”. A quienes se atrevan a leerle, les auguro una generosa ración de ratos agradables. Muy agradables. Seguro.

FICHA
"El peso en gramos de los colibríes"
Gonzalo Calcedo Juanes.
XV Premio Tiflos de Cuento.
Editorial Castalia. 2005.
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