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Estatutos y marroquíes

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 4 de octubre de 2005, 00:33 h (CET)
Se está celebrando en Cataluña con gran regocijo, con cierto asombro en la mayor parte de España, y con espíritu de complicidad en las áreas gubernamentales madrileñas, el estatuto aprobado por el Parlamento regional catalán. La Historia es elocuente a este respecto, y sólo quienes la ignoran, suelen ser reincidentes. La “charanga ibérica” no decae en dos de sus mayores estrépitos: el a modo, o manera, de parto de una “nación” (no se preocupe el columnista de La Vanguardia con su “Escolta, Espanya”; se oye, se oye... no hace falta gritar); y, los marroquíes preparando nuevas estrategias, por insinuación de la Unión Europea, ante los subsaharianos que se pasean por el país en busca de Melilla (la “puerta” de Europa), o de una frágil patera antes de que cambie a peor el tiempo. Últimamente debe añadirse, como verdadera traca, la integración del Ejército en la Guardia Civil al pie de la “valla”, pero, sin permiso de disparar (¿).

Las triquiñuelas urdidas entre la Moncloa y la Generalidad catalana no son públicas, si no, no serían subterfugios, rodeos, o arterías, para luego ser contadas por televisión con todo descaro. Cuando Rodríguez Zapatero contendía por ganar las elecciones, mucho debía necesitar el voto nacionalista catalán, pues llegó a empeñar su palabra –de político-, en que apoyaría el estatuto tal y como lo aprobase el Parlamento de Cataluña. Como “así ha de ser”, se han de ver auténticos “equilibrios en el alambre” durante los meses que vienen. Resulta divertido oír al socialista jefe de la oposición en la Asamblea madrileña, reticente de apoyar algo como este aparente intento de desmembración de España, teniendo que rascar votos a Esperanza Aguirre, a no tardar mucho, entre el electorado de la Comunidad de Madrid.

Congratulada esta ventilada columna con quienes en Cataluña, rebosen de alegría por lo conseguido, lamenta, a la vez, que el Presidente del Gobierno español, maestro del barullo, haya decidido “encauzar” el Estatut aprobado; resulta humillante que un castellano-leonés lo intente, o, ¿existe un “arreglo” previo?. Aunque, eso sí, parece ser que le preocupa más la parte del minucioso articulado referente a lo económico, que la terminología. Pero, el asunto de las “pelas” parece de lo más conspicuo, y lo más sobresaliente no ha quedado claro. Si bien, cómo hasta hoy, Carod tendrá la palabra; un “cazurro” aragonés con talento, y cuyo lenguaje resulta el más transparente de todos... ¡qué futuro gran “presidente” se perdió el reino de Aragón, cuando sus antepasados emigraron!

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